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But the rain won't fall for the both of us — Ekaterina.

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But the rain won't fall for the both of us — Ekaterina.

Mensaje por Evan A. Rosier el Miér Jun 25, 2014 4:36 pm


MINUTOS ATRÁS, AULA DE POCIONES

Joder, Ekaterina —susurró el Slytherin, tratando de alcanzar uno de los botecitos que tenían frente al caldero mientras su compañera le bloqueaba el paso, argumentando que ése no era el contenedor correcto—, sé perfectamente lo que estoy haciendo. Siempre es así... —entonces, la chica resopló y le dejó el paso libre a regañadientes. Evan tomó el bote y comenzó a esparcer un poco de su contenido con cuidado en el caldero. Sin embargo, Ekaterina realizó un brusco movimiento e involuntariamente hizo a su compañero dejar caer más contenido de lo que planeaba. Ambos esperaron a ver si había consecuencias, pero tras unos minutos, el caldero seguía igual que antes. —Está bien, no... —un fuego liláceo resplandeció frente a ellos mientras el contenido del caldero empezaba a borbotear, desbordándose por completo, y a pesar de que tanto Ekaterina como Evan se retiraron rápidamente, algo del líquido caliente logró colarse desde la mano del Slytherin hasta su antebrazo. El profesor corrió hasta la mesa de los chicos, mientras los demás hacían bullicio para ver qué había pasado. El muchacho retorció su cara en una mueca, dándose cuenta de que empezaba a sufrir en el brazo una sensación extraña, casi como un cosquilleo que se intensificaba poco a poco. Evan se levantó la manga de la túnica y observó como en el área afectada comenzaron a aparecer pequeñas manchas púrpuras. Se rascó con fuerza. Ante ello, el profesor le dió un golpecito en la mano, indicándole que no lo hiciera. —Demasiado contenido, ingrediente incorrecto. —puntalizó el profesor, mientras arrugaba la nariz y les indicaba que se marchasen de la clase directamente a la enfermería...


FUERA DE LA ENFERMERÍA

Al parecer, hoy era un gran día para accidentarse; la enfermería se encontraba parcialmente llena y tanto Evan como su compañera habían decidido que esperar afuera a que la encargada regresara a la sala. Ekaterina permanecía de pie, pero el Slytherin ya se había acomodado en el suelo, la espalda recostada sobre la fría pared. El brazo no paraba de picarle y él estaba seguro de que si seguía rascándose, terminaría por arrancarse la piel. Como si supiera lo que pensaba y estuviera de acuerdo, Ekaterina le lanzó una inhóspita mirada, que a la vez pareció nublarse con cierta preocupación.

Lo que más estaba enloqueciéndolo no era la maldita picazón, sino el silencio que reinaba entre Evan y Ekaterina. No era algo extraño, especialmente éstos últimos días, pero seguían desconcertándole este tipo de escenas con su amiga. Quería hacer algo, pero ni siquiera sabía por dónde empezar; Evan no era de los que preguntaban '¿qué va mal? ¿he hecho algo incorrecto?' y a pesar de que la Ravenclaw solía ser su excepción la mayoría del tiempo, no parecía que fuese a serlo ésta vez. La tensión entre ambos era palpable, cargaba el ambiente. Y lo peor de todo, era que Evan ni siquiera estaba enterado de lo que la había causado en primer lugar. Tenía sus teorías guardadas en algún oscuro recoveco de su mente, sí, pero no sabía cuál de ellas era la culpable. Lo más probable era que, tal como Evan, Ekaterina todavía no hubiese digerido del todo la idea de que su amigo estaba prometido a quién sabe qué misteriosa mujer que aún no se dignaba a dar la cara. Y es que así se sentía él; era raro, sí, el ver cómo la chica que conoció siendo una niña estaba por casarse en poco más de un año. Lo gracioso era que los padres de Ekaterina habían decidido usar una lechuza como medio para informarle del suceso y algunos días después, los Rosier habían copiado a sus amigos el método para informarle de su respectivo futuro compromiso. ¡Qué oportunos!

