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I hate you. You hate me. That's all | Matthew.

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I hate you. You hate me. That's all | Matthew.

Mensaje por F. György Finkel el Miér Jun 18, 2014 1:32 am


Björn, vamos, apresúrate. — le dijo la pelirroja a su pequeño hermano, que acaba de cumplir doce años. Le observó detenidamente durante un par de segundos y reparó en una enorme mancha que tenía en su camiseta. Le tiró de los mofletes, ya que sabía que eso le molestaba y él puso los brazos en jarras. — ¿Por qué eres tan cochino cuando comes? — le preguntó, bromeando — Anda, ve arriba y cámbiate, duendecillo. — el pequeño obedeció a su hermana, más que nada para que le dejase tranquilo, y bajó en menos de cinco minutos con una camisa limpia. Ambos se despidieron de sus tíos y partieron al Callejón Diagon sin demasiada prisa.

Björn había recibido su carta para ingresar a Hogwarts, de modo que estaba completamente ansioso por tener una varita y  no quería que le acompañasen sus tíos a por ella. Él había optado por ir con su hermana mayor, ya que era la única que sabía cómo tratarle realmente y a la única que obedecía sin rechistar más de la cuenta. Gy le cuidaba como si fuese su propia madre, después de todo, más que sus tíos había sido ella misma quien le había criado pese a que no tuviesen demasiados años de diferencia. Björn había crecido sin madre y sin padre, por eso Györginna era para él lo más parecido a una mamá. No le importaba demasiado, de hecho estaba acostumbrado a ser huérfano. Su hermana a penas comprendía cómo el niño podía aceptarlo tan bien, pero quizás la diferencia estaba en que ella sí había alcanzado a vivir con sus padres y que su pérdida le afectó mucho más.  

Cuando por fin estuvieron en el Callejón Diagon, se dirigieron a Ollivanders y cruzaron lentamente el umbral de la puerta. Björn observó la estancia con los ojos bien abiertos, los cuales le brillaban de ilusión. — Buenos días señor — saludó la Gryffindor, con entusiasmo, esbozando una cálida sonrisa. Después le dedicó una mirada rápida a su hermano, que estaba entretenido comiendo un helado. Gy rodó los ojos y sacó un pañuelo, con el cual le limpió la boca que estaba completamente manchada de chocolate.
¡Györgyi para! Ya no soy pequeño — se quejó, dedicándole una mirada asesina.

"Ya no soy pequeño blablabla" — le imitó ella, burlándose. Björn le dio una patada y ella soltó un quejido. Acto seguido, el niño se echó a reír. Eran tan iguales que nadie dudaría que eran de la misma familia. — ¡Serás bruto! Anda acércate a por tu varita, enano — respondió, dándole una leve colleja. El niño avanzó después de sacarle la lengua.

Ella se apartó unos pasos hacia atrás y después comenzó a cotillear los artículos que había en la tienda. Recordó el primer día que ella estuvo allí y no pudo evitar sentir la misma ilusión que aquel día. De pronto, ensimismada, se giró y, sin darse cuenta, se dio de bruces contra el suelo porque había tropezado con alguien. Se levantó indignada pero dispuesta a disculparse, pues había sido culpa suya, pero entonces cayó en la cuenta de quién era y tensó la mandíbula. — Sabía que eras un poco estúpido, pero no sabía que fueses ciego. ¿Te importa mirar por dónde vas? Como puedes ver, es una tienda pequeña y la gente necesita su espacio, ¿comprendes lagartija? — Matthew Blackwood no era, ni por casualidad, uno de los buenos amigos de Györgyi. Es cierto que sentía curiosidad hacia él, pero no acostumbraban a tratarse de manera adecuada y, como ella era extremadamente impulsiva, no había podido evitar dirigirse hacia él de aquella manera tan poco cortés.
 
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Re: I hate you. You hate me. That's all | Matthew.

Mensaje por Matthew J. Blackwood el Jue Jun 19, 2014 6:28 am

Tan solo faltaban un par de días para ingresar al castillo, pero al moreno se le habían hecho interminables las vacaciones y estaba seguro que aquellos días serían aún más tortuosos de los que fueron los anteriores. No es que Matt fuese un ratón de biblioteca, aunque para muchos podría serlo, tan solo añoraba aquel lugar, el cual con el pasar de los años había tenido la facultad para, quizás, considerarlo su hogar, más allá de su propia casa o su propia familia. Es que el ojiazul tenía todo lo que necesitaba; soledad, conocimiento, secretos, pero por sobre todo diversión, aventura y sorpresa. Allí podía ser plenamente aquel chico cínico que siempre ha sido, dar una buena y correcta cara ante los profesores, pero lejos de ellos convertirse en aquel despreciable y malvado adolescente, el cual su diversión era proporcional al sufrimiento ajeno.

Por eso se encontraba allí, tan devoto como todos los días. El callejón Diagon se había vuelto su paseo frecuente, sintiendo que allí el tiempo pasaba más rápido, sintiendo en esas calles una semejanza, aunque sea lejana, al castillo que tanto extrañaba. Arregló su capa de viaje, elegante, de un color negro azabache con suaves líneas plateadas en sus bordes, bajo de esta una camisa con un cuello finamente liso y arreglado, que le otorgaba aquel aire de grandeza y clase que es tan característico en él. Ya llevaba un par de horas recorriendo tienda por tienda, tan solo observando los objetos que ofrecían, sin llegar a tocar ni comprar nada; paseaba por las calles, se detenía de vez en cuando frente a las grandes vitrinas, simplemente por el hecho de hacer pasar el tiempo; nada aquel día había sido distinto a los anteriores, nada fuera de su rutina, nada que le haya llamado la atención más de la cuenta. Al menos nada hasta que dobló en la esquina que daba a la antigua y modesta tienda de Ollivander.

