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Rather be. {Fanfic}

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Rather be. {Fanfic}

Mensaje por F. György Finkel el Vie Jun 20, 2014 2:31 pm


Rather be


¡Hola, hola!
Bueno, aquí dejo de lo que llevo hablando taaaaaantos días. Me aburro mucho con mi vida, lo sabéis. Intentaré subir poco a poco más capítulos, en cuanto me inspire y responda todos los  post que debo. No me pidáis que salgáis todos de golpe y sopetón, porque me puede dar un colapso cerebral (? xDDD ¿Que por qué he llamado así al fic? Porque es el título de una canción que me ha servido de inspiración durante estos días para comenzar a escribir,jé. En los cuatro primeros capítulos, salen debajo del título del mismo los nombres en pequeño de los personajes principales, pero en los episodios posteriores me centraré en una o dos personas, ya que son demasiadas y cada una tiene su historia.

Y bien, creo que eso es todo, ojalá os guste <3


Lista de capítulos



Última edición por F. György Finkel el Mar Jun 24, 2014 9:06 am, editado 4 veces
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F. György Finkel
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Re: Rather be. {Fanfic}

Mensaje por F. György Finkel el Vie Jun 20, 2014 2:33 pm


I.Here we are again
Avery, Black, Burke, Evans, Finkel, Fitzgerard, Lupin, Meadowes, Mulciber, Pettigrew, Potter, Snape.

Un trozo de carne voló en mitad del Gran Comedor en una clara dirección hacia el rostro de Severus Snape. No hubo duda alguna de que aquel pedazo de comida provenía de la mesa perteneciente a la casa Gryffindor, pero tampoco hubo duda de que se estampó de lleno en la frente del Slytherin. El comedor entero tardó en reaccionar un segundo, después, las sonoras carcajadas resonaron por todo el lugar. Snape agachó la cabeza, ofuscado, aunque acostumbrado a ser el centro de burlas.

Eres estúpido. — una pelirroja se levantó indignada de la mesa Gryffindor y le dio un golpe en la cabeza a James Potter. Justo instantes después, un trozo de patata dio de lleno en la nariz de Regulus Black.
¡Esta vez no he sido yo, Lily!  — se excusó James, alzando los brazos como si estuviese a punto de ser detenido. Lily Evans no estaba del todo conforme con el trato que recibía Snape.
¡Já! ¡Le he dado! ¡Le he dado! — Györginna Finkel se subió a la mesa y comenzó a saltar. No tardó demasiado en recibir ella también comida. Llevó su dedo índice hacia su nariz y después hacia su boca — Mmm...¡Es tarta de fresa! ¿Por qué en mi mesa no hay tarta de fresa?
¿Quieres tarta?  — gritó Marcus Avery, desde la mesa Slytherin, a la vez que le lanzaba otro pedazo de tarta.
¡Tú a Gy no le lanzas tarta!  — Dorcas Meadowes se levantó de la mesa Hufflepuff y se apuntó al jaleo también.
Tú siempre tan metiche tejona. — se le oyó decir a Rita Skeeter.
Eh, eh, eh, calma con Dorcas, ¿vale?  — y Astrik Fitzgerard pretendió calmar la situación acercándose hacia la Slytherin para vertirle agua por la cabeza.

Remus Lupin disimuló lo suficientemente bien cuando le lanzó comida a Alexander Mulciber como para que éste no se diese cuenta y manchase a Sirius Black en la camisa en vez de a él. Cassandra Burke, alumna de Ravenclaw, se incorporó de inmediato a defender a sus compañeros y ahí...ahí comenzó el alboroto. Durante más de diez minutos el Gran Comedor se convirtió en una batalla campal de restos de comida. Iniciada, cómo no, por James y su grupúsculo de amigos.  No hace falta aclarar que James Potter, Sirius Black, Remus Lupin, Peter Pettigrew, Cassandra Burke, Dorcas Meadowes, Marcus Avery, Alexander Mulciber, Astrik Fitzgerard y Györgyi Finkel acabaron en el aula de castigados, aunque la sanción en concreto era limpiar los baños de prefectos dos veces al día durante un mes entero. Ah, y Severus Snape también fue castigado. ¿Por qué? No sé, por ser el mero de hecho de existir. Lily Evans, otra inocente, también se vio metida en el problema. Pero era lo habitual, lo que solía suceder. Era la rutina de aquellos jóvenes de dieciséis y diecisiete años.
A la semana siguiente, comenzaron la penitencia. Ninguno era muy partidario y tampoco estaban muy por la labor, pero si no querían recibir un castigo peor, debían comenzar a limpiar al método muggle. La tensión en el ambiente era algo que se hacía notar, así que no tardaron demasiado en comenzar a discutir de nuevo:
Esto es por tu culpa.  — le replicó James a Snape.
No he sido yo quien lanzó un trozo de carne contra mi cara.
Supongo que no, lanzarse comida a sí mismo debe ser un tanto estúpido. Aunque de ti me lo espero.
Ojalá llegue el día que me dejes en paz, Potter.
Te dejaré en paz cuando te alejes de Lily.
¿Quién eres tú para decidir con quién se junta?
Soy su nov...Soy James Potter.
James, ¡ya basta! Eres un prepotente así que deja a Severus en paz, no te ha hecho nada malo como para que actúes de esa manera tan infantil.
Cómo no, tú siempre tan pacifista, Lily.  — comentó, socarrona, Dorcas.
Snapy, explícame por qué odias tanto a Jimmy.
Tú cállate Finkel, nadie te ha dicho que abras esa asquerosa boca de muggle que tienes .
Mestiza, Avery, mestiza.— corrigió — Además, no sé quién te ha dicho a ti que tienes permiso para hablarme.  — Gy alzó la escobilla del váter, con gesto amenazador.
¡Por Merlín baja eso! ¡Qué asco! — dijo Astrik, formando una mueca.
¿Te está dando un ataque de epilepsia, Fitzgerard?
Bueno, puede que te de a ti si no cierras el hocico, Mulciber. — añadió Sirius.
Que elocuente eres, Black.  — comentó Cassandra, sarcástica.
Gracias, querida. Sé que todas las cualidades buenas las tengo, no hace falta que me lo recuerdes.
¿Lo de ser un cretino es también una buena cualidad? ¿Es de nacimiento? ¿O es la vena Black?
Snape, estás a dos segundos de tragarte el agua del inodoro.
¡SILENCIO! ¡Y A LIMPIAR!

Hubo un silencio sepulcral en la estancia. El profesor Slughorn, que se estaba encargando de vigilarlos, había perdido toda la paciencia, pues no era la primera vez aquella mañana que comenzaban a discutir sin sentido alguno. Lamentablemente para el profesor, debía soportar aquella situación durante un mes entero, ninguno había perdido el juicio, solamente eran así de traviesos, revoltosos e insoportables.
Bueno, Cass, cuéntame qué tal el verano. — preguntó Sirius, por lo bajo, a la castaña. No es que tuviera demasiado interés en saber qué había estado haciendo o qué había dejado de hacer su amiga. Era una mera excusa para entablar conversación con ella.
Ya sabes.
¿Ya sé qué?
Te he visto a ti, a las chicas. Poco más.
Ah.
Gran respuesta.
Ni que tú hablases mucho. Seta.
¿Por qué una seta? El puré de espinacas que hace mi tío Dominik es mucho más soso que una seta . — Györgyi intervino, como de costumbre, para dar su punto de vista. Ella era así.
Gy, no soy una seta. Es más, soy mucho más animada que Sirius y lo sabes porque has podido comprobarlo cuando nos hemos ido de fiesta.
Bueno...En eso tiene razón, Cass siempre nos consigue entradas para discotecas y tú aún no nos has traído ninguna, Sirius.
Pero porque yo,con mi encanto, puedo conseguir que nos dejen pasar gratis en cualquier lugar.
Oh, ¿tener el pene flácido es tener encanto?
Bien, creo que yo sobro en esta conversación. — Gy se apartó entre risas.

Sirius rodó los ojos. Nadie solía cuestionarse por qué Sirius y Cassandra siempre mantenían conversaciones de aquel calibre. De hecho, puede que otro se hubiera sentido ofendido, pero Sirius simplemente lo consideraba normal. Ellos se trataban así y no era necesario buscar un por qué, porque ni ellos dos lo sabían.

Eres muy graciosa, Burke. Fíjate cómo me río.
Sentido del humor Black, es lo que te falta. ¿Ves cómo yo soy mucho más animada que tú?  — le guiñó un ojo, con cierta picardía mal disimulada.

Dorcas se encontraba a unos metros de ellos, observando la escena en silencio. No estaba celosa. O al menos creía que no debía estarlo. Puede que le desagradase que su amiga estuviese tonteando con Sirius por el mero hecho de que era pareja de James. Aunque tampoco le gustaba que fuese pareja de James porque estaba prometida con Perseus Nott. ¿Pensar eso era engañarse demasiado? Cassandra se percató de la forma en que la Hufflepuff los estaba observando y se acercó hacia ella, sin decir nada. Tarde o temprano Dorcas le preguntaría algo.

Em, bueno...¿Qué tal con Sirius?
Bien, ¿cómo íbamos a estar?
No sé, como se llevan tan bien...
Obvio, somos amigos.
Bueno, desde mi punto de vista no parecen eso.
¿Y qué parecemos, pues?
No, nada.
Dorcas, lo nuestro ya fue. Hace milenios. Todo está muy muerto ya. Además...Estoy con James.
Tampoco comentaste nada al respecto cuando dijo que dejaría en paz a Snape si se alejaba de Lily.
Bah, vamos Meadowes, sabes que dijo eso porque no le gusta que Severus se acerque a nadie de nosotros. Habría dicho lo mismo si se tratase de Astrik o Gy, no tengo por qué tener celos.
Oh...Sí, claro, cierto. No sé en qué estaría pensando.

Probablemente nadie consiga comprender qué hacía Cassandra saliendo con James. Tampoco era entendible qué hacia Lily saliendo con...¿Cómo mierda se llamaba? Llamémosle Sujeto X. Nadie en esta historia recuerda su nombre. No os preguntéis por qué.  La cuestión es que todo era así. Sin más.

Se te da muy bien limpiar con la frago, la frugo, la...Con el chisme ese.
— Fregona. F-R-E-G-O-N-A. No es tan complicado, Avery. Siete letras.
— se burló la pequeña Finkel.
Bueno, como quiera que se llame ese palo con pelos. Ya ves tú lo que me importa. Además, no era un halago. Quería decir que se os da muy bien a los sucios hacer esas cosas. Se nota la experiencia.  — añadió el, con superioridad.
Vaya, olvidaba que tú en tu casa no limpias y que probablemente no sepas ni hacer la cama porque todo te lo hacen los elfos domésticos. Inútil.  Espero que al menos sepas abrocharte la bragueta. Además 'el palo con pelos' es la escoba, no confundas términos.
— Para tu información, sé hacer muchas más cosas que tú.
— ¿Ah sí? Está bien, toma.
 — le tendió la fregona — Friega y demuéstramelo.

Él enarcó una ceja y se estiró, soberbio. La odiaba tanto. Pero ella también le odiaba a él. Nunca se habían parado a pensar la razón lógica de ese odio, así que Györgyi se limitaba a creer que aquella hostilidad hacia su persona se debía a la impura condición de su sangre. Avery provenía de una de esas familias de magos obsesionados con la pureza y, por tanto, tenía cierta adversión hacia todo muggle, hijo de muggles o mestizos. Desde el primer día que la señorita Finkel pisó el colegio, Avery estuvo presente para hacerle la vida imposible. Se matarían si tuvieran la ocasión.

Bien. Sé hacerlo.
— Vamos, quiero verlo.
— No me metas prisa, necesito mi tiempo.
 — se quejó el muchacho. Su rostro formó un gesto ridículo de concentración y Gy soltó una risa cínica.
Disculpa, ya sé que tu minusvalía te impide hacer las cosas del modo correcto.  
Avery profirió una especie de gruñido y comenzó a fregar, dejando el suelo peor de lo que estaba.
A ver, lagartija, así no. — se acercó hacia él y, con la mejor intención del mundo, le colocó la fregona bien entre sus manos. Mulciber observó la escena. Realmente no le gustaba ver aquello. Ya tenía suficiente con que su amigo Snape estuviese loco por una hija de muggles como para ver que su otro amigo se dejaba ayudar por un mestiza. — Ahora escúrrela en el cubo y luego muévela de un lado a otro en el suelo. Así.
— Tendré que lavarme las manos luego. Me has tocado.
— hizo un gesto de asco, como si fuese a contagiarle una enfermedad al ver la mirada que le había dedicado Mulciber.
Sí, lo que tú digas, pero ahora limpia. — Gy suspiró, exasperada. El día que Avery no fuese hostil con ella, bailaría encima de la mesa del Gran Comedor. Aunque eso ya lo hacía siempre.
Sí, lo que tú digas. — le hizo burla y continuó — No me metas prisa. — repitió, y se fue a estrujar la fregona en el cubo, cuando lo volcó y tiró todo el agua sucia hacia el suelo. Györgyi comenzó a aplaudir.
Wouh Marcus, bravo. ¡Eres más inútil de lo que yo pensaba! ¡Te felicito!
Avery, ofuscado, tiró al suelo lo que tenía entre sus manos y se apartó, apoyándose contra la pared.
No seas infantil. — comentó Snape — ¿Vas a dejar que la Finkel lo haga mejor?
— ¡Obvio que lo hace mejor si vive con muggles!
— Vale, tranquilo, no te alteres. ¿Quieres una infusión?
— Pues yo no creo que sea tan complicado.
 — Mulciber se acercó, con sus típicos aires de rey del universo, y sujetó la fregona, para acto seguido comenzar a moverla de un lado a otro. Avery rechinó los dientes.
¿Ves, Avery? Al menos el descerebrado de Mulci sabe hacerlo.  — volvió a intervenir la pelirroja.
Necesitaré desinfectarme las manos yo también, este instrumento ha sido tocado por la Finkel.  — agregó Alexander. Gy rodó los ojos y dejó al grupo de Slytherins a un lado. Para ella no tenían remedio y eran un caso perdido los tres.

Más apartados, se hallaban Remus, Peter, James y Lily, con Astrik alrededor que más que limpiar se dedicaba a dar saltos.
Explícame qué se supone que haces, Peter.  — comentó Remus.
Bueno, no encontraba otra cosa, así que el cepillo de dientes de Snape me pareció útil para limpiar el suelo.  — respondió el rubio, encogiéndose de hombros. Limpiar al método muggle les parecía complicado a todos.
Pero es un cepillo de dientes, colagusano. Me gustaría saber cómo pretendes limpiar todo el baño con un cepillo de dientes. No es lógico.
— Remus, no me amargues. Es útil.
— No es útil.
— Prueba a usarlo.
 — le desafió Peter. Remus entrecerró los ojos y le arrebató el cepillo de dientes de las manos. Se agachó y comenzó a rascar el suelo con él. — ¿Lo ves?
— ¡Que no sirve Peter!
— Remus lanzó el cepillo de dientes por los aires y Peter salió en su búsqueda al grito de: ¡El cepillo, el cepillo! Realmente Remus y Peter estaban discutiendo todos los días por temas absurdos. El rubio no lograba comprender cuál era el problema que Remus tenía con él si habían sido amigos toda la vida. Quizás el cerebro de Peter no era tan rápido o eficaz como el de cualquier otra persona como para poder entrever que el problema de Remus era Astrik.