El joven Rosier sacudió la cabeza, tratando de quitarse aquellos pensamientos de encima. Y es que bueno, aquello ya era un hecho y más le valía a Evan no contradecir aquella decisión. En un impulso, el Slytherin volteó hacia donde estaba Ekaterina y sin pensárselo, dejó extender por sus labios una ambigua sonrisa. —Sólo para que lo sepas, ha sido culpa de ambos. —comentó, hundiendo los hombros en afán despreocupado, guardándose para sí mismo el 'pero más mía que tuya' que le rondaba por la cabeza. —Aunque no te preocupes, que no te guardo ningún rencor —empezó con un aire amargo y socarrón, pero se detuvo a pensárselo mejor—, aún te quiero... —alzó las cejas, para hacerlo ver como una broma, aunque en el fondo él sabía que había algo de cierto en aquella frase.



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Re: But the rain won't fall for the both of us — Ekaterina.

Mensaje por Ekaterina Záitseva el Jue Jun 26, 2014 2:14 am

Silenciosa caminaba a paso apresurado para poder llegar con rapidez a la enfermería. Sus manos se elevaron logrando que la coleta que llevaba aquel día se deshiciera, así el cabello podría caer a sus costados. La joven no pronunciaba sonido alguno, ni siquiera se quejaba, solamente presurosa avanzaba, necesitaba que le emplearan algún remedio, lo que fuera, aquello comenzaba a dolerle. Sin embargo Ekaterina no iba a mostrarse débil, no cuando se encontraba frente a él, o a su lado, como fuera pero estaban juntos, además que la torpeza había sido del chico, no de ella. ¡Es que le había advertido! ¿Por qué siempre tenía que llevarle la contraria? Por la misma razón que por la que ella lo hacía con él ¿No? Daba igual. La cosa había salido de la peor manera. Ni siquiera en primer año habían tenido tales accidentes. Algo andaba muy mal.

La joven de pie recargó su cuerpo de costado sobre la pared fría. Ignoraba la presencia masculina porque de esa forma evitaba tener que decirle improperios, esos que no debían estar en su vocabulario gracias a su estricta educación, pero que inevitablemente llegaban a su mente. El liquido había caído en su mejilla derecha, parte de su mentón, en su cuello, y también sobre su pecho. Tanto había llegado a ella por torpe, ya que no había medido distancias y se había comportado como alguien sin reflejos y lenta. Sin duda eso era lo que más le ponía de mal humor, errores los tenía cualquiera, aunque según sus pensamientos más Evan que el resto.

Sus pensamientos se disolvieron al escuchar la voz grave, completamente masculina del muchacho. Ekaterina tenía vergüenza de que la viera de esa manera, así que sólo le lanzaba medias miradas de vez en cuando, aquello para comprobar que seguía bien, lucido, que no empeoraba, pero tan pronto lo hacía volvía a su  misma posición. Inevitablemente sonrió con burla al escuchar sus palabras, negó, y recargó su rostro de nueva cuenta en el frío de la pared, eso aliviaba un poco sus sensaciones dolorosas; existían dolores más grandes que los físicos, o al menos eso creía ella, y fue por esa razón que su última frase caló hondo en su interior. ¿Qué aún la quería? ¿Qué se suponía debía decir al respecto? ¿Qué se sentía afortunada? ¿Qué no podía esperar menos? Aunque fue ligeramente balsámico saber que aún podía escucharlo, existían situaciones que le prohibían creérselo del todo, o tener esperanzas a aspirar a ese querer por encima de todo; Evan no podía quererla, él debía tener en cuenta que sus prontos quereres debían ser otorgados a esa intrusa. Por qué eso era para la Ravenclaw, una intrusa que le estaba quitando a su amigo, que la habían impuesto al joven para arruinar relaciones, amistades, y seguramente se querría adueñar de los privilegios que sólo ella tenía.

"Maldita sea" —  Se dijo al reconocerse enojada. ¡Ya la odiaba y ni siquiera la conocía! Es más, la odiaba y la muchacha no tenía culpa de nada.

Siempre te he dicho que el día en que me hagas caso las cosas te saldrán perfectas — Comentó con arrogancia; de esa forma podía disimular el enojo que le habían producido sus últimos pensamientos. La morocha iba a seguir contestando, hasta que la enfermera del lugar salió pronunciando ambos nombres. Sólo retumbaba en su cabeza el "Ekaterina y Evan, vengan hacía acá"; Antes de entrar se inclinó para ayudar al chico a levantarse, claro, de costado, escondiendo sus males.