Aquella cabellera pelirroja ondear en el viento con soltura, la piel blanquecina y aquellos ojos deslumbrantes de aquella leona que tantas veces ha tenido el desagrado de cruzarse. Aún recuerda el encontrón de la primera vez que cruzaron palabras, aún en su memoria han quedado guardado cada uno de sus encuentras, de sus conflictos, de sus peleas. ¿Amigos?, jamás lo serían, aún así ella tenía algo que simplemente llamaba la atención en demasía del moreno, quizás era la impecable soltura de las acciones de la muchacha, quizás la fiereza con la que defendía sus ideas y debatía las del Slytherin, quizás sea la innegable belleza que hacía deslumbrar a uno que otro macho en el castillo. No lo entendía, pero simplemente estaba allí. Sonrío con un dejo de diversión al ver el cómo se comportaba con su hermano, tan crío e inmaduro como ella y simplemente metió la manos en sus bolsillos, comenzando a caminar a paso lento hasta adentrarse con sigilo dentro de la pequeña tienda, sin que la pelirroja se percatase de su presencia.

Le dio la espalda y comenzó a observar los anticuados adornos del lugar, polvorientos, sucios, mirando de soslayo los movimientos de la leona, hasta que encontró el momento perfecto, cuando ella le daba la espalda, para ponerse detrás de ella, obstruyéndole el paso. Bastó tan solo una fracción de segundos para que ella se girase y chocara inevitablemente con él, cayendo al piso. El moreno simplemente sonrío con elegancia mientras Györgyi vomitaba todos aquellos insultos - Aún no sé si la estupidez es cuestión de casa, sangre o simplemente por enseñanza, aún así, conociéndote, diría que es la mezcla de las tres - Soltó mordaz, sin borrar aquella sonrisa de sus labios, siendo consciente en el fondo, que él mismo había buscando aquel encuentro - La única despistada eres tú, vamos cría, deja de perderte en cuentos de hada y preocúpate más en no quedar en ridículo chocando a la gente - Estiró su mano, en señal de que le ayudaría a levantarse - Aunque la verdad no te culpo, quizás haya sido a propósito, lo que no me sorprendería... siempre he sospechado de que te encantaría tirarte encima mío, ¿tan irresistible soy para ti? - Soltó una carcajada, baja, corta, sin mucha importancia - Siempre es un encanto el volver a verte - Murmuró con ironía.
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Re: I hate you. You hate me. That's all | Matthew.

Mensaje por F. György Finkel el Jue Jun 19, 2014 7:25 am



La pelirroja soltó una carcajada ronca cargada de ironía al escuchar las palabras mordaces del Slytherin. No le molestaban en absoluto, pero tampoco era partidaria de tener que soportarle. Suficiente tenía con aguantar a su prima todo los días como para tener que escucharle a él también en sus últimos días de vacaciones. Tenía todo un año para incordiarla, ¿tan complicado le resultaba no molestarla en lo que quedaba de verano? Ni siquiera le prestó demasiada atención a sus palabras, pero hubo una frase que llamó su atención y no pudo evitar responderle porque para ella sonó muy gracioso, por no decir absurdo. Se sacudió la ropa, quitando los restos de polvo que habían quedado impregnados en su falda al caer al suelo y, después, se dignó a responder. —   ¿Irresistible? No, querido, no. Para mi eres lo más parecido a un excremento de vaca que puedo encontrar por aquí, así que dudo que tú pudieras resultarme irresistible. —  le dio un par de golpecitos en el hombro, en señal de que dejase de emocionarse. —   Para mi sería un verdadero placer que apartases tu precioso trasero de mi camino, como puedes ver — señaló a su hermano menor —   estoy algo ocupada.

Le apartó con un brazo, dispuesta a ignorarle y se acercó hacia Björn con una amplia sonrisa. El pequeño ya tenía su varita entre las manos, de modo que estaba más que contento y con muchas ganas de aprender a utilizarla. — ¡Ey! Es muy bonita. —  le dijo, revolviéndole el pelo, como solía hacer. El jovencito enarcó una ceja, observando al Slytherin. Arrugó la nariz, disgustado, al darse cuenta de que Gy había estado hablando con él.

¿Y ese tío con cara de amargado quién es y por qué no deja de mirarnos? —  le preguntó a su hermana, sin preocuparse en disimular para no ser escuchado. Podría hasta decirse que habló más alto de lo normal, probablemente para llamar la atención de los presentes porque algo malvado se le había pasado por esa cabecita pelirroja.  Si tenía algo en común con ella, era que no le importaba lo más mínimo decir lo que pensaba y, mucho menos, le preocupaba lo que los demás pudiesen opinar al respecto. Györgyi se mordió la lengua y rió entre dientes.

Es la persona a la que no me gustaría que te parecieras nunca. ¿Quieres conocerle? —  ambos hermanos se miraron con cierta complicidad y se acercaron hacia Matthew, con unas intenciones más que peligrosas, lo cual pudo notarse en la expresión sumamente cordial que sus rostros dibujaron. Todo el mundo era consciente de que si existía un niño de doce años que se apellidase Finkel no podía significar nada bueno. — Lagartija bonita, mi hermanito Björn quiere conocerte. Sé amable y preséntate. — el niño sonrió pícaro y le extendió la mano. Gy no estaba demasiado segura de cómo reaccionaría Matthew, de hecho deseó que no le correspondiese el saludo y que pudiesen largarse de allí sin tener que perder el tiempo con algún otro comentario estúpido.
 
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Re: I hate you. You hate me. That's all | Matthew.

Mensaje por Matthew J. Blackwood el Jue Jun 19, 2014 9:37 am

Se esperaba aquel tipo de reacción, aquella carcajada ronca se le hacía si no típica, muy conocida. Es que a pesar de que casi no se soportaran el uno con el otro, siempre existía una ocasión, un momento en el que se encontraban; aunque en aquello no habría problema, el problema era que jamás han podido ignorarse... no había ocasión en la cual uno u otro comenzaba el pique con aquellos comentarios mordaces tan típicos en ellos. A Matt le divertía aquello, lo divertía más de la cuenta, siempre le ha encantado las situaciones conflictivas y si en su camino se cruzaba la pelirroja, el conflicto era seguro. Rió inevitablemente ante su comentario, infantil, inmadura, carente de todo sentido - Es impresionante, en cada palabra que sale de esa pequeña boca carmesí me confirma que la inteligencia no es tu punto fuerte - Se sacudió el lugar en donde le había golpeteado, con una mueca de asco; simple altanería - Aunque vamos, no te desanimes, seguro que convences a un buen par con esos ojos y pasan por alto el tema de la palabrería - Y en eso no mentía, a pesar de que la frase fuese en un sentido más irónico, más mordaz, en el fondo existía un halago entre lineas; la debilidad del moreno son los ojos y ella tenía uno de los más lindos que él haya visto.