Lily chasqueó la lengua e hizo una mueca mientras negaba con la cabeza después de observar aquel debate sin sentido. Realmente, era la única que estaba haciendo las cosas cómo debían hacerse, pese a que ella no había tenido la culpa de nada en todo el revuelo durante la comida.
Lily.
— Cuéntame James.
— Sé que me amas.
 — Lily se dio la vuelta y le miró fijamente, con seriedad. No le agradaba aquella actitud fanfarrona en James. Quizás de otra persona lo habría visto hasta comprensible - en Slytherins, por ejemplo - pero en él no le gustaba que alardease todo el tiempo.
Ni en tus sueños.
— Admítelo, te mueres por mi.
 — James le hizo cosquillas.
¡Ay! ¡Para! Deja de decir idioteces, egocéntrico.  — volvió a girarse, con las mejillas rojas.
¡Te has puesto roja!
— ¡No es cierto! Además, ya sabes que yo estoy con...


Un grito interrumpió la frase de Lily. El profesor, que estaba sentado en una silla medio dormido, dio un salto y despertó sobresaltado mientras sus gafas se le caían. Todos se acercaron hacia Peter formando un corro a su alrededor, ya que estaba tirado en el suelo con una puerta aplastándole.

¿Se puede saber qué le ha pasado? — preguntó el profesor.
Intenté colocar bien la puerta y se ha roto. ¿Os importaría quitarme esto?

James y Sirius le retiraron la puerta de uno de los baños de encima. Peter había ido a coger el cepillo cuando vio que una de las puertas de los baños no cerraba correctamente. A nadie le habría importado ese detalle, pero Peter tampoco consideraba que tuviera algo mejor que hacer, así que intentó arreglar la puerta dándole una patada. Buen método era si deseaba que aquella puerta vieja se le cayese encima. Él era así, distraído, alocado. No pensaba las cosas. Pero no os equivoquéis, Peter no era tonto, era mucho más listo de lo que se molestaba en mostrar...

No entiendo cómo has roto la puerta. — el profesor estaba atónito.
No he roto la puerta, se ha caído sola. (xD) — aclaró Peter.
Ajá, claro. ¿Habrá sido un fantasma, no?
Peter volvió a encogerse de hombros. Astrik le ayudó a levantarse y Remus se cruzó de brazos, pero no dijo nada. Los demás se rieron de la situación, pero al menos eso sirvió para salir antes del castigo.
Suficiente por hoy.  — agregó el maestro.

Y así eran ellos. Pero, por si no ha quedado claro:
James, Remus, Sirius y Peter, eran mejores amigos, así como lo eran Dorcas, Cassandra, Gy y Astrik. O como lo eran Mulciber, Snape o Avery. Lily, en su tiempo, también fue una gran amiga de aquellas cuatro jovencitas, pero las cosas habían cambiado mucho después del aquel verano del 76.
El dilema en cuestión era que Lily siempre había estado enamorada de James y James siempre había estado enamorado de Lily. Hasta ahí todo parece sencillo. Pero las cosas no suelen ser como parecen. James había iniciado una relación con Cassandra, quien a su vez, años atrás, había tenido un desliz con Sirius Black. Sin embargo Sirius rondaba a Dorcas. Por otro lado, Snape babeaba por Lily y a causa de ellos, James, le hacía la vida más que imposible. Esto causaba diversos choques entre Lily y Cassandra, e incluso, entre Cassandra y Dorcas, quienes eran mejores amigas. Todo aquel asunto parecía sacado de una telenovela, pero era más que cierto. Y yo, como andaba en todas partes, solía saber todo de todos. De Gy, podíamos decir que tenía un serio problema. Un amor-odio que ella misma sabía que era más que imposible, pero el dilema de Avery es algo que no puede ser comprendido ni se puede explicar sin leer las siguientes líneas que tendrá este escrito. Remus, por otro lado, estaba pillado hasta los huesos de la dulce y alocada Astrik, pero ésta no centraba su atención en él, sino en Peter.

Y podría continuar horas y horas haciendo un resumen de todos los romances y complicaciones de los alumnos de Hogwarts, pero para todo hay tiempo. Pido, por favor, que no me comparen con una bruja cotilla como lo era Rita Skeeter, porque yo no escribo esto para desvelar los secretos de nadie. Es más, aquel grupo de adolescentes fueron mis compañeros y juro que viví muchos momentos dignos de recordar junto a ellos. ¿Y quién soy yo? Bueno, quizás al final de este relato revele mi identidad, pero por el momento es mejor no desvelar ningún detalle. Simplemente alegaré en mi defensa que escribo esto porque su historia merece ser contada, merece ser recordada. Puede que no tenga un final feliz o puede...o puede que sí.


Última edición por F. Gyorgy Finkel el Lun Jun 23, 2014 10:10 pm, editado 2 veces



F. Györgyi Finkel

If you gave me a chance I would take it. It's a shot in the darkbut I'll make it. Know with all of your heart you can't shake me. When I am with you there's no place I'd rather be
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F. György Finkel
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Re: Rather be. {Fanfic}

Mensaje por F. György Finkel el Vie Jun 20, 2014 2:34 pm


II. Something strange
Avery, Black, Burke, Evans, Finkel, Fitzgerard, Lupin, Meadowes, Mulciber, Pettigrew, Potter, Snape.

La mañana siguiente inició con un brillante sol, de modo que en una de sus clases libres, James y Cassandra, decidieron dar un paseo por los jardines. James no paraba de darle vueltas a un asunto que estaba comenzando a perturbarle de manera seria. Puede que, quizás, estuviese exagerando y que la película la estuviese montando el sólo en su cabeza. En primer lugar, no era adecuado ocultar a sus amigos que su relación con la Ravenclaw era una completa farsa. Porque sí, porque lo era. ¿Quién iba a creerse que iban a estar juntos si se moría por Lily? Nadie. Pero, curiosamente, todos se creyeron aquella historia. En segundo lugar, sentía que se estaba engañando a sí mismo. No obstante, Lily, al parecer, ya había rehecho su vida, así que él ya no tenía mucho que hacer para remediarlo y Cassandra había sido su salvación en todos los sentidos.
— ¿Tu crees que estamos haciendo bien al continuar con todo este cuento?
— Bueno, no creo que sea hora de echarse atrás. Por lo que veo algo de resultado está dando, James.
— ella sonrió, restándole importancia a todo lo que le preocupaba al muchacho. En verdad algo les decía a ambos que no era lo más correcto, pero todo era por una buena causa, o al menos la castaña lo veía de aquel modo.
Sí, bueno. Sirius está de acuerdo y al parecer Lily reacciona, así que no se cuál es el problema en realidad. — Potter estaba bastante confundido, pero tampoco sabía que hacer así que optó por continuar con aquello que sólo Cass y él sabían. Además, la jovencita que en aquel momento tenía frente a él era muy atractiva y era consciente de que en aquel momento estaba siendo la envidia de medio Hogwarts, lo cual fue un punto extra para incrementar su ego.
¿Acaso es importante que Sirius esté de acuerdo? — Cassandra no había comprendido del todo bien aquella parte en la frase de su amigo. O bueno, prefirió no entenderlo. Era un hecho más que obvio que no le gustaba lo más mínimo hablar de su pequeño roce sentimental con Sirius. Era agua pasada. (O eso solía creer) — Tampoco necesitábamos pedirle permiso.
— Eh, ya, claro. Pero estas cosas me gusta consultarlas con mi mejor amigo, una segunda opinión siempre es buena.
— James respiró hondo, podría haber metido la pata hasta el fondo. Sin embargo, prefirió improvisar a quedarse callado, pues el que calla, otorga.
Ajam, entiendo. — hubo un breve silencio levemente incómodo. Ninguno de los dos era tonto. Él comprendía que ella se había dado cuenta de a lo que se había referido y ella, simplemente, había entendido lo que había dicho. — James, ¿tú sabes qué es lo que hace Gy todas las tardes desde que iniciamos el curso? — cambiar de tema siempre era una opción recomendable para la joven si el asunto anterior del que se hablaba tenía algo que ver con Sirius Black.
¿Qué hace de qué?
— Si te pregunto es porque no lo sé.
— Cass se mostró inexpresiva.
A veces pienso que pareces una seta.
— ¡Pero por qué una seta!
— No sé, esa palabra suena bien.
— ella se cruzó de brazos, fingiendo estar molesta. — Está bien, está bien, era una broma...Solo Sirius puede meterse contigo, discúlpame. Volviendo a lo de Györgyi...Pues no tengo ni idea.
— Mientes.
— ¿Qué? ¡Por qué!
— Porque lo sé. Esta relación no va a funcionar si me ocultas cosas, James.
— bromeó la chica, sentándose en uno de los bancos. Acto seguido, él se sentó a su lado y Cass se dedicó a observar a la gente que pasaba.
Me has asustado, tonta.
— Ya sé que no sabes nada, mientes más que mal así que supongo que hubiera sabido si mentías. Como también sé que nuestro perfecto plan está resultando efectivo.
— Cass, no sé si te he dicho alguna vez que me das miedo cuando te pones mística. Siempre sabes todo.
— Y si no lo sé, lo sabré.


En aquel momento, Lily apareció por los jardines de la mano de...Bueno, del Sujeto X. James sintió un pequeño nudo en el estómago que se fue haciendo más grande conforme más avanzaban hacia ellos. Muy convencido de que iba a hacer alguna estupidez, prefirió hacer algo de lo que no se arrepentiría, así que tomó el rostro de Cass con delicadeza y la besó sin previo aviso. La Ravenclaw, tan buena actriz como siempre, no dudó ni un solo instante en continuar con la función. Lily tragó saliva y, por un instante, se borró la sonrisa de su rostro. No me gusta James, no, pensó. Se limitó a darle la espalda a Potter, claramente indignada, aunque procuró que su pequeño berrinche no se notase más de la cuenta. Cassandra sonrió con satisfacción y alzó ambas cejas mirando a su novio, en señal de: ¿Ves? Te lo dije.


****


En cambio, las preocupaciones de Györgyi eran otras. Iba de camino a ver a su hermano pequeño, Björn, que había ingresado en el colegio por primera vez ese mismo año. De pronto, mientras avanzaba por uno de los pasillos, se quedó quieta observando una pelusa. Odiaba tanto la suciedad y el desorden, que no pudo evitar detenerse.

¡WUAH! Una pelusa. — gritó como si en ello se le fuera la vida, después se agachó y cogió la pelusa entre sus dos dedos pulgar e índice, como si le diera asquito y luego, la sujetó mejor y le dio una especie de abrazo raro con las manos - para ella era estar abrazando a la pelusa. — Mírala que regordeta,ella,que mona que es mi pelusa,ya sé cómo te llamaré....¡PELUSA! Bien, está bien, ya paro. Es que no sé qué haces tú aquí, entorpeciendo mi camino. —  comenzó a dar ridículos saltitos de una lado a otro, bota que te bota, cual pelota de goma nueva. —  Qué asco das. —  le dijo, como si aquella enorme pelusa fuese a hacerle caso alguno. — ¿Para qué existen las escobas? Oh, claro como aquí sólo se usan para volar...Ineptos. Podrían limpiar, ¡soy asmática! Un día moriré por culpa de cosas como tú. —  con gesto amenazante, apuntó a la pelusa.
Dime que no estás hablando con una pelusa. —  Györgyi se sobresaltó al escuchar una voz masculina a sus espaldas, tanto, que pegó un brinco. Se giró, aún con el corazón a punto de salírsele en el pecho y se quitó un zapato, lanzándoselo a quien la había asustado de aquella manera.
¡Avery! ¡Deja de darme esos sustos, que vas a matarme!
— ¡Auch!
—  se quejó, cuando el zapato le dio en la frente — ¡Ten cuidado sangre sucia!
— Me encanta ver cómo tu vocabulario se limita a dos palabras: bastarda o sangre sucia. ¿Cuándo vas a aprender términos nuevos, reptil?
— Cuando todos los asquerosos impuros os extingáis.
— Oh, muy agudo. Pero lamento decirte que no somos ninguna especie diferente a la tuya.
— Yo soy mago, tú eres una híbrida.
— ¿Híbrida? No soy un animal, Marcus.
—  Pero como si lo fueras, eres igual de salvaje. ¿Cómo llevas los piojos?

Gy se quitó el otro zapato y se lo lanzó también, pero esta vez él lo esquivó.
— ¿Cómo llevas tú el asunto de depender de tu padre para tomar decisiones?
Avery suspiró, un tanto desquiciado y la señaló con su varita, claramente ofendido.
Retíralo. —  se acercó hacia ella, intentando imponerle respeto. Ella se echó hacia atrás torpemente viéndose arrinconada por el Slytherin, sintiendo la punta de la varita clavada en su cuello. Tardó un par de segundos en reaccionar, hasta que cambió su gesto de sorpresa por uno completamente diferente, encarándose al muchacho.
¿O qué? ¿Vas a pegarme? ¿Vas a matarme? — le desafió, con sorna. No le tenía miedo, o al menos no quería tenerlo. Avery miró hacia otro lado durante unos instantes, soltando una leve risita. Después apartó la varita y optó por agarrar a la Gryffindor por el cuello de la camisa, empujándola de tal manera que se dio un fuerte golpe contra la fría pared que le enderezó las vértebras.
No sabes con quién te estás metiendo, sangre sucia.
— ¡Suéltame! ¡Me estás haciendo daño, imbécil!
— la pelirroja forcejeó durante un par de segundos, intentando que la soltase. Marcus volvió a reírse de ella y la soltó, no sin empujarla de nuevo. Gy se deslizó por la pared, hasta quedar sentada. Después respiró de manera acelerada y se dejó llevar por la ira, de modo que cuando Avery le dio la espalda ella se incorporó con rapidez y se subió a su espalda, agarrándole del pelo y aplastándole como si fuera un koala.
¡¿Qué haces loca?! ¡Bájate, bájate! — ella continuó tirándole del pelo, hasta que de tanto moverse los dos, ambos cayeron al suelo. Gy no tardó ni un solo segundo en situarse encima de Avery para agarrarle a él por el cuello de la camisa y le zarandeo.
¡Te odio! —  le chilló, despeinada.
¡Eh, eh, eh! ¿Qué está pasando aquí? — la voz de Sirius Black intervino en escena. Él y James apartaron a Gy de encima de Avery y, después, Cassandra abrazó a la Gryffindor. Avery se levantó, claramente enfadado y comenzó a sacudirse la ropa, intentando recuperar la compostura.
¡Ésta loca me las va a pagar! —  intentó abalanzarse sobre Györgyi, pero Cassandra se situó delante de ella y James empujó al Slytherin, sacando su varita.
Más te vale dejarla en paz, Avery. Porque no será con Diggory con quien vayas a vértelas—  le advirtió. Y sí, Amos Diggory era la pareja oficial de la Finkel.
No, déjame matarlo ¡déjame! —  la pelirroja intentó golpearle, pero Sirius se lo impidió.
Esto no se va a quedar así. — Avery cogió su varita del suelo y desapareció de allí con los puños apretados, dedicándoles una última mirada de desprecio.
¿Estás bien? — preguntó Cassandra, girando el rostro de la Gryffindor, que aún tenía los ojos clavados en el Slytherin. — Eh, escúchame demonio chupa almas. — Gy reaccionó ante esto último, que era la forma que tenía su amiga de llamarla.
¿Quieres que te llevemos a la enfermería?  — añadió su mejor amigo.
— ¡No! Estoy bien, de verdad. Es solo que...¡Solo que no le aguanto! ¡Estoy harta! Juro que en cuanto le pille voy a arrancarle esa cabecita de lagartija que tiene — realizó una serie de movimientos con las manos simulando que lo ahorcaba y la Ravenclaw le dio un golpe en la frente.
¡GY CÁLMATE!  — ordenó. Sirius soltó una carcajada.
Vamos, pelo fuego, baja el nivel de intensidad que te va a dar un infarto si no te calmas. — llevó una mano al pelo de la chica, revolviéndoselo.
Vale, bien.  — Finkel respiró hondo  — Ya está. Pero...
— Pero es idiota, lo sabemos todos.
— continuó James  — Y no creo que debas perder el tiempo discutiendo con él...No quiero tener que cruciarle.