La enfermera los hizo caminar con tranquilidad por la enfermería. Muchos de los pacientes que estaban siendo atendidos ya iban de salida, sólo un par permanecían acostados; los sentó a cada uno en una camilla, una frente a la otra. Lo gracioso para ella fue ver su cara de alarma al irla examinando. No sólo eso, le pidió que se quitara la blusa, y ante la ceja arqueada de la chica (la del lado en buen estado, por supuesto), la mujer de entrada edad entregó una bata y la envió a cambiarse para proseguir con su inspección a su compañero. A Ekaterina no le quedó otra, y resoplando se cambió, pero lo hizo rápido porque aquel dolor ya le parecía insoportable. Al regresar simplemente se recostó y tapó el cuerpo de cintura para abajo con una sábana blanca, y esperó con impaciencia a que le untaran aquel remedio verdoso que llevaba en una charola la mujer. Su paciencia se había quebrado.

¿Puede ser un poco más rápida? ¡Le aseguro que esto no fue gracias a un juego! ¡Me duele demasiado! ¡Y a él también! No sea tan lenta — Reclamó de mala gana, jamás en la vida se había comportado de manera tan poco educada pero le dolía y estaba a punto de soltar las lagrimas, y eso no iba a ocurrir. ¡No frente a Evan! Lo peor de todo es que la mezquina enfermera empezó con el chico, y la joven simplemente tuvo que hacerse bolita en su cama de enferma — Siempre te prefieren a ti, seguramente por ser el más atractivo — Bromeó intentando escucharlo un poco. Por más tensión que tuvieran el poder tenerlo cerca aliviaba la situación tan mala.


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Re: But the rain won't fall for the both of us — Ekaterina.

Mensaje por Evan A. Rosier el Jue Jun 26, 2014 9:47 am



Con la vista fija en su acompañante, Evan notó cómo ésta se esforzaba en ocultar las manchas púrpuras que perlaban parte de su rostro, manteniéndose siempre de perfil y respetando una precavida distancia entre ella y el muchacho. Evan reprimió una sonrisa. Observar con detenimiento a su amiga siempre le causaba cierta gracia; Ekaterina era la personificación de todo lo correcto y propio que pudiese existir en un ser vivo. Por otro lado, Evan era más relajado e impulsivo. Juntos, hacían un contraste peculiar y a pesar de que compartían ciertas similitudes, las diferencias terminaban por marcar la esencia de cada uno. Él no lograba ubicar exactamente cuándo habían empezado a ser tan cercanos. Quizás fue después de años de conocerse, o tal vez bastaron sólo días; de cualquier forma, miles de recuerdos bombardearon su mente, desde los alegres hasta los que no lo eran tanto, uno por uno se pasearon fugazmente frente a los ojos del chico. Aquello le hizo esbozar nuevamente una pequeña sonrisa.

La voz cálida y firme de Ekaterina lo trajo nuevamente al presente. Evan rodó los ojos y se preparó para arremeter contra la chica, sin embargo, notó cómo volvía a ser consciente de la picazón que experimentaba en el brazo, sensación que poco a poco dejaba colar algo de dolor punzante. El Slytherin apretó la mandíbula, tratando con todas sus fuerzas de no rascarse. Justo cuando su autocontrol estaba por flaquear, la enfermera los llamó hacia la sala. La Ravenclaw ofreció su ayuda al castaño y éste, con gusto, aceptó la mano que aquella le brindaba.

Al entrar en la enfermería, Evan no pudo contener el gesto de pesadumbre que se apoderó de su rostro. Con la nariz arrugada y el ceño ligeramente fruncido, caminó hacia una de las camillas desocupadas, mientras Ekaterina se acomodaba en la que estaba enfrente. La enfermera prosiguió a revisar a la chica primero y fue ahí cuando Evan observó en todo su esplendor el desastre en el que se había convertido el bello rostro de la Ravenclaw. Por uno de sus pómulos se extendían grandes manchas casi como de tinta y se alargaban tanto que casi le cubrían la mitad del rostro. Lejos de causarle la gracia que debería, comenzó a experimentar un extraño sentimiento en la boca del estómago; se sintió idiota, se sintió estúpido. No terminaba de entender todavía lo que había sucedido en el aula, ¿cómo había podido equivocarse de ingrediente? En el fondo sabía que aquello no se debía a una falla de intelecto precisamente, sino que era una respuesta ante la presión que estaba provocándole inconscientemente su compañera de mesa. Evan y Ekaterina habían experimentado una pequeña riña días antes, y desde entonces, no se habían dirigido la palabra como normalmente lo hacían.