Se giró siguiendo el paso a la leona, observando como el crío de su hermano sostenía su nueva varita entre las manos. Por un momento recordó cuando él estuvo en la misma situación, su primera visita a Ollivander, su primera varita, la emoción, el poder y la grandeza que había sentido teniendo aquel trozo de madera en sus manos. A pesar de ser un ente más bien frío, con una mirada muchas veces perdidas o cruel, él también se emocionaba con las pequeñas cosas de la vida, aunque claro, esas cosas que le emocionan son muy distintas a las del resto. El comentario del pequeño no le sorprendió en lo absoluto, después de todo la manzana no cae muy lejos del árbol, es una regla general. Ahora se convencía, la estupidez venía de familia. Observó la mano estirada del muchacho y dudó por un momento, los críos siempre le han dado mala espina, pero aún si era una Finkel, pero finalmente sonrío e hizo gala de aquel cinismo que tanto le caracterizaba, ¿ella quería que se comportaba?, entonces la sorprendería - Matthew Blackwood - Se acunclilló para quedar a la altura y estrechó la mano del hermano menor de la chica - Aunque puedes decirme Matt - Su mirada se desvió hacia la varita desenfundada del niño, que aún traía en sus manos - Bonita, ¿qué núcleo lleva? - Arqueó la ceja, fingiendo interés, cuando en el fondo le valía mierda aquello; alzó la vista levemente, para mirar de soslayo a Györgyi, con un marcado dejo de diversión en su rostro.


Última edición por Matthew J. Blackwood el Jue Jun 19, 2014 10:42 am, editado 2 veces
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Re: I hate you. You hate me. That's all | Matthew.

Mensaje por F. György Finkel el Jue Jun 19, 2014 10:17 am



No hace falta ser demasiado inteligente como para darse cuenta de que la inmadurez de Györgyi era pura fachada y que, muy en el fondo, le gustaba de sobremanera discutir con cualquiera que se ofreciese partidario para armar un escándalo o para simplemente dedicarle un par de palabras poco agradables. Era una salvaje, pero desde que tenía uso de razón había sido de aquel modo. Su espíritu era rebelde, y no solía tener muy buenas formas y no precisamente porque no supiera cómo comportarse. Era inteligente, pero para ella era mejor opción hacerse la tonta. Le resultaba muy complicado no responder de manera estúpida a comentarios ridículos. La mayoría de los insultos y ofensas no conseguían hacerle ningún daño, pero todo dependía de la boca de la que proviniesen dichas palabras. Y no, los vocablos venenosos de Matthew Blackwood no la herían en absoluto. Por el contrario, le causaban gracia.

Las apariencias engañan, Blackwood. — le guiñó un ojo, con cierta picardía. Después centró su atención en el menor de los Finkel en cuanto el Slytherin le correspondió, para sorpresa de la Gryffindor, el saludo.

¿Tú molestas a mi hermana?  — preguntó serio el pequeño, entrecerrando los ojos e ignorando las preguntas que le había formulado. Gy alzó una ceja y le fulminó con la mirada, incrédula.  — Te lo advierto, Blackwood, ten cuidado con los Finkel. — Györgyi miró a Matthew y se rió entre dientes. Quién lo diría, Björn Finkel, de apenas doce años de edad, estaba amenazando a un chico que era mucho mayor que él. La situación resultó bastante cómica, pero hubo un breve silencio muy, pero que muy, tenso. La risa forzada de la pelirroja rompió el hielo.

Eh, enano, relájate. Él es un amigo, ya sabes. — comentó, con cinismo, abrazando a su hermano. Björn sabía que no se llevaban bien, o al menos lo había deducido. Era pequeño, pero no idiota.  Entonces Györgyi sonrió con cierta malicia, había tenido una gran idea.  — ¿Te apetece venir a tomar un helado con nosotros, Matt? Creo que a Björn le hará ilusión que vengas a acompañarnos   — y así es como la Gryffindor le metió en un compromiso.  El niño sonrió con un exagerado sarcasmo y la situación se volvió más cómica de lo que ya era anteriormente. Donde las dan, las toman. Y si Matthew era tan valiente como presumía, que lo demostrase atreviéndose a soportar a dos de los Finkel juntos durante una tarde. Gy procuró que sonase como un desafío, como un reto para el ojiazul.
 
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Re: I hate you. You hate me. That's all | Matthew.

Mensaje por Matthew J. Blackwood el Jue Jun 19, 2014 10:39 am



La respuesta no se hizo esperar, con una dureza sorprendente a pesar de tener tan corta edad. Matt sonrió de costado, buscando parecer calmado hacia el exterior, pero los ojos del Slytherin brillaron llenos de fuego; nadie se metía con él, menos un crío de poca monta como aquel. Fácilmente podría haberlo cogido del cuello, levantarlo, estrellarle contra la pared y darle una de esas golpizas épicas que dejan al afectado sin ningún ánimo de volver a cruzarse con el atacante, por simple miedo a que se vuelve a repetir. Pero tenía que comportarse, no se dejaría llevar por la simple provocación de un crío y menos aún destruiría aquella espléndida imagen que se había encargado de forjar con las autoridades. Observó a su costado, la tienda comenzaba a llenarse de padres e hijos felices, ansiosos de obtener su primera varita. No era el momento, tampoco el lugar - Pequeño, lo tengo más que claro, después de todo tu hermana es una fiera, vamos, ¿cómo sería capaz de molestarle o ir en su contra? - Irguió su cuerpo, poniéndose nuevamente de pie y revolvió el cabello al niño. 