Una vez estuvo más calmada, salió de allí con sus compañeros en dirección a la clase de pociones. Entraron y todos se pusieron en sus sitios. Astrik estaba ensimismada observando a Peter y Remus se percató de esto. Tampoco perdía nada por intentar hablar con ella, además Peter tampoco estaba haciéndole demasiado caso.

E-ey, Astrik, ¿cómo te va todo?  — tartamudeó un poco.
Ella suspiró.
 — Ah,oh, eh, ¡hola Remus! — le saludó, efusiva  — Ven, siéntate, haz el trabajo de pociones conmigo.  — le invitó. Remus vaciló unos instantes y después sonrió y se sentó al lado de ella. Peter llegó y se sentó al lado de ambos, Remus rodó los ojos.
Remus, ¿has visto mi varita?  — preguntó el rubio.
¿Por qué me preguntas a mi?
— No sé, como eres tan responsable y todo eso a lo mejor tu lo sabías.  
—  Pettigrew rió tontamente.
¿Has perdido la varita?  — Lupin suspiró  — Luego te ayudo a buscarla.
— Uy, está aquí.
 — sacó su varita de la manga de su túnica.  — Pero bueno, me quedo aquí con vosotros. No entiendo lo que tenemos que hacer.
— ¡Claro Peter, quédate!
 — Astrik sonrió entusiasmada.

Remus se pasó ambas manos por el rostro, más que desesperado. No solía tener demasiadas oportunidades de estar con Astrik a solas, o al menos de tener unos minutos para hablar mucho con ella. Es más, siempre que eso sucedía aparecía Peter de manera misteriosa para arruinar el momento. Era consciente de que el rubio no hacía aquello a propósito, pero resultaba siempre tan oportuno que acababa bastante irritado por tener que aguantar lo mismo una y otra vez.

James se acercó hacia Lily, un tanto nervioso. Pensó un par de veces cómo pedirle ayuda en pociones, aunque no tenía ninguna dificultad. Simplemente le apetecía entablar conversación con ella. No quiso sonar engreído, así que tardo dos minutos en poder abrir la boca porque le costó decidir una buena frase. Lily permanecía observándole.

¿Se te ofrece algo? — le preguntó, amable.
Oh  — carraspeó  — Q-quería saber si...si podrías ayudarme con el trabajo que tenemos que hacer. N-o...No he conseguido entender qué tenemos que hacer.
— Claro, ven, siéntate conmigo.


James obedeció, sonriendo y ella comenzó a explicarle todo lo que tenían que hacer. No prestó atención alguna a lo que le estaba comentando, pues entendía muy bien todo lo que le estaba contando. Se esforzó por preguntarle algunas dudas, pero estaba centrado en la bonita sonrisa que iluminaba el rostro de la alumna Evans. De pronto, una explosión resonó en toda la sala. Todo el mundo posó su vista sobre Snape, que se encontraba con toda la cara negra. Las risotadas de Potter eran extremadamente escandalosas, pero ésta vez no había sido culpa suya. Lily negó con la cabeza, claramente decepcionada.

— Eres la persona más inmadura que conozco.
— Lily, por favor, ha sido gracioso, pero no he sido yo.
— Sí,sí, ahora intenta excusarte Potter. No sabes cuánta lástima me das.
— se cambió de sitio, molesta. James no intentó detenerla, siempre acababan igual.
Dorcas, sin pensar, avanzó corriendo hacia Lily, intentando que volviese a sentarse con James.
He sido yo, Lily, no James.  — mintió. Tampoco había sido la causante de aquella broma pesada a Severus.
— Por favor Dorcas, no intentes defenderlo. ¿Quién más va a ser si no?

Dorcas guardó silencio y no supo qué responder exactamente. Miró a James y se encogió de hombros. Severus se levantó de golpe y se marchó, con permiso del profesor, a los baños a limpiarse. El maestro impuso orden y exigió saber quién había sido el responsable de estropear la poción de Snape. Nadie respondió, así que culparon a Potter sin prueba alguna de que hubiera sido él, cuando realmente esta vez no era el autor. Eso supuso que sólo a él se le sumase una semana más al castigo de limpiar los baños.



****



Al terminar las clases y después de comer, Sirius, Remus, Peter y James decidieron descansar un poco en sus habitaciones, mientras hacían las tareas de aquel día.
— Bueno, y si no has sido tú, ¿quién fue?
— No lo sé Sirius, pero por una vez yo no tuve nada que ver.
— Quizás fuera algún Slytherin inadaptado con ganas de que te castigasen.
— reflexionó Lupin.
Yo no creo eso. — comentó Peter.
Quizás algún Huffle o Raven con quien tengas problemas.— volvió a decir lunático.
Pues... — cornamenta permaneció dubitativo — No se me ocurre con quien. Sólo tengo problemas con Slytherins por el momento. De todas formas tampoco es un asunto importante. No moriré por una semana más de castigo.
— ¿Y no te gustaría saber quién fue?
— cuestionó canuto.
Sí,sí... Pero no sé como averiguarlo. Quizás le preguntaré a Cass, la vidente. — todos se rieron.
— ¿Qué tal con ella, por cierto? — quiso saber Lupin. Hubo un silencio corto, pero bastante inquietante.
— Todo bien.
— ¿Y ya está?
— No sé, todo normal Remus.
— Cada día estás más raro, James.

Lunático se giró un momento para buscar en su mochila un libro. Estuvo durante un par de minutos buscándolo y se levantó, extrañado, a intentar encontrarlo por alguna parte. Era muy ordenado, así que el hecho de que Remus hubiese perdido algo que para él era extremadamente importante era algo inusual, a la par que surrealista.
— ¿Qué buscas?
— Estoy buscando un libro Peter, ¿alguno lo habéis visto? Es mi libro sobre licántropos.

Sirius y James se levantaron para comenzar a buscar. Dejaron la habitación patas arriba, hasta que se cansaron al no hallar nada.
Busca entre tus cosas, Pettigrew, quizás esté allí. — le dijo Remus, al borde de un ataque de nervios. En aquel libro tenía una serie de anotaciones sobre sus transformaciones, de modo que si lo había perdido cualquiera podría enterarse de que era un licántropo.
No creo que esté entre mis cosas.
— Busca de todos modos.
— No lo considero necesario.
— ¡Tú hazlo!
— No está allí, ¿para qué quieres mirar mis cosas?

Sirius, harto, avanzó hasta el baúl de Peter y lo abrió.
Es éste el libro, ¿no? — preguntó, observando el ejemplar que sostenía entre sus manos.
¡Sí! — Remus se acercó hacia él y agarró el tomo de manera un tanto efusiva. — ¿Qué hacías con mi libro, Peter?
— Eh, yo no tenía el libro.
— se defendió el rubio.
¿Y qué hacía allí? ¿Se ha movido solo? Dime para qué querías mi libro si sabes que corro un riesgo al perderlo. — su amigo estaba notablemente enfadado.
Pues alguien lo habrá puesto allí.
— No mientas, si lo tenías tú no me importa, sabes que somos amigos y puedes mirar lo que apunto, pero no me des estos sustos.
— ¡Que no lo tenía te digo! No me acuses de algo que no he hecho.
— gritó colagusano, comenzando a enfadarse él también.
¡Deja de mentir! Sirius lo ha encontrado ahí, ¿le estás llamando mentiroso?
— ¡No miento Remus! No lo tenía porque no lo he cogido yo y, por tanto, yo no lo he puesto entre mis cosas. ¡Deja de culparme de todo! Yo no tengo la culpa de que Astrik te ignore.
— ¡No metas a Astrik en esto!
— Lupin estuvo a punto de callar a Peter de un golpe, pero Sirius y James intervinieron antes de que aquella pelea acabase en algo peor.
Vamos chicos, calma. Habrá sido un malentendido, relajaos un momento, tomad aire y luego habláis.— Sirius hizo de mediador. Estaba teniendo demasiada paciencia durante aquellas semanas con sus dos amigos, pues no hacían más que enfrentarse en lugar de hablar las cosas y llegar a alguna solución.
Lo mejor es que vayamos a merodear un rato, nos estamos sulfurando por idioteces. Hemos tenido unas semanas intensas, así que es hora de tener día de Merodeadores. — sentenció James. Remus murmuró por lo bajo un par de maldiciones y Peter farfulló otra serie de incoherencias, pero accedieron a dar un paseo.

Ninguno de los cuatro compañeros cayó en la cuenta de que algo extraño estaba comenzando a suceder. Habían causado una explosión en el trabajo de Snape y, casualmente, todo el mundo había confiado en que el culpable era Potter y por ello Lily había vuelto a enfadarse con él. Por otro lado, el libro de Lupin había llegado de manera misteriosa hasta las cosas de Peter, cuando éste último no había tenido nada que ver en el asunto, lo cual había provocado una nueva discusión donde la palabra 'Astrik' había salido a relucir. Demasiadas casualidades en una misma mañana, pero quizás tenían la cabeza tan ocupada en otros asuntos que ninguno se percató de aquellos diminutos detalles.



****



Lily se había quedado con Györgyi durante el almuerzo y luego habían acudido a sus respectivas habitaciones. Gy tenía bastante confianza con Lily, y es que las dos pelirrojas se llevaban muy bien. Es, por eso, que Finkel no dudó ni un segundo en preguntarle a su amiga por lo que había sucedido hoy durante la clase de pociones.

— No creo que James tuviera algo que ver, Lily.
— Györginna, tú eres su mejor amiga, es obvio que vas a defenderlo.
— Ay, no me llames así, suena horrible. Además, si hubiera sido él yo sería la primera en saberlo y, créeme, por primera vez es inocente
. — arrugó la nariz y sonrió de medio lado. No le agradaba que sus dos amigos no estuviesen juntos, pero si Cass era feliz con Jimmy y él con ella, no tenía nada que opinar al respecto. Lo que no terminaba de ver bien es que tuviesen que llevarse mal Evans y Potter.
Qué más dará, de todas maneras es insoportable. Yo estaba dispuesta a ayudarlo, pero no me gusta su actitud infantil.— Lily miró hacia otro lado, quería dar por finalizado el tema. Su compañera suspiró y de pronto se acordó de que tenía ranas de chocolate escondidas en un armario.
¡Un segundo! ¡Voy a traerte una cosa que seguro que te alegrará! — se levantó del suelo con rapidez y avanzó danzando hacia el armario. En cuanto lo abrió, sus ojos se abrieron como platos y se quedó muda. Una de las puertas de aquel mueble, tenía por dentro un enorme espejo donde podían verse de cuerpo entero. Pero no era eso lo que llamó su atención, sino lo que habría escrito sobre él con tinta roja. "ASQUEROSAS SANGRE SUCIA" — L-Lily, ¿qué es esto?

Ésta última se levantó del suelo y, perpleja, se acercó hasta el lado de su amiga. Ambas observaron el escrito tragando saliva y luego cayeron en la cuenta de que mucha de su ropa estaba manchada de aquella pintura roja. No era una imagen para nada agradable. Y mucho menos lo era el saber que alguien se había colado en sus habitaciones - lo cual era realmente difícil a menos que fuese alguien de Gryffindor - para dedicarles aquellas crueles palabras. La pequeña Finkel se enfureció de inmediato y no tardó en acusar a quien consideraba responsable.

¡Esto es cosa de Avery, estoy segura!
— Pero Gy, ¿cómo va él a haber entrado aquí? Es prácticamente imposible. Tiene que haber sido alguien de nuestra propia casa.
— ¡No! ¡Yo sé que no!
— salió disparada en dirección hacia la puerta, tan impulsiva como siempre e incapaz de razonar.
Espera, ¿dónde vas? — su amiga decidió seguirla, por si iba a cometer una locura.



****



En el campo de Quidditch, Cassandra se encontraba practicando para sus clases de vuelo, ya que aquel día no había entrenamiento. Entre su mochila, encontró una pequeña bolsa de color marrón y no la reconoció como suya. Se preguntó quién habría puesto aquello entre sus cosas y qué contendría dentro, pero se sorprendió cuando se le explotó en las manos y éstas se tornaron de un color rojizo. Aquello era pintura  y rápidamente sacó un pañuelo, intentando limpiarse.
¿P-pero qué...?
La melena rubia de Dorcas Meadowes se paseó por los terrenos del castillo hasta llegar al campode Quidditch. Cassandra había quedado con ella, ya que querían practicar juntas, así que no tardo demasiado en llegar al lugar donde estaba siendo esperada. Observó con una ceja alzada a la morena.
Pensé que sabías que hay que ducharse todos los días, la higiene es algo muy importante. — bromeó.
No te rías Dorcas, no sé quién ha dejado esto entre mis cosas y ha explotado, suerte que no me ha manchado los libros. — le señaló los restos de la bolsita marrón.
— Mejor vayamos a que te laves y ahora volvemos.


****


Avery, Snape, Regulus y Mulciber se encontraban en los jardines sentados en un banco, tramando alguna que otra broma como venganza por lo que le había sucedido a Snape aquella mañana, cuando de repente unos gritos les alertaron.