El chico, con esa extraña sensación todavía oprimiéndole el pecho, observó con inquietud cómo la enfermera terminaba de examinar a su amiga y, acto seguido, le indicaba que fuese a cambiarse el uniforme por una bata. La enfermera prosiguió a examinarlo a él y justo cuando Ekaterina volvía vestida con el ridículo atuendo de paciente, se le pidió a Evan que se quitara la camisa del uniforme. El Slytherin arqueó una ceja, mientras sus ojos volaban directamente hacia los de la morena. Nuevamente, una sonrisa se extendió sobre su rostro, pero ésta vez reconoció que se trataba de una burlona. Lentamente, comenzó a desabotonar la camisa, hasta que su torso quedó desnudo. La enfermera retiró la camisa y le echó un buen vistazo a la masa púrpura en la que se había convertido el brazo de Evan. También notó que las manchas parecían estar extendiéndose hacia el tórax, aunque éstas eran de un color más débil.

Siguiendo las instrucciones que se le indicaron, Evan se recostó en la camilla, aún con la mitad superior de su cuerpo descubierto, esperando a que le aplicaran sabría Merlín qué clase de apestoso remedio. La enfermera, con torpes y lentos movimientos, entró en escena nuevamente con una gran charola que contenía una masa verdosa de apariencia cristalina. Aquella masa se movía de manera asquerosa con cada pequeño paso que daba la encargada del lugar. Evan rodó los ojos de manera dramática ante la lentitud de la mujer y casi como si Ekaterina le leyera el pensamiento de nueva cuenta, reprochó con desesperación el reprobable comportamiento de quien les atendía. —Vaya, nunca te había notado tan desesperada, Ekaterina. ¿Te duele mucho? —dejó salir, su comportamiento burlón brotándole por todas partes, aunque bajo aquella máscara, había una parte de él que en realidad se preocupaba por escuchar la respuesta a aquello último. Volviéndose hacia la enfermera, el Slytherin esbozó una pícara y en respuesta la mujer se acercó primero a él para aplicarle el remedio. —Ser endemoniadamente guapo a veces tiene sus ventajas. Aunque no es como si alguna vez vayas a poder comprobarlo por tí misma... —el joven rió, aunque aquella risa se apagó al instante en el que la enfermera dejó caer sobre su brazo el acuoso remedio. Un extraño y corrosivo vapor comenzó a salir de los poros de Evan, haciéndole que los ojos empezaran a producir lágrimas en exceso. Cerró los ojos, en un intento por evitar que se le irritaran más; lo último que deseaba era provocar una escena frente a Ekaterina.



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Re: But the rain won't fall for the both of us — Ekaterina.

Mensaje por Ekaterina Záitseva el Jue Jun 26, 2014 10:38 am

El dolor iba incrementando conforme los segundos avanzaban. Aquella cosa lila en vez de disminuir se acentuaba más, era como si tuviera vida propia y estuviera luchando por adherirse a su piel. Lo peor de todo es que punzaba, quemaba, y daban unas ganas infinitas de querer arrancarse la piel, así que ya no pudo más, dejó salir repetidos gemidos de dolor de sus labios, al tiempo que se abrazaba a sus piernas, lo peor no era el pecho o el cuello, sino el rostro, el calor incrementaba también, y se sentía abochornada ¿Por qué la enfermera era tan lenta? Sin duda extrañaba a la anterior ¿qué había hecho de mal para que la hubieran cambiado? La otra era más rápida, más eficiente, y solucionaba los problemas de los alumnos casi al instante, lo cual le dejaba en claro que ella pasaría más que la tarde en ese horroroso lugar, y que tendría que suspender su ejercicio del día, su entrenamiento, y alguna que otra clase mal, lo cual le fastidiaba, como buena Ravenclaw siempre buscaba el poder ser impecable en sus asistencias; un nuevo quejido llegó, y con ello las manos frías de la enfermera, que a diferencia del trato con Evan era más torpe y ruda, lo cual le llevaba a apretar hasta los dientes.