El jamás se comportaba así, de hecho odiaba hacerlo, pero en el fondo, una pizca de diversión encontraba ante aquella situación. Observó las ropas sucias del crío y retiró de inmediato la mano del cabello, camuflando el asco que le daba - Así es, tú hermana y yo nos adoramos desde que pusimos un pie en el mismo vagón, si es un amor de persona - Le estiró el cachete a la pelirroja, no pudiendo evitar la carcajada que salía por su garganta, vamos, después de todo podría ser hasta divertido todo aquello. Pero la carcajada desapareció ante aquella propuesta, que más que propuesta parecía un desafío. Fijó sus ojos azules en los de la leona, serio, esperando que ante esas palabras siguieran un "era broma" o "uff, que tarde es", pero nada. De esa boca no salio ninguna palabra. Chasqueó la lengua y carraspeó - Sería un placer, Gy - Y dibujó una sonrisa en sus labios, que pareció más una mueca que cualquier cosa. Se puso de lado frente a la pelirroja y estiró su brazo, ofreciéndoselo - Después de ti, cariño - La última palabra salio casi como un insulto de su boca.



Última edición por Matthew J. Blackwood el Jue Jun 19, 2014 11:15 am, editado 1 vez
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Re: I hate you. You hate me. That's all | Matthew.

Mensaje por F. György Finkel el Jue Jun 19, 2014 11:10 am



Györgyi rechinó los dientes cuando observó que la mano de Matthew se dirigía hacia el pelirrojo cabello del menor de los Finkel. Le dedicó una mirada al Slytherin a modo de advertencia, dándole a entender que si no quería tener problemas más le valía no volver a toquetear a su hermano. Es más, sabía que hacerlo le había causado hasta nauseas, así que, si no lo volvía a repetir, sería un bien común. Björn formó una mueca de desesperación y apartó la cabeza en señal de 'no me toques que me abrumas con tanta pureza' - nótese el sarcasmo.  — No me toques — farfulló el crío entre dientes. La proposición de la joven Gryffindor había sido todo un éxito y, para sus adentros, admitió que Blackwood tenía mucho valor al atreverse a pasar una feliz tarde con ambos hermanos.  — Si querías mirarme el culo, mi vida,  podías haber sido más sutil — murmuró ella, cuando pasó delante de él con sarcasmo. El niño dejó pasar a Matthew antes, haciéndole la zancadilla, pero no llegó a caerse. Cuando Gy salió hacia el exterior, le guiñó un ojo a Björn sin que su tercer acompañante se diese cuenta del gesto. Ellos se comunicaban de aquel modo y se entendían. El enano ya sabía qué debía hacer durante toda la tarde y era molestar.

Avanzaron por las calles hasta una heladería, mientras el pelirrojo le tiraba de la capa al mago. Ella se limitaba a reírse de vez en cuando y a pavonearse frente al joven Blackwood, ya que debía contenerse y no podía hacerle nada al molesto y travieso infante. — Póngame, por favor, dos helados de fresa y chocolate y....Lo que quiera él. — señaló a Matthew mientras hablaba con la elfa que les estaba atendiendo, esperando a que hiciera su pedido. — Paga él. — añadió Björn cuando recibió el dulce en sus manos. Gy no murmuró ni una sola palabra, de manera que refutó lo que acababa de decir.  Se sentaron en una de las mesas y la ojiazul procuró que su hermano se sentase lejos del lagarto. — Ven, échate hacia aquí, que no podemos contagiarle de nuestra mugre, recuérdalo. — le dijo, burlona, a la vez que miraba al elegante chico que disfrutaba de su agradable compañía. — Cuéntale, querido, cómo nos conocimos — una pullita más a la colección. Iba a ser un gran día.

 
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Re: I hate you. You hate me. That's all | Matthew.

Mensaje por Matthew J. Blackwood el Jue Jun 19, 2014 11:45 am



Y aquí comenzaba el show, el moreno se había metido en la boca del lobo y lo tenía más que claro. Conocía a la pelirroja y sabía exactamente lo que se traía en mente, ocupar a su hermano pequeño... bajo, pero efectivo a fin de cuentas. Después de todo no eran tan distintos el uno del otro - No hace falta, te lo veo a diario... bendito sean las ráfagas de viento del castillo - Respondió en una mezcla de ironía y diversión, intentado bromear y continuar aquella actuación que ya había comenzado, de modo que era incapaz de dar el paso atrás; aunque la verdad, tampoco sería un gran descaro decir que jamás se fijó más de la cuenta en las curvas de la pelirroja. La dejó pasar, asfixiándose con aquel aire de seguridad y diversión que expelía la leona y el moreno sonrió para sus adentros. Ella quería jugar, él jugaría. Matt la siguió a paso calmado, prediciendo la acción del crío y poniendo firme sus pies, provocando que ante la zancadilla el que se desbalanceara fuera otro y no él - Al parecer es de familia eso de andarse cruzando en el camino del otro y salir perdiendo - Murmuró gamberro ignorando al crío y llevando las manos a sus bolsillos para caminar con aire de despreocupación hacia la heladería.

La calma no duró mucho, el crío volvió a atacar y esta vez dándole tirones a la capa. Joder, era insoportable el enano; el moreno cada vez se tentaba más a darle una patada para que lo dejase tranquilo, es que el menor de los Finkel se asemejaba a esos perros enanos, que ladran y ladran, se lanzan a morderte los talones y no te dejan en paz en ningún segundo. El camino fue tortuoso, pero al fin habían llegado, provocando que el sucio enano corriera a estampar la cabeza contra la heladera - Nada para mi - Replicó casi al instante en la pelirroja abrió la boca, no es que no le gustara el helado, es el simple hecho en que no se veía compartiendo comida junto a ellos. Sacó de su bolsillo los galeones correspondientes y pagó a sus invitados, no le molestaba hacerlo, el dinero le sobraba, además... debía continuar así, ya llegará el momento de dar la estocada. Se sentó junto a Gy y sonrió ante sus palabras, ignorando por completo en comentario anterior, porque sí, el crío le parecía extremadamente mugriento - Oh, cada vez que lo recuerdo me emociono - Murmuró acomodando sus antebrazos sobre la mesa - Fue en primer año, el día en el cual entramos por primera vez al expresso de Hogwarts... como verás, enano - Dirigió su vista al menor, que en esos momentos ya se encontraba completamente lleno de helado - Tu hermana era una pequeña niña de piel blanquecina, abultado y largo cabello rojo, con una mirada inocente y frágil, pero que a la vez deslumbraba con la intensidad de aquel color y las pecas en su mejilla le daban un toque de dulzura innegable - Se dejó caer hacia atrás, apoyando la espalda en el respaldo de la silla y sonrió satisfecho a medida que las palabras fueron saliendo de su boca, una que otra marcada con ironía, pero era casi imperceptible - Ella se encontraba a solas en un vagón, balanceando sus pequeños pies que no llegaban a tocar el suelo; entonces entré a hacerle compañía - Dirigió la mirada a la pelirroja - ¡Pero vamos! me estoy llevando toda la historia, ¿por qué no continúas tú, dulzura?