¡¿Dónde está Avery?! ¡¿Dónde está?! — gritaba Gy, preguntándole a toda la gente que allí estaba. Lily la sujetaba del brazo, intentando tranquilizarla — ¡Ajá! ¡Ahí estás! — se zafó rápidamente de la otra Gryffindor y corrió en dirección hacia el grupo de Slytherin.El muchacho, advirtiendo lo que iba a suceder, desenfundó su varita, pero el 'Expelliarmus' de la pelirroja causó que aquel gesto fuera en vano. Se abalanzó con rabia sobre Avery, tirándole del banco y cayendo encima de él, de nuevo zarandeándole. — ¡Esto es lo último que me haces! ¡Lo último! ¿Te crees que las pintadas han sido graciosas?
— ¡¿De qué hablas ahora, LOCA?!
— chilló Marcus, sin saber de qué estaba hablando. Severus, Regulus y Alexander intentaban separar a Györgyi del chico, pero ella no lo soltaba. Cass y Dorcas vieron a lo lejos la escena mientras se dirigían hacia los baños.
Ay no, otra vez no. — dijo Cass. Ella y la Hufflepuff corrieron hacia Lily, que observaba todo asustada.
¡Separadla por favor! — les suplicó.
¡Vamos Finkel, suelta a Avery! — le ordenó Regulus.
¡JAMÁS!
— ¡Gy, déjalo!
— pidió Dorcas.
¡Suéltalo! — gritaron todos al unísono, hasta que consiguieron tirar de Gy para apartarla de Marcus.
¿Se puede saber qué te pasa, Finkel? — dijo él, atónito.
No te hagas el inocente ahora, sé muy bien que tú has sido quien ha pintado "ASQUEROSAS SANGRE SUCIA" en nuestra habitación y quien ha manchado nuestra ropa de pintura roja. . — le apuntó con un dedo.
Baja ese dedo. No sé de qué me estás hablando.
— Finkel, estás mal de la cabeza.
— le espetó Snape.
Y si no ha sido Avery, decidme quién de los cuatro ha sido. — inquirió Meadowes.
A ver, y dime por qué hemos tenido que ser nosotros, ¿eh? Podría haber sido perfectamente tu amiguita Burke que tiene las manos manchadas de pintura roja.— Mulciber señaló a la Ravenclaw. Hubo un largo silencio. Gy y Lily se giraron hacia la Raven.
¿Qué es eso, Cass? — Lily no daba crédito.
Dime que no has sido tú. — Gy tragó saliva. Cass abrió la boca, pero no supo qué decir.
Me dijiste que eso era de la bolsa que se había roto. — Dorcas quería explicaciones.
¡Y esa es la verdad! ¡Tú misma lo viste! Y-yo sería incapaz de hacer algo así. — por primera vez, Cassandra sintió que no tenía la situación bajo control como acostumbraba a hacer. Pero ella no había sido y le dolió que dudasen de ella.
Hasta tus amigas te lo dicen, Finkel — puntualizó Avery, para echar más leña al fuego, refiriéndose al hecho de que la habían llamado sangre sucia una vez más.
¡Cállate! ¡Sé que ella no ha sido! — defendió Gy. Un corro de gente estaba visualizando el drama, pero a ninguno de los alborotadores parecía importarle.
Pues yo no me lo creo. — Lily era demasiado racional, aunque en ese momento no lo estuviese siendo realmente. Pensó que las pruebas eran evidentes y que Cassandra había sido la culpable. ¿O quizás simplemente lo creía por los celos que sentía hacia ella? De una manera u de otra, no pudo depositar su confianza en ella. —Tanto estar con Potter te está afectando al cerebro, yo que tú tendría más cuidado— se dio media vuelta y desapareció de allí.


Última edición por F. Gyorgy Finkel el Mar Jun 24, 2014 1:52 am, editado 4 veces
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Re: Rather be. {Fanfic}

Mensaje por F. György Finkel el Sáb Jun 21, 2014 2:17 am


III. Anonymous
Avery, Black, Burke, Evans, Finkel, Fitzgerard, Lupin, Meadowes, Mulciber, Pettigrew, Potter, Snape.

Matthew Blackwood avanzó por los pasillos de las mazmorras de Hogwarts, tan fanfarrón como de costumbre, en dirección a la Sala Común de Slytherin. Una vez allí, se sentó sobre uno de los cómodos sillones de piel y decidió relajarse durante unos instantes. Lamentablemente para él, una serie de gritos interrumpieron su magnífico momento de relajación. Frustrado, se llevó los dedos índice y pulgar al tabique de la nariz y observó lo que venía a continuación:

¡Está loca! ¡Está loca os digo! — y así fue como Avery entró, más irritado que nunca, en la sala común. — Primero me golpea, luego sus amigos vienen a defenderla y me amenazan ¡y luego viene y me golpea otra vez!
Es tu culpa por perder el tiempo con sangres sucia. — replicó Mulciber.
¿Acaso tú no lo haces también? — rebatió Marcus.
Por favor, señores, compostura. — intervino Perseus, el distinguido y reconocido Nott que se hizo de inmediato notar con aquel porte elegante. — Nunca te he visto tan alterado como hoy, querido Avery. ¿Dónde está vuestro esbirro? — inquirió, altanero.
Te agradecería que utilizases otro tono para dirigirte hacia mi, Nott. — Severus Snape apareció de entre las sombras, como si de un espectro se tratase.
No pretendo hacer alarde de nada en especial, Snape, pero creo que tengo el privilegio de dirigirme hacia ti como a mi me de la gana. Hasta donde yo sé tu apellido no tiene el mismo prestigio que el mío y tu vida tiene menos valor. — le dedicó una sonrisa amplia y cínica, muy propia de él. Snape frunció el ceño, claramente ofendido.
Me gustaría recibir una explicación que me indique y aclare por qué estáis tan alterados, pero creo que he deducido la causa y no lo considero algo coherente.—  puntualizó Aldan Yaxley, dirigiéndose hacia Alexander y Marcus.
Bueno, yo creo que si ellos nos buscan, tendremos que responder a sus provocaciones de cualquier manera.
Mulciber, ¿te parece muy valiente atacar a una mujer?   — volvió a decir Yaxley.  
¿Estás poniendo en duda lo hombre que soy?
— Yo no pongo en duda nada, eres tú mismo quien deja tu hombría enterrada bajo tierra.

Mulciber levantó el puño, dispuesto a terminar aquella conversación a base de violencia. Aldan no se inmutó en ningún momento, pero Avery sujetó el brazo de su compañero, impidiendo que pudiera propinarle el golpe.
Por favor, por favor. Debemos relajarnos, el asunto se nos está yendo de las manos y debemos actuar con cordura, no nos dejemos guiar por impulsos. — Marcus había conseguido relajarse y había comenzado a razonar, ya que si no utilizaban la cabeza acabarían por perderla.

Blackwood rió entre dientes, con malicia mientras disfrutaba. La escena, antes sus ojos, era cómica. Para él, aquel debate era absurdo, pues él también se dedicaba a molestar a la leona por la simple razón de que le hacía gracia ver sus reacciones, aunque sí era cierto que si querían hacer las cosas bien así no iban a llegar a ninguna parte. Y sí, sabía muy bien de quién estaban hablando y no era precisamente del grupo entero de Merodeadores. No era novedad que aquel círculo de Slytherin se dedicaba a incordiar a Györgyi hasta el punto de gastarle las peores bromas que se les pudiesen ocurrir y que, en parte, eso era lo que provocaba sus otros enfrentamientos con los Merodeadores. Porque sí, porque ya era algo personal lo que tenían contra ellos.

Pese a todo, bien era sabido que Perseus no intervenía en dichas actuaciones, pues, a su parecer, era rebajar su dignidad al mismo nivel que el de los gatitos. Tenía asuntos de mucha más importancia de los cuales debía ocuparse, no estaba para perder el tiempo con niñerías y ya se había burlado de ellos lo suficiente cuando tenía doce años de edad. Mulciber, por otra parte, simplemente se divertía y disfrutaba a costa de lo que ideaba pero perdía los estribos con gran facilidad. Snape, sin embargo, se defendía, lo cual era muy distinto. James y compañía tenían por muy mala costumbre desquitarse con Severus por la razón que fuese, de modo que éste arremetía contra los amigos de Potter por puro despecho. Es más, fue por esa misma causa por lo que rechazó la amistad de Gy cuando ésta fue a saludarle el primer día de curso. Aldan, comparado con los demás y sin contar a Perseus, era el único conservaba un poco de calma y no solamente porque creyese que recurrir a trapos sucios - que también lo pensaba - era rebajar su dignidad a la de sus contrincantes. No. Ese no era el punto.

Yaxley le tenía un secreto aprecio a la Finkel. Pero era eso, secreto. Su amistad no podía ser conocida por nadie y mucho menos por su padre. Quizás era un acto cobarde el no ser capaz de enfrentarse a nadie de manera directa por ella, pues meramente daba las vueltas que fuesen necesarias al asunto para convencer al resto de muchachos de que no merecía la pena hacerle nada a la chica, pero Gy comprendía que si eso sucedía el problema mayor no sería para él, si no para ella misma. Era, posiblemente, uno de los pocos alumnos de Slytherin con los que mantenía una buena amistad y estaba muy orgullosa de él. Si le sucedía algo a los demás, puede que lo viese incorrecto porque él no estaba a favor de la ideología purista, pero no intervendría de ningún modo. En cambio, si se trataba de alguien a quien le tuviese algo de cariño...No, eso no podía tolerarlo.

Y en cuanto a Avery... ¿Qué excusa utilizaba para molestarlos? ¿Su impureza? ¿Que se juntasen con impuros? ¿O era una razón de mayor peso? Fuera como fuere, perdía el control cada vez que ella le hacía algo y su furia llegaba a niveles tan extremos que se alteraba hasta querer asesinarla y hasta querer enterrar vivos a todos sus amigos. Es por eso, que necesitaba solucionar - a su manera - el problema. Y para él los problemas se arrancaban de raíz.
¿Y bien? — Matthew decidió formar parte de lo que se avecinaba, ya había aguantado lo suficiente tanto drama. — ¿Qué propones? Ilumíname. — ironizó.
Piensan mejor dos cabezas que una.
— No sé, eres tú quien presume de utilizar la cordura. Además de ser el primero en causarnos problemas con ellos.
— No me jodas Blackwood, hazme el favor.

A veces pienso que la lealtad no es uno de los puntos fuertes de Slytherin.— masculló Aldan, más bien para sí mismo y refiriéndose a él más que a los demás. No creía que fuesen a conseguir una buena idea si discutían cada vez que uno abría la boca.
¿Y si me dejáis que lo solucione yo?
Todos centraron su vista en el dueño de aquella voz, que había permanecido callado desde su roce con Perseus.
Cuéntanos, pues, Snape. — Mulciber quiso escuchar.

****

El día posterior fue bastante extraño. Cuando Cassandra pasó por la enorme puerta del Gran Comedor, un profundo silencio se apoderó de todos los alumnos de Hogwarts y todos escondieron algo entre sus piernas, otros le dieron un codazo al de al lado para que guardasen el escrito que ocultaban. La Ravenclaw caminó hacia delante, a la vez que sentía cientos de ojos pegados a su nuca. No comprendía qué se suponía que estaba sucediendo para ser el centro de atención. Cuando fue a sentarse a su mesa, escuchó a un grupo de Slytherin aplaudiéndola. Enarcó una ceja y justo cuando estaba sentada, los compañeros de su casa que tenía al lado, se levantaron y se apartaron de su lado. Astri, Györgyi y Dorcas la observaron desde sus respectivos sitios. Lily, en cambio, fue incapaz de dirigirle la mirada.

Podrías pasarme el agua, ¿por favor? — le pidió, a una de sus compañeras. Esta no respondió. Cassandra estaba comenzando a molestarse. — ¿Estás sorda?
— No, lo que ocurre es que yo no le dirijo la palabra a personas que le hacen eso a sus amigas, disculpa.
— le respondió, secamente. ¿Acaso se había enterado todo el colegio de lo sucedido la tarde anterior? Decidió ignorar el comentario y optó por pedírselo a otra persona, pero también le fue negada la palabra.
¡¿Se puede saber qué os pasa a todos?! — alzó la voz y se puso de pie. Nadie fue capaz de responderla, le estaban haciendo el vacío y lo estaban haciendo muy bien.
¿Quieres saber qué pasa? — se dignó a decir un alumno mestizo. — Esto es lo que pasa. — le tendió una nota que, al parecer, todos tenían y ella la cogió de cierta mala gana.
Sus amigas se levantaron y fueron en dirección hacia ella para intentar impedir que continuase leyendo.
Tranquilízate Cass, es una tontería...No, no leas esto...— Dorcas intentó quitarle el papel de las manos, pero Cassandra movió el brazo un tanto brusca y comenzó a leer en voz alta:

"Queridos compañeros:

Nuestra adorada Cassandra Burke, perteneciente a la casa Ravenclaw, ha estado decicándose a hacer pintadas en la habitación de un grupo de chicas de Gryffindor ofendiendo en particular, a sus dos amigas Lily Evans y Györginna Finkel. Según cuentan las malas lenguas, manchó su ropa de pintura roja y escribió en el interior de un armario "AQUEROSAS SANGRE SUCIA". Después se encontró con las dos afectadas y tuvo el descaro de negarles lo sucedido aun teniendo sus manos manchadas, lo cual la delató y probó su culpabilidad.

¿Os parece correcta esta actitud por parte de la purísima alumna Burke? ¿Cuál será su siguiente movimiento? Impuros, andaos con ojo y yo que vosotros, me alejaría de esta clase de personas, sobretodo si traiciona a sus amigos.

Un saludo, S."


¿Pero qué mierda...? ¡Quién ha escrito esto! ¡Quién ha sido el cobarde — Cassandra arrugó el papel entre sus manos.
Han repartido los anónimos esta mañana, nadie sabe cómo, pero han aparecido debajo de las almohadas de todos. — explicó Dorcas.
No hagas caso de lo que dice ahí, son todo invenciones de gente que no tiene vida. — Astrik también procuro que la ojiazul no perdiese la calma.
Seguro que es cosa de Lily, hasta dónde han llegado sus celos, por Merlín. — dijo Cassandra, dejándose llevar por la leve furia que estaba creciendo en su interior.
No digas pamplinas, Cass, Lily no es capaz de algo así. — replicó Gy — Los anónimos solo pueden ser cosa de una persona a la que le gustan mucho los cotilleos y SIEMPRE sabe todo...
Rita Skeeter. — dijeron las cuatro, al unísono.
Exacto. Si no mirad cómo a firmado. 'S', de Skeeter. Es una suicida.— la pelirroja se encogió de hombros, sintiéndose toda una detective.
Se habrá aliado con la secta purista para montar todo este numerito. — concluyó la Hufflepuff.

Puede que fuese una conclusión un tanto precipitada, pero en aquel momento a nadie se le habría pasado por la cabeza que otra persona pudiera estar involucrada en aquel turbio asunto. Rita Skeeter era la persona que más cotilleos tenía guardados en su cabeza acerca de todo el mundo. Si querías saber algo lo mejor era negociar con ella para que acabase confesándote algún secreto oscuro. Hablaba si le convenía, por supuesto, así que había que ser lo suficientemente astuto como para ingeniárselas y conseguir que dijese lo que tu querías oír. Eso sí, si había alguien capaz de difundir un rumor completamente incierto, era ella y nadie más. Por eso, y mucho más, ella fue el foco principal de toda la culpabilidad y nadie lo dudó.

Cassandra pasó toda la mañana apartada del resto en los ratos que no podía juntarse con las otras casas, de modo que no pudo evitar sentirse marginada. Terminó por importarle más bien poco, pues tenía la conciencia mucho más que tranquila. Mantuvo los ojos fijos en los alumnos de Slytherin que, seguro, tenían que ver con lo que le estaba sucediendo. James, Sirius, Peter y Remus no tenían pensado dejar que semejante injuria continuase difundiéndose, así que se encargaron de retirar los anónimos a todo el mundo, por si alguien, con suerte, no había leído el comunicado todavía y de paso evitar que llegase a oídos de algún profesor. Obviamente, sus amigas también colaboraron, pero el cuento continuaba propagándose como una plaga, hasta terminar convirtiéndose en una historia diferente a lo realmente sucedido e incluso distinta a lo que en un principio se había querido difundir.