El alivio era grande, sintió fresco en algunas zonas pero también dolor en otras cuando le iban colocando el remedio. De hecho ya no aguantó más y comenzó a llorar, aunque en silencio, no iba a hacer un escándalo. En su casa le habían enseñado a que la señoritas a pesar de ser delicadas no podían mostrar debilidad, mucho menos que algo andaba mal, las lagrimas no eran bien vistas porque según su padre se trataba de mala educación, pero en ese momento poco le importó. Así que el liquido cristalino acarició sus mejillas y las heridas de aquella poción mal hecha. Suspiró después de un rato y se calmó. ¿También le había dolido tanto al joven? Sin importar la indicación de la vieja amargada, la cual le decía que se quedara recostada. La joven se sentó revelando ya su rostro por completo. No importaba que tan feo se llegaba a ver, no se trataba de vanidad, sino más bien de la preocupación que estaba experimentando; cuando la mujer intrusa del momento salió del lugar, lo único que hizo fue ponerse de pie, sin importar sus pies desnudos y el frío del castillo, se acercó a la cama de su amigo y se sentó en el borde.

Eres un tonto, lo debes de saber ¿verdad? — Le miró ahora de reojo para ocultarle ese lado tal horrible que tenía, pero porque aunque fuera extraño, a Ekaterina le gustaba verse bien para él. Que la mirara bonita, aunque claro, eso creía que era mera vanidad, hasta que un día en las vacaciones, cuando ambos habían tomado la decisión de verse para comprar por lo menos dulces, se había esmerado tanto en su arreglo para la aprobación de él que todo había quedado claro. Lo gracioso es que Evan en vez de decirle si se veía bien o no, la empezó a molestar, aunque lejos de enojarle aquello la hizo sentir cómoda, segura y feliz lejos de los muros fríos de casa; después de un breve y buen recuerdo, por fin sonrió, a él, a ese chico de cabellos oscuros, y le acarició la mejilla contraria — Me pregunto… ¿De verdad tienen que pasar cosas desagradables para que bajemos un poco la guardia? — Y es que lo había extrañado esos días, incluso su maldita sonrisa fanfarrona. ¿Por qué habían discutido? No lo recordaba bien, más bien si pero buscaba la forma de bloquearlo de su mente. ¿No?

Ekaterina había dejado salir ese lado impulsivo, no sólo eso, ese mal carácter que la caracterizaba en ocasiones.

¿Cómo es posible que no te importe con quien te comprometen, Evan? Eso es absurdo ¿No te importa de verdad no estar enamorado de esa persona? — Gruñó con fuerza, incluso las manos de Evan que sostenían las suyas las había empujado con enojo. ¿De verdad poco le importaba? ¿Y por qué carajo a ella le daba rabia? ¿Por qué le entraban celos? Sólo hizo una mueca, se dio la vuelta y lo dejó ahí. — "Ojalá disfrutes tu compromiso" — Pensó de mala manera mientras avanzaba a paso veloz. Ella no disfrutaría el suyo ¿Por qué lo haría? Seguramente le habían puesto a un idiota sin corazón y con sed de ambición.

Volvió a la realidad porque el recuerdo aún le dolía, lo mejor sería estar con él hasta que se lo arrancaran de su lado. Era suyo ¿No? Tenía más derechos que todos los demás, que la supuesta prometida. Ella se lo llevaba por imposición, no sería suyo ¿O si? No, no, claro que no. Y negando con la cabeza se centró en él y como mera venganza por ese distanciamiento le tocó con un dedo una de sus heridas. Sólo superficialmente, pero si calculaba bien, le ardería hasta casi la aventara de la camilla.