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Re: I hate you. You hate me. That's all | Matthew.

Mensaje por F. György Finkel el Jue Jun 19, 2014 12:29 pm



Tanto cinismo, tanta hipocresía y tanta farsa eran cuestiones que no le agradaban lo más mínimo a la leona, o por lo menos no le habrían agradado de verse sometida a otra situación. En ese momento, todo aquel circo que habían montado en cuestión de minutos, le resultaba un asunto muy entretenido a la par que divertido, digno de ser recordado durante el resto de los días que tuviesen que cruzarse. Gy consideró que deberían recibir un premio a la mejor actuación del año. Hasta su hermano menor estaba actuando. Ni siquiera comprendía cómo podía habérsele pasado por la cabeza retar al Slytherin. Pero, lo que más extraño le parecía, es que él hubiera aceptado el desafío. Bueno, en parte le parecía extraño, pero por otro lado no. Le conocía lo suficiente como para saber que no le agradaba perder y mucho menos le gustaba que alguien impuro quedase por encima de él, a pesar de que aceptando aquello supiera que Gy tenía el control completo de la situación. Y más teniendo en cuenta de que Björn Finkel podía llegar a ser todo un terremoto. En realidad, era un buen niño y se portaba muy bien, pero, si la situación lo requería, podía llegar a ser extremadamente irritante. Sí, con Györginna. Exáctamente igual que ella.

Y es que ambos eran dos gotas de agua, tanto físicamente como en carácter. No había nadie más en toda su familia que fuese tan igual a ella, y eso que tenía primos y tíos y más primos y más tíos y hermanos y...Si se ponía a pensar y a contar cuántos miembros había en su familia, posiblemente no acabase nunca la cuenta. Es más, había nombres que ni recordaba.

Oh vaya, mira Björn, mi querida culebra se emociona. Creo que voy a llorar yo también, ten cuidado Matt, que se te corre el rímel. — tan teatrera como siempre, fingió un par de lágrimas de cocodrilo. Björn se río divertido y quiso continuar escuchando aquella historia falsa que le estaban contando. Sabía perfectamente que todo era puro cuento, pero estaba entretenido y se lo estaba pasando muy bien. Había hecho bien en decidir ir a por su varita acompañado de su hermana, sus idioteces le parecían inigualables. Consideraba aquello mucho mejor que ir a una sesión de dos horas de cine. — De acuerdo, continuaré yo. — carraspeó durante unos segundos, dando rienda suelta a su imaginación — El simpático y apuesto hijo de los Blackwood entró al vagón dónde yo me encontraba, con una cálida y radiante sonrisa que iluminó la estancia...¡Y boom! De pronto se tropezó y se cayó de bruces, así — simuló la caída con sus manos — y, por eso, pequeñín, tiene la cara así. ¿A que es bonita la historia? Una lástima que un rostro tan bello se transformase en...En bueno, en esto que ves. — le estiró del moflete a Matthew como había hecho él anteriormente y se echó a reír de manera descarada. En el fondo, muy en el fondo, le caía bien.

 
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Re: I hate you. You hate me. That's all | Matthew.

Mensaje por Matthew J. Blackwood el Jue Jun 19, 2014 1:07 pm



Los dedos del moreno comenzaron a golpetear levemente la punta de la mesa. Aunque la situación era divertida, ya se estaba comenzando a cabrear con todo, con el apestoso crío, con los comentarios mordaces de la pelirroja. Él ojiazul no era de soportar mucho, menos aún era de aquellos que callaban y dejaban ser... sabía perfectamente que si la situación se ponía incómoda y lo sacaban lo suficiente de sus casillas él no se controlaría y que allí quedaría la grande. Nada podía hacer un crío contra él - Oh, no te preocupes, el día de hoy no llevo puesto, aunque si me pides mi más sincera opinión, como amigo, a ti te hace falta un poco, ya sabes... hay muchos que se espantan con tu rostro, podrías hacerle un bien al mundo - Replicó, más infantil que nada, los argumentos y las escapadas astutas que tenía el Slytherin se le iban escapando de la mano; la razón no era porque no tuviera más ideas, sino porque en esos momentos no era muy capaz de razonar; la sangre le estaba comenzando a hervir y ahora solo dependía de su fuerza de voluntad para no perder el control. Matt era fácil de provocar, lo cual era peligroso, incluso para él mismo - Es verdad... aquella sonrisa, tan radiante me cegó, obligándome a cerrar los ojos y tropezar con el baúl de tu hermana, lo que provocó que cayera sobre ella... - Sonrío divertido - Y bueno... como comprenderás tu hermana es una descarada e intentó besarme, en mi intento de escapatoria me quedó el rostro así - Asintió un par de veces - Luego la perdoné cuando me di cuenta de que iba de chico en chico, colándose en sus habitaciones, encerrándose en los armarios, quitándose la ropa en el centro del comedor o en los partidos de Quidditch - Golpeteo suavemente la espalda de la pelirroja - Desde allí que somos buenos amigos


Observó con algo de hastío como el niño aún no terminaba su helado, de hecho, la pelirroja casi ni había tocado el suyo. ¿Cuanto más tendría que soportar aquel par?, estar junto a la pelirroja no le molestaba, pero el crío era otra cosa... a Matt jamás le han gustado los niños, menos aún los niños como él - ¿Sabes? - Comenzó nuevamente, al menos si aún le quedaban tortuosas horas, evitando que salga su demonio interior, aprovecharía un poco el tiempo para joder a sus acompañantes - En el último tiempo me he dado cuenta de que tu hermana se ve increíblemente guapa con el sombrero de de bruja - Sonrió mordaz y le arrebató el cono de helado a la leona, realizando un rápido y ágil movimiento, buscando no darle tiempo de reaccionar y estampó todo el helado en el cabello de la pelirroja, dejando el cono con la punta apuntando hacia arriba, cuán sombrero - ¿Ves?, un encanto de mujer, por eso mismo tiene un buen par en Hogwarts detrás de ella - Se cruzó de brazos, satisfecho y volvió a apoyar su espalda contra el respaldo de la silla - Aunque ella no se conforme solo con uno... - Murmuró divertido y le guiñó un ojo al pequeño, aunque en el fondo se lo hacía a sí mismo. Al menos aquella sería una imagen que recordaría por un buen tiempo. La pelirroja allí, con el helado por todo el cabello, mientras las gotas de éste se encargaban de manchar sus ropajes.