Al terminar el día, una pila de papeles de color azul terminó amontonada en las gradas del campo de Quidditch.
Y como vuelva a ver a alguien con un papelito de estos le sacaré un ojo con un tenedor, ¿entendido? — se esforzó por aclarar Sirius, con gesto serio. El grupo de Ravens a quien les decía aquello salió despavorido de allí, asintiendo todos de tal manera que parecía que la cabeza se les iba a desencajar del cuello.
Bien, creo que esto es todo. — Remus se sacudió las manos.
Ahora tendremos que hacer desaparecer esto como sea.
— Muy sencillo colagusano, Evanesco.
— James movió la varita y al instante todos los anónimos desaparecieron.
Gy ladeó la cabeza hacia un lado, luego hacia el otro. Arrugó la nariz, chasqueó la lengua y se dispuso a hablar.
— ¿Ese bicho que está caminado por ahí no es la Skeeter?
Astrik entrecerró los ojos y luego los abrió como platos.
¡Sí! ¡Es ella!
Rita había estado desaparecida durante todo el día, de modo que no habían podido encontrarla por ninguna parte para hablar con ella y preguntarle por qué había publicado toda la sarta de patrañas.
¡Skeeter! — chilló Meadowes.
La rubia ladeó la cabeza y observó a quien había pronunciado su nombre. Hizo un gesto de indiferencia y continuó su camino sin prestarles atención.
Espera. — Astrik bajó corriendo para detenerla. Rita formó una especie de mueca de horror al ver lo que se le venía encima y avanzó con rapidez — ¡No huyas!
Todos alcanzaron a detenerla antes de que se les escapase, así que se situaron en frente de ella, con Cassandra en el medio, cruzados de brazos.
— Skeeter.
— Burke.
— Quiero una explicación.
— Hoy no estoy disponible, si otro día deseas averiguar algo ya sabes dónde encontrarme.
— No, la verdad es que no lo sé porque hemos estado buscándote todo el día para preguntarte por qué has publicado los anónimos y no has hecho más que escabullirte de nosotros.
— Si hablas de las notas que hablaban de ti, que sepas que no he tenido nada que ver. Ha sido magnífico, brillante, chapó para el que lo haya hecho. Pero yo, no he sido. Si me disculpáis, tengo prisa.
— se dio media vuelta, con clara intención de irse, pero Dorcas se lo impidió.
— Ah, no, no. Tú de aquí no te vas. Tú has tergiversado las cosas, tú lo arreglarás.
— Aparta, Meadowes.
— No pienso apart...
— Te ha dicho que te apartes, ¿tienes algún problema de compresión?
— la irritante voz de Mulciber interrumpió a la rubia.
Mulciber este asunto no te concierne, espero que no te importe dejarnos continuar la conversación con Rita. — dijo Remus.
Guárdate tu palabrería, Lupin, no hemos venido a hablar con vosotros si no con Skeeter. — explicó Snape. — ¿Nos acompañas?
Rita vaciló unos instantes. Miró a ambos grupos. Mulciber le tendió la mano, como si fuese todo un caballero.
Está bien, vayamos, chicos. — Mulciber y Snape salieron acompañados por Skeeter, que tomó con gusto la mano de la serpiente.


Última edición por F. Gyorgy Finkel el Mar Jun 24, 2014 1:47 am, editado 1 vez
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Re: Rather be. {Fanfic}

Mensaje por F. György Finkel el Lun Jun 23, 2014 10:12 pm


IV.Celos, celos everywhere
Avery, Black, Bones, Burke, Meadowes, Mulciber, Nott, Skeeter, Snape, Yaxley.

Amelia Bones iba cargada hasta arriba de libros mientras doblaba la esquina de unos de los pasillos del castillo. Llevaba la lengua fuera, clara señal de que llevaba mucho peso y estaba procurando conservar el equilibrio, pero tenía prisa, la biblioteca estaba a punto de ser cerrada. Cuando volvió a girar en una esquina, tropezó y cayó al suelo. Había chocado con una figura masculina que le resultó familiar. El joven le tendió la mano, ayudándola a incorporarse.

¿Se encuentra bien, señorita Bones? — Perseus Nott esbozó una sonrisa brillante, dejando relucir su impecable y perfecta dentadura. Después se agachó, ayudando a la joven Hufflepuff a recoger los libros. ¿Por qué siempre se encontraba con él de aquella manera? En verano, justo antes de iniciar las clases, había manchado su gabardina de helado y ahora se caía ridículamente. Sus mejillas enrojecieron y creyó que le estaban ardiendo. — Espero no haberla hecho daño.
Perseus, por favor, te he dicho muchas veces que no me trates de usted, me haces sentir mayor. — miró hacia los lados y soltó una risita ingenua. Todo el mundo había notado la timidez de Amelia al hablar y eso le había resultado incómodo, además de que la presencia del chico la hacía temblar en cierto modo.
Bueno, te llamaré como gustes. — nadie podía negar que el varón de los Nott era todo un galan con las damas, pero su fama de mujeriego era algo que no terminaba de convencer a la dulce Bones. — ¿Hacia dónde te dirigías? Puedo acompañarte y llevarte esto.
Oh, no, no es necesario. — negó ella. Encima de que había sido su culpa el incidente, no iba a hacerle llevar todo aquello.
Insisto, te acompañaré.
Y no hubo manera de decirle que no. Además, disfrutaría de su compañía, así que no le suponía ningún inconveniente que el Slytherin fuese con ella hasta su destino.
Iba hacia la biblioteca, tengo que devolver todos esos libros. — se acarició uno de sus brazos. Pers observó alzando las cejas lo que llevaba entre sus manos. No es que a él no le gustase leer, es más, solía devorar libros. ¿Pero tantos?
Vaya, por lo que veo eres una gran lectora.  — el procuraba darle tema de conversación, y no precisamente porque le importase mucho lo que fuese a responderle. Él tan solo quería escuchar su voz. Para él, era agradable, melódica. Casi como una canción.
Bueno...  — se echó un mechón de cabello hacia atrás — Quizás leo demasiado. — por un momento, Amelia creyó que al chico Slytherin no le agradarían los ratones de biblioteca. No se fijaría en mi de todas maneras, no sé en qué estoy pensado, además, seguro que es igual con todas.
Pues continúa leyendo y no molestes a mi hermano.
Perseus ni siquiera tuvo tiempo para responder a la Hufflepuff, cuando la voz de su melliza les interrumpió. Alathea Nott no era, ni por casualidad, una joven como las demás. Tampoco era como las demás alumnas de Slytherin. No. Thea era una persona compleja, difícil de tratar, pero tenía las ideas bien claras. Y una de esas ideas era que no quería a su hermano cerca de nadie que a ella no le gustase. Puede que fuera una actitud egoísta, pero se esforzaba en protegerlo y las juntas de Amelia Bones no le agradaban lo más mínimo, y no precisamente por el tema de la pureza de la sangre, ya que a ella le importaba un comino.
Thea, sé un poco más educada.  — le reprochó su hermano, con un ápice casi imperceptible de ironía en el grave tono de su voz. Amelia se mordió el labio inferior.
Quiero hablar contigo.  — comentó la Slytherin, cruzada de brazos.
Bien, pues luego nos vemos, ya sabes dónde.
Ahora.
Perseus cerró los ojos y suspiró profundamente, estirando las comisuras de sus labios hasta formar algo semejante a una sonrisa hipócrita. Los arrebatos de celos eran algo que no entraba dentro de su lista de cosas que podía tolerar. Carraspeó.
He dicho, luego. — susurró, severo, remarcando la última palabra. Alathea se estiró, buscando una respuesta adecuada, pero la mirada de Perseus la detuvo. Compostura. No lo dijo, pero ella lo entendió. — Disculpa a mi hermana, está un poco alterada.
De acuerdo, querido, luego nos vemos. — le dedico una sonrisa forzada a sus dos acompañantes y se dio media vuelta, con cierta indignación perfectamente disimulada. Alathea no acostumbraba a aceptar órdenes de nadie, le gustaba tener todo bajo control y ser ella quien impusiera las normas. Pero Perseus era imperturbable e iniciar una discusión en mitad del pasillo no le traería buenas consecuencias a ninguno de los dos. La mesura era una cualidad que no debía faltar en los Nott. En ocasiones, Perseus se parecía tanto a su padre, que Alathea sentía que iba a perderlo por completo y que iba a convertirse en un monstruo también. Y es que no quiso que él perdiese su humanidad. Porque Perseus tenía un corazón, duro y frío, pero lo tenía.
Amelia a penas comprendió lo que sus ojos acababan de contemplar, pero no se sintió atacada, de modo que optó por no hacer ningún tipo de comentario con el que pudiese meter la pata.

****
Rita Skeeter se encontraba sentada en uno de los sillones de la Sala Común de Slytherin, rodeada por cinco compañeros de su misma casa, casi arrinconada, con la espalda bien pegada al respaldo. Miraba de un lado a otro, inquieta. Realmente no tenía consciencia de ninguna de las cosas que la habían acusado anteriormente, así que tampoco tenía muy claro qué iban a preguntarle ahora Mulciber y su círculo de amistades. Aquello parecía un interrogatorio, ya que a penas una ténue luz iluminaba la estancia, dando de lleno en el rostro de la rubia.
Cuéntanos quien te dijo que escribieras el anónimo. — inquirió Snape. Rita, como era de esperar, no se sintió presionada por Snape. Aquel muchacho no imponía más que un trozo de patata por más que se esforzase en que eso fuese así. Quien le hubiera visto y quien le viera años después. Un cambio total, pero ya sabe, nada es como tú te esperas. Skeeter estiró la espalda, cruzándose de piernas y alzando la cabeza, engreída.
No sé de qué me estáis hablando. — no estaba diciendo nada incierto, pero quién iba a creerla si siempre mentía, inventaba o tergiversaba las cosas.
Rita, nos conocemos. — Avery estaba siendo paciente.
Si supiera algo, os lo diría. ¿O no sois mis compañeros y puedo confiar en vosotros? — cínica, como de costumbre, no soltó ni una sola palabra. ¿Pero qué iba a soltar si no sabía nada? Se planteó inventarse algo, pero no lo consideró la mejor opción porque podría armarse una grande.
Claro, por eso mismo, te pido, por favor... — Mulciber se movía de un lado a otro, en círculos. Odiaba tanto estar perdiendo el tiempo que, de no ser porque era una chica, le habría sacado la información a su método. El tradicional, solía llamarlo. Consistía en un puñetazo en el ojo. Tal cual. — Que nos cuentes quién hizo la pintada. ¿Acaso fuiste tú? Todos aquí sabemos que Burke no es culpable.
Ella movió la cabeza, nerviosa.
No,no,no,no,no. — repitió, varias veces. — Yo no he tenido nada que ver. Pero ni con eso, ni con el dichoso anónimo. ¿Me ves con cara de firmar un anónimo con una 'S' siendo consciente de que podrían culparme a mi al instante? Soy mucho más astuta de lo que serás tú jamás o, por lo menos, inteligente. — los muchachos se miraron entre ellos. Eso era más que cierto, Rita no era tan descuidada. A Yaxley no le interesaba ese asunto, pero estaba presente, escuchando atento, nada más por mera diversión. Se reía de ellos, para qué negarlo, así que ni siquiera opinó.
Punto para ti, Skeeter. — Mulciber dio una palmada, enervado.
Y mi pregunta es, si no has sido tú, ¿entonces quién? — Marcus la observó expectante, con fe en obtener una respuesta. Fueron cinco segundos largos, eternos. Ella se encogió de hombros. Él tensó la mandíbula.
La cotilla...Perdón, Rita, no entendía para qué querían saber quién había escrito el anónimo y quién había gastado la desagradable broma a las dos leonas. Además, si ella no lo sabía, entonces era imposible que alguien que no fuese el culpable pudiera saberlo.
Mulciber...Antes has dicho que todos aquí sabéis que Burke no ha sido la responsable. ¿No tendrás tú que ver con el asunto? — comentó sagaz. Quería descentrar la atención de los presentes de ella, así que el juego de culparse unos a otros había comenzado. Todos giraron la cabeza para mirarle.
Casi cuela, Rita. Y digo casi porque...Porque mi redacción no es buena. — Yaxley aguantó una risotada en cuanto Alexander dijo aquello. Mulciber le fulminó con la mirada. No tenía muchas luces y no era un alumno que destacase por su brillante ortografía, pero debía admitirlo si quería quitarse las miradas de encima.
¿Mulciber? ¿Escribiendo un anónimo? Por favor... Si a penas sabe escribir su nombre. — dijo Regulus, entre risas. Alexander hinchó los agujeros de la nariz, furioso. Black carraspeó, dejando de reír para evitar una masacre.— Quiero decir que...Que él es más perspicaz a la hora de hacer esas cosas. — se refirió a las pintadas.
Bueno, entonces será cierto que fue Avery... — Rita se miró las uñas.
Ajá. Claro, no tengo nada mejor que hacer con mi vida que dedicarme a comprar papeles azules y escribir mariconadas sobre ellos. — respondió al ataque, sarcástico.
¿Y esa nueva afición a qué se debe?
Estaba siendo sarcástico, Rita — masculló.
¿Y tú qué, Yaxley? — la bola le llegó a Aldan, que hizo un gesto con la mano, indicando que pasaba del tema.
Me importa una mierda. — sentenció, procaz, pero sin perder la calma.
Pero una bombilla se encendió en el cerebro de Snape, de nuevo. Rita tenía un trabajo que hacer.
****

El Bosque Prohibido era un lugar frecuentemente visitado, pese a que su nombre indicase bien claro que era un sitio al que estaba prohibido acudir. Alathea estaba sentada encima de una de las enormes raíces que sobresalía de un árbol, paciente. Perseus no tardó demasiado en aparecer.
¿Puedes decirme qué era lo que querías? — le espetó.
Soy tu hermana, no me hables así.
Tu actitud ha sido infantil y lo sabes. — reprochó. No pretendía hacer que ella se sintiese mal, pero debía entender que... Bah. — Ven. — terminó por decirle, suspirando y rodando los ojos. — Pero deja de hacer pucheros. — Alathea sonrió con satisfacción y de un salto abrazó a su hermano. Era consciente de que él no podía negarle nada, absolutamente nada.
Me he sentido ofendida cuando me has hablado así delante de Bones. — se quejó, aún entre sus brazos.
Pero no has sido correcta. —acaricio el negro cabello de la joven con delicadeza.
Simplemente no me agrada. No quiero que hables con ella. — egoísmo, puro y duro. Era completamente injusto que Thea tuviese que decir con quién podía hablar su mellizo y con quién no, por el mero hecho de que a ella no le agradasen ciertas personas que a él sí. Perseus se apartó unos pasos y Thea frunció el ceño.
Pero a mi sí me agrada. — hizo una pausa — No puedes decidir sobre mi vida. Suficiente tengo con que nuestro padre decida por nosotros.
Vas a casarte, debes dar buena imagen. Todo el mundo sabe tu compromiso con Cassandra. ¡Y sí! Ella es una promiscua que está saliendo con James y tirándose a Sirius en el escobero más cercano que tengan a la vez que está prometida contigo. ¿De verdad te parece que tú debes actuar como ella y tirarte a cualquiera? — para ella el hecho de ir de cama en cama no le agradaba en absoluto. Le parecía poco adecuado, impropio de una señorita. Perseus procuro guardar la calma y no dejarse llevar por la frustración que le provocaban aquellas palabras, en su mayoría, ciertas. Restregarle que debía dar buena imagen cuando él estaba más que obsesionado con ese asunto, fue un verdadero golpe bajo, un ataque muy gratuito.
No vayas por ahí...No vayas por ahí, Alathea. No quiero acabar mal, no hoy.   — le advirtió. — En ningún momento he dicho que fuese a tener ningún tipo de relación con Amelia. Es mi amiga, punto y final. — quería dar por finalizada aquella conversación, pero la sangre le hirvió y tuvo que decirlo. — Sabes que no te digo nada cuando te codeas con Yaxley, piensa en qué opinaría la familia de Fisher si lo supieran. — y boooooom, aquel comentario cayó como una bomba de relojería. Silencio sepulcral. Ansiedad. Alathea comenzó a respirar aceleradamente.
Retíralo, Perseus. — le pidió.
Cuando dejes de inventar historias. — imperturbable, de nuevo, no cedió.
Bien, me parece muy bien. Tú eliges, o continúas viéndote con Bones, u olvídate de dirigirte hacia mi como hermana. — chantajista como ella sola, le amenazó. Él no quiso entrar en ese juego, Alathea era muy madura, pero si se dejaba llevar por la ira podía decir cosas que carecían de sentido.
Párate a pensar un segundo en lo que has dicho. — rió Perseus. Se lo tomó a broma, ¿de verdad esperaba que se tomase esa frase en serio? Ella apretó los labios y chasqueó la lengua.
Ridículo, ha sido ridículo. Lo sé. — admitió, entre dientes. — A ver si acabamos con estos compromisos de una vez por todas, no quiero casarme. — decidió cambiar de tema, recordándole a su hermano que aún tenían un plan pendiente por llevar a cabo. Él miró hacia otro lado, con los ojos fijos en algún punto muerto. Alzó la cabeza, con orgullo. Tenía todo bajo control y pronto sus compromisos concertados desaparecerían.

****

El cabello oscuro de Sirius ondeó al viento y formó una sonrisa seductora en su rostro cuando un par de jovencitas de Ravenclaw se pasearon contoneándose por delante de él. De pronto, sintió un leve empujón a sus espaldas, que le hizo perder el equilibrio pero sin llegar a tropezarse. Las chicas rieron tontamente. Cassie intentó ocultar su diversión y Sirius puso los ojos en blanco durante un segundo.
No me arruines los ligues, Cassandra.
Los arruinas tú solo con esa cara.
Y bien que te encanta, preciosa. — le guiñó un ojo.
Oh sí, ya sabes que me muero por ti.  
Sirius guardó silencio al escuchar su último comentario. Ella no se arrepintió en asboluto de haber dicho aquello, pero tampoco se negó a sí misma que fuese cierto.
No te lo creas, Black, estoy bromeando.  — le susurró.
Vaya, por un momento me lo había creído, como tienes unos dotes espectaculares para la interpretación...  
Y bien que todo el mundo aquí se cree que estoy con James. ¿O no?
Ni que yo tuviese algún inconveniente. ¿Lo tienes tú?
No.
Pues ya está, no me arruines los ligues.
Por favor, ni que tuviese interés en espantar a tus groupies.
Al parecer sí.
Pues no.
Ajá.

Cassie le dio un codazo a su amigo. Solo bromeaban, o eso preferían creer. Después de todo, lo suyo se había acabado, por mucho que las malas lenguas dijesen que acostumbraban a verse en el escobero que más a mano tuvieran. ¿O acaso ésto último era cierto? A Dorcas no le gustaba oír eso. Y Cass lo sabía. Más de una vez había pensado que no era tan buena amiga como le gustaría creer, pero tampoco se habían parado a hablar del asunto para llegar a un acuerdo. Bah. ¿A qué acuerdo tenían que llegar? No había nada entre Sirius y Cassandra, ¿no? Pues ya está. Fin.
¿Cómo estás llevando lo de 'el crimen'?
Bueno, desde ayer nadie a vuelto a dirigirme la palabra a parte de vosotros. El que haya hecho esto ha conseguido que en dos días tenga peor fama que la que me he ganado en seis años. Le felicitaré con un Avadra Kedravra en cuanto averigüe quién es.  — se encogió de hombros. Mientras fuesen sus amigos los que confiaban en ella no le importaría que mil personas más no la creyesen. — No ha sido Rita, no han sido Mulciber y su secta tampoco...No encuentro más posibles culpables.
A mi me sigue pareciendo sospechoso que le salvasen el culo a Rita cuando estábamos hablando con ella. Quizás se traen algo entre manos.  — Sirius encendió un cigarrillo y Cassandra se lo quitó de la boca, llevándolo a la suya y dando una larga calada. — Ladrona.
No me atribuyas más delitos, por favor.  — ambos rieron, sin a penas darse cuenta de que Dorcas Meadowes llevaba cinco minutos delante de ellos. Chasqueó los dedos, haciéndose notar.
¿Interrumpo?— Sirius y Cassandra pararon de reír.
No, ¿cómo crees eso? Anda, boba. — le dijo la castaña, agarrándola del brazo y echándola hacia ella. Sintió un leve remordimiento, pero cuando Dorcas sonrió, se le pasó.

Durante las semanas posteriores los problemas no mejoraron. Aquel pérfido individuo continuó haciendo de las suyas, quemándole unos zapatos a Dorcas y culpando a Astrik, enviado cartas secretas a James a nombre de Lily y culpando a Sirius de burlarse de él y otra serie de acciones con unas muy evidentes malas intenciones. Pese a todo, no conseguía levantar desconfianza entre aquel grupo de amigos y estaba comenzando a desesperarse. La única que había decidido separarse del todo de los Merodeadores y sus amigas, había sido Lily Evans desde uno de los primeros incidentes. Los Merodeadores no eran tan obtusos como para no darse cuenta de que alguien estaba intentando separarlos, así que estaban más unidos que nunca. La cuestión era el por qué. ¿Qué se proponía aquella persona? ¿Con qué fin? Y lo mejor, ¿quién coño era?

Lo gracioso, es que después de que descubrían - aunque lo sabían desde el primer momento en el que unas pruebas de cierta broma señalaban a un compañero suyo - que la persona supuestamente culpable era inocente, las siguientes evidencias siempre apuntaban hacia Snape y sus amigos, lo cual ya resultaba tedioso para ellos porque por desgracia tampoco tenían nada que ver. Si bien es cierto que Severus se traía algo entre manos, no era eso precisamente.
Nuestro querido (o querida) agitador decidió pasar a algo... A algo mayor.



F. Györgyi Finkel

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Re: Rather be. {Fanfic}

Mensaje por F. György Finkel el Mar Jun 24, 2014 9:05 am


Finkel
Avery, Diggory, Evans, Finkel, Snape.

La brisa mecía suavemente el cabello pelirrojo de una niña de cuatro años que se balanceaba de un lado a otro en los columpios de un bonito parque de Munich. Sus pequeñas piernas ni siquiera rozaban el suelo, pero poco le importaba cómo fuese a bajar de allí. Dio un salto, valiente y cayó de bruces a la arena. Sus pecosas mejillas se llenaron de tierra y su ropa se ensució. Observó sus rodillas, levemente rasguñadas. Pese a todo, no lloró. Se encogió de hombros y sacó de un bolsillo un caramelo con sabor a limón. Avanzó tambaleándose hasta un banco e intento sentarse sobre él, sin poder alcanzar a subirse. No prestó atención a los pasos rápidos que se aventuraban hacia ella, después de todo, llevaba más de dos horas en el parque sin compañía de ningún adulto.
Tan solo reaccionó cuando cayó en la cuenta de que era su hermano mayor quien la observaba fijamente, quien se mantenía agarrado a la pierna de un hombre mayor. Esbozó una sonrisa tierna que iluminó su rostro de felicidad. Pero el rostro de su tío Dominik no mostraba la misma felicidad.
¿Ha vuelto ya mamá con el bebé gordo? — preguntó. Había aprendido a hablar con cierta rapidez, pero aún balbuceaba palabras que costaba comprender. El bebé gordo era su recién nacido hermano.
No cielo, mamá y papá están haciendo un viaje. Un viaje largo.

Györginna despertó sobresaltada, con la frente perlada de sudor y la respiración más agitada de lo normal. Lily encendió la luz.
¿Estás bien? — le preguntó, incorporándose y acercándose hacia su cama. Se sentó a sus pies y se inclinó hacia ella para acariciarla. Gy asintió repetidas veces con la cabeza.
S-sí. Sólo necesito despejarme. Estaba soñando q-que el pelo de Snape cobraba vida y me perseguía por todo el castillo. — rió tontamente. Lily suspiró más tranquila. Es posible que Evans se hubiese alejado de los Merodeadores, pero aún seguía queriéndolos.
Gy, no me des esos sustos la próxima vez, ¿de acuerdo?
Asintió, forzando una sonrisa y Lily besó su frente, maternal. Apagó la lámpara de su mesilla segundos después y no tardó demasiado en volver a conciliar el sueño. Nadie más se había despertado. György dio vueltas en la cama. De lado, hacia arriba, boca abajo. Una y otra vez, repitiendo el mismo proceso de manera continua. Terminaba mirando el techo, la noche se le estaba haciendo eterna. Se levantó con sigilo, y salió de su habitación. Necesitaba respirar aire fresco. Hacía frío, tanto, que podría haber enfermado, pero no se había molestado en coger algo de abrigo. Se dirigió a una de las torres del castillo, en silencio, con cuidado de no ser vista desvelada a aquellas horas. Estaba acostumbrada a llorar cuando se encontraba sola, así que no fue raro que sus ojos se aguasen y comenzasen a escocerle. Vagó por los pasillos hasta acabar en uno abandonado. Observó la luna desde aquella enorme ventana  y se subió al alféizar, manteniendo el equilibrio. No miró hacia abajo, pero tampoco tuvo miedo de caerse. Se sentó, con los pies colgando hacia el vacío.

Aquella pequeña niña abandonada en un parque era ella. Ese día había estado con sus padres jugando en el parque, mientras sus hermanos se quedaban bajo el cargo de sus tíos, que habían venido a hacerles una visita desde Londres. Gy se había empeñado en ir a jugar al parque, y sus padres la habían complacido porque era la niña de sus ojos. Ella los vio desaparecer, pero se quedó allí, esperando a que regresasen en su búsqueda. Jamás volvieron. En pocas horas sus cuerpos aparecieron sin vida. Llevaba años culpándose por ello, años cargando con aquel cargo de conciencia aun sabiendo que no era culpa suya. Sus padres murieron luchando contra algo que desconocía, pero los recordaría eternamente. Por ello, defendía su apellido día tras día, siendo consciente de que las vidas de sus padres fueron cobradas por un buen fin. De ahí, surgió su odio a todo purista. Y de ahí, también, derivó su profunda hostilidad hacia Marcus Avery.

Vas a caerte si no te bajas.
Ladeó la cabeza, esperando encontrarse con un profesor o con Filch y su horrible gata, con la clara certeza de que recibiría un castigo. Para su sorpresa, aquellos profundos ojos azules que tanto adoraba se encontraron con los suyos, interrogantes.
Marcus, ahora no es el momento.
Él no le hizo demasiado caso, simplemente se acercó a ella y la sujetó por la cintura desde su espalda, echándola hacia atrás, de modo que la bajó de la ventana sin que ella pudiese resistirse.
¿Qué haces?
No te tengo mucho aprecio, pero no quiero que te suicides, prefiero matarte yo. No sé si me entiendes.
Te he dicho que no es el momento para que me molestes.
¿Has estado llorando, Finkel?
Ella giró la cara, a penas iluminada por la suave luz de la luna, pero el brillo de sus ojos la delató. Tampoco iba a afirmarlo, pero negarlo no serviría demasiado.
—  No seas ridículo, yo no lloro. No soy como esas niñas tontas con las que te juntas.
Él rió levemente.
—  La ridícula eres tú. Admite que has llorado.
¿Te importaría dejarme a solas?
Sí, sí me importa.
Hubo un breve silencio, hasta que uno de los dos tuvo el valor de hablar.
Yo vine primero, hazme un favor y lárgate. — respondió ella, quebrantando la paz de la noche, arisca, agresiva como de costumbre. Él, como es lógico, le hizo caso omiso y permaneció frente a ella, sin a penas moverse. — Ahora además de idiota, eres sordo.
Te estoy oyendo, simplemente no te presto atención.
¿Entonces qué miras tanto?
Avery reaccionó de inmediato, dejando de observarla de aquella manera y desviando la mirada hacia otro lugar. Avanzó hacia la ventana, apoyándose en el alféizar. Ella permaneció en el sitio, siguiéndole con la mirada.
¿Qué haces despierto a estas horas? — quiso saber.
Lo mismo que tú, posiblemente.
Lo dudo.
Él se dio la vuelta, apoyando los codos en la ventana.
Entonces dime, ¿por qué llorabas?
¿Todavía sigues con eso? ¡Cállate ya! — chilló, casi sin darse cuenta. Él llevó una de sus manos a la boca de ella, tapándosela y la arrinconó contra la pared.
¡Shhhst! Calla o alguien va a descubrirnos. — le susurró. Si bien era cierto que no hacían nada malo, no eran horas para pasearse por los pasillos. — Si te destapo la boca prométeme que no vas a hacer ningún ruido. — ella asintió con la cabeza y él retiro su mano.
¡Eres un idio...! — volvió a tapar su boca, esta vez aguantándose las ganas de reír. Ella le chupó la mano, esperando que la soltase.
Joder, Finkel, que difícil eres. Y deja de chuparme la mano,  a ver si vas a pegarme una enfermedad . ¿Vas a callarte ya? — ella rodó los ojos y él formó una sonrisa de satisfacción. La soltó, confiando en que dejaría de gritar porque de lo contrario los descubrirían a ambos y, posiblemente, le restasen puntos a sus respectivas casas.  A Gy se le cayó un tirante del camisón, resbalando por su hombro, y Avery reparó en aquel pequeño detalle. Después, un tanto avergonzado, retiró la vista.
No mires ahí, imbécil. — la Gryffindor se subió el tirante antes de que continuase cayéndosele la ropa. No quería acabar desnuda delante de un lagarto como él.  Estaba ruborizada, pero consiguió camuflarlo, altanera.
Anda, toma. — él le tendió el abrigo que llevaba puesto, al tiempo que miraba hacia otra parte. Se habría arrepentido de hacerlo, si es que no lo estaba haciendo ya, pero fue un acto reflejo, un impulso que no pudo evitar. — Lo lavaré con lejía y amoniaco cuando me lo devuelvas, prefiero que se calcine.
Gracias, quizás así no muera de frío pero moriré de asco.
Y aquellas fueron las palabras más bonitas que se dedicaron en la oscuridad, evitando mirarse, evitando dejarse llevar. Se quedaron allí, ninguno se marchó por orgullo. Callados, vieron el amanecer.

****

A la mañana siguiente Györginna estornudó un par de veces antes de terminar de regar las plantas de los jardines.  No es que lo estuviera haciendo por gusto, ya que tener alergia al polen y dedicarse a regar y a podar plantas significaba ser una suicida, además tampoco entendía por qué tenía todo que hacerlo al método muggle. O mejor aún, no comprendía por qué cada vez que la castigaban tenía que realizar todo sin poder usar un ápice de magia. Vale que hubiese que cumplir las penitencias de manera manual  para dificultar la tarea, ¿pero había que exagerar tanto? Que sí, que era mestiza y vivía con muggles, pero no le resultaba gracioso tener que realizar los mismos trabajos que llevaba a cabo en casa de su tío Dominik y tampoco tenían por qué restregarle constantemente que era impura. Dichosos profesores puristas, pensaba. Y ya, lo que la desconcertaba por completo, era que estuviese cumpliendo un castigo que no le correspondía. Porque claro, como Gy era escandalosa, una alborotadora y una niña sin modales - o así la había definido una profesora -, tenía que quemarse a sí misma su túnica para llamar la atención. ¿Eran todos idiotas o algo así? No hacía falta tener demasiada inteligencia para reparar en que no había tenido nada que ver con que la parte inferior de su túnica comenzase a arder en mitad de clase de Encantamientos. Hasta Mulciber se habría dado cuenta. Además, se había quedado dormida encima de su pupitre. ¿Ahora tenía poderes psíquicos y podía quemar cosas mientras dormía? Por favor.