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Re: I hate you. You hate me. That's all | Matthew.

Mensaje por F. György Finkel el Jue Jun 19, 2014 1:35 pm


La paciencia del moreno comenzaba a agotarse a medida que Györgyi avanzaba en su relato y ella estaba dándose cuenta, de modo que decidió continuar para provocarlo más aún. Estaba jugando con fuego, pero ya había comenzado y no tenía pensado parar. No obstante, cuando la voz de Matthew sonó de nuevo, no creyó que fuese capaz de decir lo que estaba diciendo.  — Björn, no le hagas caso, el pobre tiene fiebre, ya sabes. Tiene problemas...Ahí, en la colita. Por eso tiene que inventarse cosas, para superar su complejo.  — el niño asintió, instándola a continuar , ahora sí, intrigado  — Yo no le besé, el se imaginó que quise hacerlo porque en realidad me ama pero nuestro amor es más que imposible, ya sabes, su familia no le permitiría acercarse a una impura como yo. Pero debes saber que el sueña cada noche conmigo y que desearía tenerte como cuñado.

De pronto una fría sensación le recorrió la espalda, provocando que irguiese el cuerpo. Fantástico, más que fantástico. Si no lo mataba era porque no era el momento ni el lugar. El helado de fresa comenzó a resbalar por el cabello pelirrojo de la muchacha, que a penas había alcanzado a reaccionar ante el ataque. Si lo hubiera visto venir, ese helado habría acabado en el rostro del moreno y no en el suyo. Suspiró y dejó de pensar, impulsiva y salvaje. De un momento a otro, Björn le tiró su dulce al Slytherin, en venganza por haberle hecho a su hermana a pesar de que se había reído como un poseso al verlo. Gy, por su parte, se retiró los restos del cabello y pasó su mano por la cara de Matthew, restregándolos.  — Así estás mucho más guapo mi amor.  — se levantó unos segundos y se acercó hacia una mesa.  — ¿Me permite, señora?   — le arrebató, sin más, el helado a la mujer de las manos y un batido a su acompañante. Luego, los vertió sobre la cabeza de chico y se quedó tan a gusto que no pudo evitar esbozar una sonrisa satisfactoria. — ¿Qué tal ahora, Blackwood? Creo que el sombrero de bruja también te favorece mucho. ¡Y mira! Ya estás igual de sucio que nosotros. Preciosa capa, por cierto.  Bienvenido al mundo de los mugrosos, disfrute de su estancia.

La sangre de él estaba hirviendo y eso fue algo que todo el mundo alcanzó a entrever por su expresión facial, hostil y claramente ofuscada. Györginna no se enfadó, o al menos no tanto como él, si no que sacó a relucir su lado más infantil e inmaduro y decidió divertirse y disfrutar de la ocasión como si tuviese seis años. El problema vino cuando su hermano se descontroló y armó una batalla campal en mitad de la heladería.— ¡Mira lo que has conseguido! — le reprochó. De pronto, se vio a sí misma persiguiendo a la culebra por todo el local, tirándole restos de helado que ni siquiera sabía de dónde habían salido.

 
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Re: I hate you. You hate me. That's all | Matthew.

Mensaje por Matthew J. Blackwood el Jue Jun 19, 2014 2:00 pm



Aquella imagen había sido suficiente para calmar un poco el enfado que estaba creciendo en su interior, la forma en la que la pelirroja intentaba arreglar la situación no hizo más que causarle risa al Slytherin - Es verdad, estoy completa y perdidamente enamorado de tu hermana, lástima que tengo que fingir y ocultar mis sentimientos por ella, ya sabes... el tema familiar muchas veces es más duro de lo que parece - Chasqueó la lengua, escupiendo ironías en cada palabra que soltaba de su boca - Además hay que sumar el hecho de que tu hermana es una insaciable... como ya te he dicho, va de chico en chico, no hay quién le detenga aquel hambre feroz - ¡Pum!, el crío estalló en una carcajada al ver a su hermana completamente bañada en helado, la forma en que la pelirroja reaccionó, irguiéndose, deformando de a poco aquella expresión de satisfacción para pasar a una de ira no tenía comparación. El moreno no pudo evitar reír sin remedio, hasta que el proyectil, que no se esperaba, era enviado por el crío directamente a su rostro; Matt alcanzó a reaccionar y a moverse a un costado, provocando que el helado cayera directo en su túnica, manchándola por completo a medida que las gotas del dulce comenzaban a descender.

No todo terminó ahí, el ojiazul, observando sus ropajes no se percató de las pequeñas y delgadas manos que contra atacaban, manchándole el rostro; vale, eso por el momento era aceptable, pero la pelirroja no se detuvo allí y volvió a atacarle, ahora sin piedad con un batido y otro helado. Matt se levantó de golpe, dejando caer hacia atrás la silla, sentía como todo le giraba al rededor, como su sangre hervía furiosa a pesar del frío que recorría su cuerpo; alzó su mano, amenazadora, como si fuese a golpearle, pero no tuvo tiempo de hacer nada; el crío le había parecido lo suficientemente divertido la situación, así que comenzó su propia guerra personal, enviando helado a diestra y siniestra. De un momento a otro la heladería se volvió un campo de batalla, el descontrol llegó y los padres sin saber cómo reaccionar se mantenían petrificados en sus asientos, algunos con la boca abierta, otros cubriéndose con las manos. La elfa que atendía el lugar corría de un lado para otro, intentando detener la situación, pero era inútil, todos los niños del lugar se habían unido a la batalla y comenzaban a sacar a palma abierta pedazos y pedazos de helado de las estanterías. Todos corrían, el helado volaba, las mesas y sillas se volcaban, uno que otro crío yacía en el suelo, cubierto de helado, mientras que otros saltaban encima de los mesones destruyendo los pocos vasos y platos que continuaban con vida. Se había armado la grande.