¿Se puede saber qué estáis mirando? — preguntó, frunciendo el ceño, a un grupo de Slytherin que se habían dedicado a observarla entre risas. — ¡Vamos! ¡Fuera! — les apuntó con la manguera y comenzó a lanzarles agua para que se marchasen. Se rió entre dientes más que divertida en cuando huyeron empapados. — ¡Para que aprendáis a respetar a los Finkel!
Debería restarle puntos a Gryffindor por esto. — aquella voz masculina a dos centímetros de su nuca causó que se sobresaltase y diese un pequeño brinco, alarmada.
Mira, culebra, si vienes a fastidiarme vas a tener que... — Gy se calló de golpe al reconocer la voz de Diggory al mismo tiempo que se giraba y le empapaba con el agua que desprendía la manguera. — ¡Por Merlín! ¡Lo siento, lo siento! — gritó, intentando secarle con su túnica o, mejor dicho, con los restos de la misma, que tenía la parte de abajo completamente chamuscada. — Pensé que eras un lagartijo de esos que venía a molestarme y...y...y... — no supo qué más decir, así que se lanzó a su cuello, abrazándole con fuerza.
Eh, tranquila Gy.   — sonrió ampliamente y le acarició la cabeza, con cierta ternura. — Sé que te he asustado, no pasa nada. — cuando ella se apartó, terminó de limpiarse las gotas de agua que perlaban su frente.  La pelirroja estaba levemente avergonzada, y desvió la mirada, sintiéndose torpe.
Ya sabes que soy un poco cabeza loca...— volvió a intentar disculparse, pero no encontraba las palabras adecuadas, así que tan solo se le ocurrió revolverle el pelo, que estaba completamente húmedo.
Y ya sabes tú que a mi eso no me preocupa.

Y aquello no era ninguna mentira. A Amos Diggory poco le importaba cómo fuese la actitud de György, básicamente porque la quería y, cuando quieres a alguien, no suele importarte ni siquiera cómo la ven los de tu alrededor, si no sólo cómo la ves tú mismo. Probablemente, estuviese un poco ciego, pero no exactamente por cómo era ella, más bien era otro punto. Sí, las dudas de Gy - las cuales Diggory jamás notaba - eran ese otro punto.

Sé que hemos quedado después de comer. — ella alzó los brazos, en señal de que no hacía falta que dijese nada al respecto. — No lo he olvidado. — negó un par de veces con la cabeza. Gy solía ser poco puntual y muy olvidadiza, pero jamás se le olvidaba cuándo, dónde y a qué hora había quedado con Amos.
Debo admitir que había venido a verte para recordártelo. — el Hufflepuff se rió y ella rodó los ojos, frunciendo el ceño y cruzándose de brazos. — Es broma, no seas boba. — Gy continuó intentando fingir que estaba molesta, pero se echó a reír y no pudo contenerse por mucho más tiempo. — En realidad he venido porque quería saber — señaló su túnica —, qué es lo que te ha sucedido hoy.

La Gryffindor se mordió el labio inferior y miró hacia el suelo durante unos segundos. ¿Por qué todo se propagaba tan deprisa en aquel colegio? No le agradaba que Diggory se hubiese enterado del incidente ocurrido aquella mañana, porque sabía que no le iba a gustar lo más mínimo y que investigaría por su cuenta hasta averiguar quién había sido el culpable. Sin embargo, no tuvo más remedio que hacerle un resumen o de lo contrario estaría preguntándoselo hasta sonsacárselo.
Nada importante. Se quemó.
¿Y qué más? — inquirió.
Pues...Me culparon a mi misma de quemarla y por eso estoy aquí. Pero te juro que yo no fui. Estoy loca, pero no quiero matarme. — estornudó de nuevo al terminar la frase.
Anda, deja de regar las plantas, se te está poniendo la nariz como un tomate. Hablaré con Dumbledore sobre todo este asunto.
No, no, no. —hizo aspavientos con las manos — No importa. Soy Gy, por favor Diggy, tengo más de siete vidas.

A Gy en realidad, le resultaba extraño que los profesores no estuviesen al corriente de lo que estaba sucediendo entre las paredes del castillo. ¿No les resultaban sospechosos todos los 'accidentes' que estaban ocurriendo?  Pese a ello, algo le decía de que Dumbledore sí tenía que saberlo. Ya no eran bromas desagradables, a Dorcas le habían quemado unos zapatos y a ella la túnica. Se preguntó qué sería lo siguiente.
Claro que importa, podrías haberte hecho daño.
Pero no me lo he hecho. — Gy estiró las comisuras de sus labios, formando una sonrisa cálida, con la intención de calmarlo. Él iba a añadir algo más, alzando el dedo, pero el dulce beso que posó Gy sobre sus labios, lo calló.

****

¿Es cierto que te has quemado la túnica? ¿Querías matarte? ¿Estás bien? ¿Seguro de que no necesitas ir al psicólogo? ¿Te duele algo? Aquellas eran unas de las pocas preguntas que le habían hecho a Györginna a lo largo de aquella mañana. En realidad, no le importaba tener que dejar claro que ella no había hecho nada, pero tampoco iba a perder el tiempo haciéndolo porque era un tema que le importaba un comino. Su cabeza había permanecido centrada en otra cuestión que, para ella, era muchísimo más relevante en su vida. Sería la primera vez en años que iba a hacer algo semejante, pero estaba muy dispuesta, quizás porque consideraba que en ocasiones apartar su soberbia no era perder la dignidad, sino todo lo contrario. Claro que, si deseaba poder hacer lo que había estado planteándose, primero debería encontrar a cierta persona. Y es que la noche anterior, muchas dudas le habían surgido. Más que antes.
Avanzó con rapidez por los pasillos de castillo, sin tener demasiado claro hacia dónde debía dirigirse. Miraba de un lado a otro, impaciente, aunque a decir verdad no tenía prisa alguna, ella ya había terminado sus clases y tenía una hora libre.
¡Quejicus! Digo...Severus. — intentó aguantarse una risita mientras se acercaba a quien había divisado a unos escasos metros de distancia.
¿Qué quieres, Finkel?
Severus y Finkel. Curiosa combinación. Snape fue una de las primeras personas que la pelirroja conoció en el Andén, como también fue una de las primeras personas con las que intentó mantener una buena relación. No obstante, según avanzó el tiempo, nunca consiguieron que esa amistad llegase a cuajar, porque James era el mejor amigo de György y Severus jamás le había soportado. Aquello les distanciaba e, incluso, volvía arisco al Slytherin, de modo que no tenía por costumbre dirigirse hacia ella adecuadamente, así que la leona no consideraba que tuviese razón alguna para respetarlo si ella no era respetada también.
¿Has visto a Avery?
Snape la miró fijamente, callado. A Gy no le agradaba aquella expresión constantemente mustia que reflejaba en su rostro. Es más, podría decirse que hasta le preocupaba ver aquel gesto apagado, lejano a toda emoción que no fuese la tristeza y melancolía. Chasqueó los dedos y pasó después una de sus manos por delante de él.
Eh, espabila Snapy. ¿Estás bien? ¿Has entrado en trance? ¿Estás contactando mentalmente con tu secta purista? ¿Eh? ¿Eh? ¿Eh? ¡Que me digas algo, que me asustas, cara de mazapán! — le zarandeó, nerviosa.
¡Para Finkel! — aturdido, volvió en sí. — ¿Para qué quieres ver a Avery? Si tienes algo que decirle, puedo decírselo yo por ti. — ella se encogió de hombros ante su pregunta.  No era de su incumbencia. — ¿Qué es eso que escondes detrás de ti?
¿Eres su representante? Quiero decir, si hay que pedir cita para poder hablar con él mejor me espero a que me des hora. — el abrigo que escondía detrás de ella sobresalía por todos lados— Déjate de tonterías, necesito llevarle algo que se ha olvidado, eso es todo— el serio rostro de Snape mostró un ligero  indicio de emoción. Estaba extrañado.
— No te recomiendo que sigas molestándolo.
— No quiero molestarle.
— Aunque no quieras siempre lo haces.
— Y, si se puede saber, ¿por qué siempre le incordia mi presencia?
— Es asunto suyo.
— Y mío. Yo soy Gy, sí, la que en teoría le molesta.
— Que te lo diga él.
— ¿Cómo si no me dices dónde está?
— ¡No me enredes Finkel!
— ¡Pues habla y no te hagas el misterioso!

Severus se acomodó el nudo de la corbata. Gy esperó paciente una respuesta.  Quiso comprender qué se le pasaba por la cabeza, pero por más que le daba vueltas, no conseguía descifrar los pensamientos del muchacho.
Gy — susurró él. No solía llamarla de aquel modo. — No te acerques más a él. No te conviene.
— No le tengo ningún tipo de miedo, Sev.
— No es eso.
— ¿Qué es?
— Solo te harás daño.

No hizo falta que añadiese nada más. Ella había entendido lo que le había querido decir. Negó con la cabeza, la dirección de la conversación se había torcido a un camino por el que ella no estaba acostumbrada a pasar.
— Un consejo, Snape, aléjate de él tu también o nos hará el mismo daño a los dos.
— Cuando te alejes de Potter.


****

Pasó apróximadamente unos treinta minutos más, buscándolo, con su abrigo en la mano de un lado a otro. No iba a admitir que se lo había puesto de nuevo por la simple razón de que olía a él, pero creyó que deshacerse de él cuanto antes evitaría que hiciese esas cosas tan extrañas a las cuales no quería buscarle explicación. Finalmente lo encontró, antes de entrar a comer en el Gran Comedor.
Eh, Avery. ¿Tienes cinco minutos? Venía...venía a... Toma.— tragó saliva y le devolvió su chaqueta. — Gracias. Y bueno, yo quería disculparme. Quiero decir... Por lo de la otra vez y todo eso. Sé que fui a intentar agredirte, sin éxito, — remarcó la última palabra — y sin razón...Me equivoqué. — comenzó a rechinar los dientes. No le estaba resultando para nada sencillo aquello de pedirle disculpas al Slytherin. Suspiró y decidió continuar, tomando aire. — En fin, resumiendo, que lamento haberte golpeado hace unos días con lo que pasó de las pintadas.  — evitó su mirada, claramente nerviosa. Le sudaban las manos, así que las restregó en su destrozada túnica para secárselas.  Avery enarcó una ceja, extrañado. György jamás le había perdido perdón.
Los Finkel no tenéis gracia, ¿no te lo he dicho nunca? — le comentó, sarcástico. Ella suspiró profundamente, con cierta pesadez.
No estoy bromeando, de verdad, Avery, lo siento. — se encogió de hombros y le estiró la mano, intentando formar una sonrisa que terminó en una mueca que no formaba ninguna expresión en concreto. Por un segundo, pensó que él iba a estrecharle la mano, pero no. Por el contrario, se rió.
Como comprenderás, no voy a estrechar la mano con una sangre sucia como tú. — se relamió los labios antes de continuar — Así que, si no te importa, apártate y deja de hacer el ridículo, me estorbas y tengo hambre. — le dio la espalda,  a punto de cruzar las puertas del comedor. — Ah...y por favor, — ladeó levemente el cuerpo, volviendo a mirar a la pelirroja — cómprate una túnica nueva.— Gy se contuvo las ganas de abofetearle hasta sacarle los ojos de sus órbitas. No conseguía entender cuál era la razón por la que era tan cretino con todo el mundo, pero menos aún entendía porque lo era tanto con ella.
No tienes remedio, Marcus. Tan solo quería disculparme, pero ya veo que soy mucho más digna que tú. — le miró, asqueada, a la par que decepcionada (una vez más), mientras le sujetaba del brazo, obligándole a mirarla de nuevo.
Mira Finkel, no tengo tiempo para escucharte. ¡Por mi como si te mueres quemada! Déjame tranquilo. — apartó la mano que le sujetaba el brazo con brusquedad, sin reparar en que ella no tenía culpa alguna de que él y sus amigos fuesen constantemente culpados de algo que no hacían. ¿Acaso no se daba cuenta que era obvio que siempre pensasen en ellos cuando sucedía algo malo?  Ella abrió la boca, pero no salieron palabras de su garganta. Agachó la cabeza y miró hacia el suelo, le temblaba el labio inferior. Tan solo se atrevió a alzar la vista cuando sintió que los pasos de Avery se alejaban de ella.  Snape tenía razón, solo le hacía daño.

****

No comió demasiado, no tenía tanta hambre como solía tener y a penas probó bocado. Tampoco habló, lo cual le resultó más que extraño a James. Amos estuvo observándola desde su mesa, claramente preocupado. Cuando terminaron de comer, Gy esperó a Diggory en la puerta, mientras observaba distraídamente a la gente salir. James le hizo una señal, indicándole que cuando acabase de estar con el tejón quería hablar con ella, sí o sí.

¿Estás bien? — le preguntó el Hufflepuff, cuando iban de camino al Lago Negro. Ella asintió, aunque realmente no había escuchado su pregunta. — Györginna. — ella reaccionó y frunció el ceño.
No me llames así, sabes que lo detesto. — se quejó.
Lo he hecho a propósito, al menos ha dado resultado y has dicho algo. Llevas demasiado rato sin decir nada. ¿Tienes fiebre? — puso una mano sobre su frente, ella la apartó riendo.
No, estoy cansada, nada más. ¿Acaso me estás llamando charlatana? — bromeó.  No había dormido, no había comido y le habían quemado la túnica que tanto les había costado a sus tíos. Día perfecto. En ocasiones le habría gustado averiguar por qué diantres tenían que sucederle todo tipo de desgracias. Bueno, no siempre, ahí estaba exagerando. La cuestión era que habían comenzado a ocurrirle desdichas demasiado seguido, de modo que estaba frustrada, y no precisamente por lo que a ella le pasaba, sino por lo que sus amigos también estaban sufriendo.
Tengo algo para ti.  — le dijo él, hurgando en su mochila y haciendo que ella volviese a centrar su atención en él. — Toma. No preguntes de dónde la he sacado, pero puedes quedártela sin problemas.
Gy abrió los ojos como platos, no podía creerse lo que estaba viendo. Se sentía completamente podrida cada vez que Diggory tenía un detalle bonito con ella y no porque ella no los tuviese con él, sino porque siempre tenía en mente a una tercera persona que no tenía nada que ver con ninguno de los dos.
No hacía falta Diggy, ¿cuánto te ha costado esto? No puedo aceptarlo y lo sabes. — quiso devolverle la túnica nueva que él le había otorgado, pero le resultó imposible, para él sería un desplante bastante denigrante que su novia no le aceptase un regalo. — Está bien, me la quedaré pero tendré que compensártelo de alguna manera. — no tenía ni un mísero galeón, pero de alguna forma u de otra se las apañaría para poder comprarle algo a él.
Espero por tu bien que no se te ocurra comprarme algo, sabes que no necesito nada. Lo hago porque me importas. — ella le abrazó, sin más. Llevaba todo el día deseando hacerlo, y lo había deseado mucho más cuando Avery le había dedicado aquellas desagradables frases.  De pronto, una lechuza se posó a los pies del moreno y le retiró la carta que traía. — Es para ti. — le tendió el sobrecito blanco y ella lo cogió extrañada.
¿De quién es esta lechuza?  ¡Qué obsesión con interrumpirme cuando estoy contigo! — no es que recordase cómo eran todas las lechuzas de sus compañeros, pero aquella no le sonaba en absoluto y estaba segura de no haber visto a ese animalito tan feo en su vida. Porque era feo, amorfo. ¿Era una lechuza o un cuervo? Lo que estaba claro es que estaba incómoda, ya que siempre había algo que los interrumpía, lo cual le desesperaba. — Veamos. — desplegó la carta y la leyó. — Qué raro, es de Dorcas. ¿Esta lechuza es de Dorcas?
— Es muy fea para ser de Meadowes, ¿no?
— ambos se miraron y se encogieron de hombros.
— Podría haberme dicho que quedábamos a las ocho en el Gran Comedor, veo absurdo que habiéndome visto me envíe esto ahora...
— No vayas, quizás podría pasar algo.
— Pero tengo que ir, a lo mejor sí es una carta de Dorcas, su letra se parece.