Matt por un momento también se quedó de piedra, sin saber qué hacer, observando el desastre que se formaba a su alrededor, se agachó un par de veces, esquivando las bolas de helado que iban directamente hacia él, hasta que fijó su mirada en la de la pelirroja, aquella mirada de grandes ojos azules que auguraban un infantil plan; el moreno arqueó una ceja, consciente de lo que vendría después, con sus manos tiro la mesa que estaba frente a él al piso, buscando impedirle el paso a la pelirroja y corrió buscando refugio tras un pilar. Observó a su alrededor y estiró la mano para coger un trozo de helado y atacar a la pelirroja, al tiempo que volvía a correr, alejándose de ella en busca de refugio. A medida que avanzaba iba cogiendo trozos de helado y esquivando unos otros, que venían de todas partes. Después de un par de minutos ya estaba completamente mojado y sucio. No pudo evitar reír como un crío - ¡No te saldrás con la tuya, Finkel! - Gritó y giró en una esquina, resbalando por el piso mojado y obligándose a afirmarse sobre la barra, dándole el tiempo perfecto a la pelirroja para que lo alcanzara - ¡Mierda! - Alzo sus manos y cogió de la muñeca las de la pelirroja, forcejeando con ella para impedir su ataque, a la vez que intentaba mantener el equilibrio con los pies que se resbalaban sobre el piso; un forcejeo y otro, hasta que finalmente terminó cayendo al piso, sobre ella, soltando una carcajada tras otras, ni él mismo se reconocía. 

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Re: I hate you. You hate me. That's all | Matthew.

Mensaje por F. György Finkel el Jue Jun 19, 2014 9:55 pm


—  ¡Que no huyas cobarde, que no huyas!  — repetía incansablemente la señorita Finkel, al tiempo que iba de un lado a otro resbalándose y cayendo torpemente por culpa de los pegajosos restos de helado y otros dulces que impregnaban el suelo, antes reluciente y limpio como la patena, de la heladería. Su propósito era claro, ensuciar más al moreno de lo que ya estaba y no tenía pensado cesar hasta conseguirlo. Hacía milenios que no se divertía tanto estando fuera del colegio, ya que todo ese tipo de travesuras e infantilidades solo las realizaba dentro de Hogwarts porque se le presentaban más oportunidades para ello. En ningún momento de su vida habría imaginado verse en una situación así, o al menos no con Matthew Blackwood como colaborador oficial en un desastre más que tremendo. Allí se había armado la de Troya y al parecer iba para largo porque resultaba muy complicado detener a los más de quince niños que correteaban de un lado a otro lanzando dulces como proyectiles. Padres escandalizados, madres horrorizadas. Lo gracioso fue ver a una señora de más de setenta años lanzándole a uno de los niños un pedazo de tarta en la frente. Gy pudo morir de risa durante dos minutos al visualizar aquello, pero luego recordó que su objetivo estaba escondido detrás de una mesa y decidió abalanzarse sobre él, sin éxito. Continuó con la persecución hasta que su culebrita predilecta se resbaló y tuvo que apoyarse en la barra, permitiéndole a la pelirroja poder alcanzarle. — ¡Já! ¡Ya eres mío Blackwood!  — cogió impulso y salió despedida hacia el muchacho, con un buen equilibrio, de modo que consiguió llegar a la meta sin romperse la crisma contra ninguna mesa. Por desgracia, él le sujetó la muñeca y su plan resultó menos efectivo de lo que había calculado en un principio, así que termino también en el suelo con Matthew encima de ella. Ambos, muertos de la risa. Por primera vez no estaba viendo al chico con los mismos ojos, si no que para ella se había vuelto un tipo hasta divertido que había iniciado un alboroto, a su parecer, fabuloso.

La risas disminuyeron poco a poco cuando Gy analizó la situación y comprendió que estaba siendo aplastada por el peso del cuerpo de Matthew y no por el de otra persona con la que tuviera mejor relación. Fue un momento incómodo, o como mínimo tenso, pero se estuvieron mirando fijamente durante un par de minutos hasta que alcanzó a decir algo. Tampoco se le pasó por la cabeza nada mucho más inteligente o algo mucho más acertado, pero solía decir lo que pensaba y ese día no iba a ser la excepción. — Vaya, no sabía que supieras divertirte. Quizás debería retirar algún que otro comentario que te he hecho durante estos seis años  — admitió, sonriendo. A ella no le importaba aceptar cuando no llevaba razón, aunque ese hecho variaba dependiendo de la situación. Si pretendías quedar por encima de ella, ella quedaría superior a ti o al menos se esforzaría por conseguirlo. Se cuestionó a sí misma cuánto tiempo tardaría en apartarse de ella.  ¿Por qué no podían llevarse bien? ¿Por qué no podían estar así todos los días de la semana? Ah, claro, porque ella era mestiza. ¡Qué gran pecado! Toda esa serie de prejuicios acerca de la pureza de la sangre no le parecían más que mediocridades y sandeces de alguien que tiene miedo a aceptar lo diferente a uno mismo. ¿O pensaba aquello porque ella era impura y debía defender la impureza por eso mismo? Por unas y por otras, no dejaba de creer que era un debate estúpido con el que podían continuar toda la vida si lo deseaban, pero que no terminaría nunca porque siempre habría algún demente obseso con aquella ideología medieval y retrógrada. Deseó que él continuase dejando apartados aquellos pensamientos absurdos, pero supuso que aquella petición era pedir demasiado. Y de donde no hay, no se puede sacar.
 
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Re: I hate you. You hate me. That's all | Matthew.

Mensaje por Matthew J. Blackwood el Vie Jun 20, 2014 12:31 pm



De un momento a otro había vuelto a ser aquel crío inocente de diez años, aquel niño, que a pesar de regirse por rigurosas reglas y pasar la mayoría del tiempo educándose sabía sonreír, divertirse y disfrutar de pequeños detalles, aquel crío que no tenía miedo a ensuciarse, que jamás dudó en una sonrisa, que nunca había denigrado ni atormentado a nadie en su vida. Su cabello se encontraba sucio y pegajoso, sus ropajes pasaron a ser oscuros a llenarse de diversos y llamativos colores, tenía hasta helado metido en las orejas y aún así no le importaba. En esos momentos no pensaba en lo infantil que estaba siendo, ni en la suciedad, ni en que su compañera era esa mestiza que tantos piques le ha brindado. Solo estaba allí, tumbado en el suelo sobre ella, afirmándose de su antebrazo que yacía a un costado del rostro de la chica, sirviendo como el único soporte que le impedía al moreno caer por completo sobre ella. Alzó la mirada y se dejó envolver por aquel intenso y hermoso azul que le ofrecían los ojos de la leona. Por un momento recordó realmente como había sido la primera vez que se encontraron en aquel vagón, el cómo se había sentido completamente interesado en ella por aquella inocente y misteriosa mirada. Después de todo el relato que había contado hace un par de minutos no estaba muy alejado del como realmente había sido. Si no chocasen tanto, si sus ideales no fueran tan diferentes quizás todo habría sido muy distinto entre ellos, pero así eran las cosas y así van a continuar siendo... así debe ser.

Solo la voz de la pelirroja pudo hacerlo volver en sí, apartar la mirada de aquellos ojos que lo habían conseguido debilitar, expulsar todos aquellos pensamientos que recorrían su mente en aquel momento. Esperó un momento y carraspeó, reflejando en su mirada como el color brillante y vivo de sus ojos azules volvía a ser opaco y frío como el hielo. Porque así era él, frío y cruel. Se levantó sin decir ninguna palabra, quitándose el cabello pegado de la frente y observando el desastre a su alrededor, más que nada porque se sentía incapaz de mirarle a los ojos nuevamente - Yo no retiraré ninguno de los míos, si eso es lo que esperas que haga - Replicó con una voz ronca, carente de todo sentimiento, aunque si se ponía atención se podía descubrir la falsedad en aquel tono y en aquellas palabras. Sacudió sus mangas, sin éxito alguno y arregló como podía el cuello de su camisa. Titubeó un momento, en el fondo, muy en el fondo, quería quedarse allí, seguir disfrutando, riendo junto a ella. Pero ese no era él, él no podía ser así, no podía darse el lujo de flaquear después de tantos años, ella era una aberración a la magia, ella era mestiza, ella no se merecía si quiera sus palabras. ¿El moreno realmente creía eso?, no lo sabía, de hecho, ni si quiera estaba muy seguro... había situaciones en la que dudaba muchas veces de sus actos, de lo que su familia le ha impuesto a creer, que lo ha convertido en sus creencias, pero jamás, jamás, lo había hecho como en aquella ocasión. Buscó en su bolsillo y saco un par de galeones, lanzándolos al piso, arrogante - Por los desastres - Por primera vez volvió su mirada hacia la chica, en donde se quedó un par de segundos y se giró, comenzando a caminar hacia la salida del lugar. Es así... así sería siempre entre ellos dos... al menos así debía ser.

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Re: I hate you. You hate me. That's all | Matthew.

Mensaje por F. György Finkel el Sáb Jun 21, 2014 12:22 am


—  Jamás esperaría nada de ti. — y con aquellas cinco palabras cargadas de desdén, le dio permiso para irse, es más, le invitó a hacerlo. Observó los galeones con desprecio, como si aquel gesto hubiese sido el peor desplante que le hubiesen hecho en su vida. Después de todo, no esperaba mucho más de aquellos ojos azules que siempre estaban distantes a  reflejar toda actitud humana, a toda actitud emocional que demostrase que no era de piedra. Soltó una risotada cínica y negó con la cabeza. La decepción no era una sensación agradable para ella, pero fue el máximo sentimiento que tuvo hacia el Slytherin en aquellas circunstancias. ¿Acaso podía sentir hacia él algo más a parte de desprecio y desilusión?

Llamó a su hermano y este obedeció, el alboroto aún continuaba, pero ella ya no quería seguir haciendo el estúpido. Ni siquiera tenía ganas de actuar de manera procaz y grosera hacia él, cuando en otra ocasión le habría faltado el respeto y le habría dicho que era un cobarde incapaz de admitir que necesitaba más momentos como el que acababan de vivir. Por un instante había creído ver algo de humanidad en Matthew, y una vez más, se había equivocado, volviendo a ver que estaba podrido, mustio y muerto por dentro. Pedirle peras al olmo refutaba lo ingenua que podía ser algunas veces. Le miró fijamente, sin vacilar, cuando él se giró. —  Eso es, huye Blackwood, huye. Es lo único que sabéis hacer lo de vuestra calaña. — alcanzó a decir, por lo bajo, sin intención alguna de ser escuchada.  Estuvo a punto de detenerle y hacerle ver que estaba cometiendo un error que solo le perjudicaría a él mismo, pero la mirada inocente de Björn que suplicaba una explicación atrajo su atención. Después de todo, la única persona importante en su vida era aquel niño de doce años. Matthew no formaba parte de su círculo de amistades, con lo cual debía dejar de preocuparle que fuese a pasar el resto de sus días amargado, viviendo una realidad muy lejana a la que realmente quería y podía vivir culpa de aquellos prejuicios, de aquella basura con la que le habían lavado el cerebro durante tantos tiempo.

Gy se limpió la mejilla con el dorso de la mano, eliminando unos leves restos de helado que, en comparación con su ropa, le ensuciaban mínimamente el rostro. Sujetó de la mano a Björn y salieron rápidamente de allí. Ahora tan solo le preocupaba no tener que encargarse de todos los desperfectos que habían dejado, pues Matthew hacía ya mucho rato que había decidido su camino.
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Re: I hate you. You hate me. That's all | Matthew.

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