¿Y lo era?
Podía dar la impresión de que no, de que la señorita Finkel no era demasiado ingenua o, quizás, demasiado confiada, pero la pura verdad es que sí que  lo era. Es por eso que no dudó en acudir, acompañada de Amos, al lugar donde Dorcas la había citado. ¿Qué es lo que pasó allí? Nada bueno, os lo puedo asegurar.



F. Györgyi Finkel

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F. György Finkel
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Re: Rather be. {Fanfic}

Mensaje por F. György Finkel el Sáb Jun 28, 2014 7:46 am


Meadowes
Black, Burke, Diggory, Finkel, Lupin, Meadowes, Pettigrew, Potter.

György no tardó demasiado tiempo en partir de camino al lugar donde Dorcas la había citado. Amos la acompañaba, muy decidido a no dejarla sola ni un solo momento, ninguno de los dos se fiaba de las palabras de la nota. De pronto, el jefe de la casa Hufflepuff llamó a Diggory que se encontraba apartado a unos metros. Él dudó al instante sobre si debía obedecer.
No te preocupes. Estaré bien. — afirmó ella.
Pero puede ser peligroso, no voy a dejar que vayas sola.
— Seguro que estamos exagerando, ve, o tendrás problemas.
— Amos ladeó la cabeza un instante, mirando al jefe de su casa. Para cuando volvió a girarse, Gy ya había desaparecido de allí, dejándolo con la palabra en la boca.

****

Fue a un paso bastante acelerado hasta que llegó al aula vacía del quinto piso del castillo. No estaba nerviosa, pero tampoco tranquila. Era lo suficientemente lista como para saber que aquello olía a gato encerrado. Asomó la cabeza ligeramente  por el marco de la puerta antes de adentrarse en el cuarto.
— ¿Dorcas?
El lugar se encontraba a oscuras, pero estaba atardeciendo y un leve rayo de sol entraba por una de las ventanas, ya que las demás habían sido cuidadosamente cerradas y selladas. Toda la escena estaba recargada de un ambiente siniestro y tétrico, acompañado de un silencio sepulcral. Györginna alcanzó a distinguir dos cuerpos inconscientes que yacían en el suelo. Reconoció de inmediato a su prima Gisëlle y a Lily y por un momento se imaginó lo peor.
¡Gissëlle! ¡Lily! — corrió hasta ellas, pero ni siquiera tuvo tiempo a agacharse para ver cómo se encontraban, cuando una voz a sus espaldas la detuvo. Ladeó el rostro, intentando averiguar de quién se trataba y su mano avanzó rápidamente hasta un bolsillo de su túnica, con la clara intención de sacar su varita.
¡Expulso!
Para cuando Gy quiso apuntar a su oponente, ya había salido disparada por los aires, llevándose por delante varias mesas, quedando también inconsciente en el suelo por el fuerte golpe. Los pasos de Dorcas alertaron al enemigo, que se escondió entre las sombras. La Hufflepuff escuchó un ruido estrepitoso y corrió en dirección al aula vacía, con una carta en la mano firmada por György. Observó horrorizada lo que acababa de suceder, pero su oído estuvo lo suficientemente atento como para percatarse del individuo que se disponía atacarla a sus espaldas.
— ¡Desmaius!
— ¡Protego! —
Dorcas evitó el ataque.
— ¡Incendio! —  una línea de fuego separó a Dorcas de los cuerpos de sus amigas, dejándola al otro lado.  La rubia quiso reaccionar, pero su mente se quedó en blanco y olvidó el hechizo para apagar las llamas. El atacante, que llevaba el rostro cubierto por una máscara, estuvo a punto de apuntarla de nuevo con su varita, pero una voces le detuvieron y desapareció de allí, encerrándola dentro.  El fuego continuó propagándose y aumentando de tamaño, pero si Dorcas no conseguía concentrarse no recordaría el hechizo. A fuera de la habitación, se escuchaban las voces de Amos, James, Peter, Remus y Sirius.  
¡Glacius! — parte de las llamas se congelaron, dándole tiempo a Dorcas a atravesar el denso humo que se abría paso en sus pulmones para arrastrar a sus amigas hacia la puerta, que no tardó demasiado en salir despedida por los aires antes de que ella pudiese llegar hasta ella. Sirius fue el primer rostro que alcanzó a reconocer.
¡Extinguidor! — la voz de James apagó el fuego. — Dorcas, ¿estás bien? — dijo tosiendo. Ella asintió.
Yo sí, pero por favor, deprisa, hay que llevarlas a la enfermería.

****

Entre todos, consiguieron sacarlas de allí a toda prisa. Amos cargó con el cuerpo de György, mientras Remus llevó a Gisëlle y James a Lily. De camino, Dorcas se desmayó y con dulzura Sirius la llevó en brazos. Cuando abrió los ojos de nuevo, volvió a ver el rostro del Gryffindor. Esbozó una leve sonrisa, ahora se sentía más segura.
¿Cómo estás? — el le acarició la frente y ella se incorporó con lentitud, preocupada.
Yo estoy bien. — se limitó a decir. Después se levanto deprisa, aún mareada y se tambaleó levemente, de modo que Sirius, ágil, evitó que cayese al suelo.
Eh, tejoncita, relájate, debes descansar todavía.
— Quiero ver como están.
— testaruda, continuó hacia las camillas donde estaban sus amigas. — Es culpa mía.
— ¿Por qué dices eso? No es culpa tuya, no es culpa de nadie más que del que les hizo esto.
— él puso una mano sobre su hombro, calmándola.
Olvidé el hechizo Sirius, si hubiera recordado una mísera palabra un segundo antes, no habrían acabado así y habría apagado las llamas.  — negó con la cabeza, sintiendo una profunda culpabilidad. — Gy es asmática y Lily y Gis tenían ya un fuerte golpe en la cabeza. ¡Podrían haber muerto! Y todo porque no recordé una palabra. — impotente, agachó la cabeza y apretó los puños. Sirius llevó su mano a la barbilla de la chica, alzando su rostro levemente, obligándola a que le mirase fijamente a los ojos.
Eh, Dorcas, mírame. Escúchame bien, tú no tienes nada que ver con esto, por tanto no es culpa tuya. No debes sentirte así, los nervios te jugaron una mala pasada. — ella se echó a llorar en su pecho y él la abrazó. El moreno sintió un leve cosquilleó en su interior. ¿Estaba enamorado de ella? No era capaz de responderse esa pregunta, porque siempre pensaba lo mismo cuando estaba con Cassandra. Aquel conjunto de ideas desorganizadas y sin sentido que había rondando en su cabeza, no le dejaban ver con claridad cuáles eran sus sentimientos hacia cada una de las dos. Pero le daba miedo averiguarlo. Dorcas, en cambio, tenía muy claro lo que sentía hacia Sirius. Tanto, que jamás se había atrevido a interponerse entre su amiga y él, por mucho que le doliera verlos juntos.
¡Han robado el Mapa! — el grito de Colagusano llamó la atención de todos los presentes cuando llegó.
Cállese chiquillo, ¿no ve que unas compañeras suyas están descansado? — le regañó una de las enfermeras. James se levantó de pronto del lado de Lily, contrariado.
¿Qué has dicho, Peter? — preguntó, incrédulo.
Que han robado el Mapa del Merodeador. — susurró.
¿QUÉ? — chilló Potter.
Shhst. ¡Si van a discutir váyanse de aquí! — volvió a decir la enfermera, notablemente enfadada.  Sirius se apartó un instante de Dorcas y sujetó a Peter por el brazo.
¿Cómo es eso posible? — inquirió.
— Yo que sé, he ido a buscarlo y no estaba. Sin más.
— ¡Cómo que sin más!
— exclamó Sirius. Remus se incorporó y, seguido por Dorcas,  pasó un brazo por la espalda de Sirius y otro por la de James, empujándolos levemente hacia fuera de la enfermería.
— Hablemos de esto mejor en otra parte. — les dijo, sereno y racional como de costumbre.
Por los pasillos, la discusión comenzó a subir de tono. Hasta el momento en el que Cassandra apareció corriendo, exhausta.
— ¡Chicos! — se apoyó en James — ¿Qué ha sucedido?
— ¿Dónde estabas? —
quiso saber Sirius. — Ha habido un incendio, un ataque. Lily, Gisëlle y Gy están en la enfermería, aún no despiertan.
—  Estaba hablando Marlene y Mary. ¿Entonces es verdad? H-hay un revuelo tremendo en el castillo. —
Cass comenzó a alterarse . — ¿Pero cómo? ¿Quién? Necesito verlas...— Dorcas la sujetó del brazo y le impidió el paso.
No es recomendable ir ahora, lo mejor es que descansen, mañana vendremos a verlas. — le aclaró.
¿Y tú cómo te encuentras? — Cassandra la abrazó con ternura y preocupación. — ¿Recuerdas algo? ¿Algún detalle?
— No, no recuerdo nada que pueda delatar al que ha causado esto.
— miró hacia otro lado, de nuevo la culpabilidad se apoderaba de ella. ¿Pero cómo iba a acordarse de su cara si la llevaba cubierta para no ser reconocido?
¿Y a vosotros qué os pasa? ¿Por qué discutíais? No creo que sea momento de peleas.
— Han robado el Mapa, Cassandra.
— Lupin se revolvió el pelo, frustrado.
¿He oído bien?
Una hora más tarde, cuando todos los alumnos estaban más calmados y en sus habitaciones, Albus Dumbledore llamó a Dorcas para que fuese a su despacho. Hablaron largo y tendido. Ella le dio todos los detalles que recordaba y le comentó todo lo que sabía de los demás sucesos que habían estado ocurriéndole a ella y a los demás. Los Merodeadores buscaron su Mapa, pero no apareció. James solía llevarlo con él, pero cuando había oído lo del incendio, había olvidado guardarlo en su túnica. Curiosamente, algo le decía a los cuatro amigos que ese diminuto detalle estaba íntimamente relacionado con el incendio. Remus creyó que había sido un método de distracción para robarles el mapa, como lo habían sido todos los otros ataques ridículos y fallidos. Meadowes a penas concilió el sueño esa noche.

****
A la mañana siguiente, la rubia estuvo lista desde muy temprano. Estaba extraña, distraída. No consiguió esbozar ni una sola sonrisa, no tenía motivos para estar alegre. Tenía demasiadas paranoias dentro de su cabeza, pero todo lo dejó apartado en busca de pruebas en los recuerdos de su memoria que ayudasen a buscar al maníaco que había intentado matarlas. Sin éxito, por supuesto. No obstante, perseverante como de costumbre, continuó dándole vueltas al tema. Y no pararía. Durante el desayuno, Albus Dumbledore llamó la atención de los presentes.
Alumnos de Hogwarts, ayer entre las paredes del castillo aconteció un terrible suceso. Tres alumnas de Gryffindor están ingresadas en la enfermería, a causa de un incendio claramente provocado. Si su situación no mejora, serán trasladadas de inmediato a San Mungo. Los culpables serán encontrados y, sin pertenecen a colegio, serán expulsados de inmediato y el Ministerio se encargará de ellos como corresponde. Por favor, debemos agradecerle a los alumnos Sirius Black, James Potter, Peter Pettygrew, Remus Lupin y Amos Diggory que estas alumnas sigan con vida. Pero, en especial, debemos darle un fuerte aplauso a Dorcas Meadowes, quien tuvo el valor de rescatar a sus compañeras entre las llamas.
De un momento a otro, el Gran Comedor se llenó de una oleada de aplausos, a excepción de la mesa de Slytherin, que no se dignó a aplaudir. Las felicitaciones se cernieron sobre Dorcas, pero ésta se levantó y abandonó la sala dando un fuerte portazo que dejó a todos boquiabiertos, completamente anonadados. Sirius fue en su busca. La encontró a orillas de Lago Negro, tirando piedras hacia el agua que rebotaban una y otra vez, formando suaves ondas que después desaparecían. Se sentó a su lado despacio, procurando no asustarla.
— Deberías estar orgullosa, eres toda una heroína.
— No me sirve serlo si no he podido evitar que acaben así. Era una trampa, debí haberlo imaginado y haber ido acompañada.
— ¿Vas a culparte también por eso? Todas teníais una carta con una letra idéntica a la vuestra, es lógico que pensaséis que era algo importante...  —
se quedó callado, observándola con detenimiento, analizando su perfecta anatomía. Después observó cómo tiraba las piedras y se mordió el labio inferior. — Yo las tiro mejor. — comentó, engreído, procurando distraer los pensamientos de Meadowes. Ella enarcó una ceja y tiró otra.
— No lo creo.
— ¿Cómo que no?
— preguntó, fingiendo estar molesto. Ella negó con la cabeza, burlándose y él después comenzó a hacerle cosquillas. Dorcas se levantó corriendo, huyendo de él, hasta que finalmente Sirius la sujetó por la cintura y la levantó del suelo. Después tropezó, y ambos cayeron al suelo, quedando ella encima de él. Ninguno de los dos apartó la mirada. Inconscientemente, los labios de Sirius se acercaron a los de ella, que no se apartó. ¿Qué estaban haciendo? Querían apartarse, pero al mismo tiempo sus cuerpos lo impedían. Dorcas terminó por echarse hacia atrás, avergonzada e impresionada al mismo tiempo.
— L-lo siento.
— ¿Por qué?

No supo qué responder, de modo que suspiró y se levantó, yéndose de allí y dejando a Sirius más confundido de lo que ya estaba antes. Comprendía que no era el momento para esas cosas, pero no aceptó que la Hufflepuff no le diese una explicación con fundamentos para aquella reacción y aquella disculpa sin sentido. Ella sintió que estaba jugando con sus sentimientos, pero al mismo tiempo pensó que estaba traicionando a Cassandra y que, por mucho que estuviera con James, ese cuento no se lo tragaba y que ella le quería. Quizás era el momento adecuado del Gryffindor para elegir, para dejarse de tonterías. Para decidir de una vez por todas a quién necesitaba más a su lado.



F. Györgyi Finkel

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