¿Te sientes mejor? Parece que esa mujer nos dejará aquí toda la noche, parece que va a cumplir tu sueño de verme dormir — Contestó con altanería, con burla y luego suspiró. — Te dije que me hicieras caso ¿Por qué buscas darme la contraria? En más de una ocasión yo te he hecho caso, sobre lo que me dices ¿por qué no puedes hacer lo mismo? — La enfermera volvió y la vio de mala manera; la mujer ahora llevaba un bote que tenía un tono café, alado se encontraban algunos trapos blancos, pero lo que ella creyó sería un "dame permiso voy a curarlo", fue el otorgarle la charola en sus manos. La chica arqueó una ceja ¿Tendría que hacerlo? La simple idea le hizo tragar saliva, es que no sólo era el brazo, también se trataba del torso. Se encogió de hombros en acto reflejo y como si no le afectara comenzó a destapar el frasco, le colocó aquel liquido, y luego prosiguió a ponérselo en el brazo — Sino quieres puedes hacerlo tu solo — Susurró notándose nerviosa, y es que sus mejillas se empezaron a tintar de color carmín, aquello era más de lo que se había acercado a él, y no es como que pudiera negarse, es que debía hacerlo por el bien y la pronta recuperación de su amigo.


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Re: But the rain won't fall for the both of us — Ekaterina.

Mensaje por Evan A. Rosier el Sáb Jun 28, 2014 12:23 pm



Con la mandíbula visiblemente apretada y los dientes rechinando, Evan continuaba con los ojos cerrados, a pesar de que la enfermera había terminado ya de aplicarle el remedio. La sensación que éste había dejado sobre la piel del Slytherin era de cierta calma después del escozor inicial, aunque tampoco dejaba de lado el segundo de horror que experimentó al no sentir su extremidad; tanto su brazo como la parte de su torso afectada habían comenzado a hormiguear minutos atrás, devolviéndole poco a poco la capacidad de sentir los estímulos exteriores en dicha área, a pesar de que la sensación de pesadez que le inmovilizaba ligeramente seguía ahí.

Los ruidos y gemidos que inundaron la sala fueron el desencadenante de que Rosier abriera por fin los párpados de golpe. La tenue luz de la enfermería que entró rápidamente a través de sus pupilas le hizo entrecerrar los ojos. Quería ver si Ekaterina se encontraba bien, pero no era capaz de levantarse a sí mismo de la cama, menos aún con parte de su cuerpo superior ligeramente inmóvil por los ingredientes del misterioso remedio. Lo único que era capaz de visualizar, si se esforzaba lo suficiente para retorcer su cuerpo como si le estuvieran exorcizando ni más ni menos, era la espalda de la enfermera, quien con poca gentileza le aplicaba la medicina a Ekaterina en el rostro. Rosier no pudo evitar sonreír como bobo ante aquello, aunque sabía que probablemente la muchacha estuviese sufriendo un infierno.

De repente, la sala se sumió en un sepulcral silencio. La enfermera se había marchado, al parecer, y lo único que quedaba por oír en aquella zona eran las respiraciones entrecortadas de los dos jóvenes. Después de un rato, Evan observó como la chica se acercaba hacia su camilla, los pies descalzos haciendo eco cada ves que tocaban el piso. Cuando la tuvo lo suficientemente cerca, aprovechó para observar su rostro, que parecía estar sanando rápidamente. Se volvió para verse el brazo, percatándose de que poco había cambiado para él. Frunció el ceño ante aquel dato. Quizás las heridas de Ekaterina eran un tanto más superficiales. Sorprendiéndose a sí mismo y desconociendo realmente el motivo, agradeció a Merlín por ser el que se llevara la peor parte. La voz de Ekaterina le hizo alzar la vista hacia ella de inmediato. —¿Ya vas a empezar? —rió por lo bajo. Aunque tratándose de la Ravenclaw, poco le sorprendía su actitud; ella resultaba ser así, impredeciblemente predecible—. No puedes atacarme, ya te he dicho que ha sido culpa de ambos. —balbuceó, sintiendo como un fresco sudor empezaba a cubrir su frente. El tacto de la suave palma de Kat sobre su mejilla le hizo cerrar los ojos durante una milésima de segundo. Tragó con dificultad, encontrando que aquel gesto le había agradado más de lo que debería—. Tal vez... —frunció el ceño de nuevo y alejó el rostro de su amiga. Aquella pregunta había hecho añicos la tregua mental de Rosier, llevándolo nuevamente hacia las turbulentas aguas en las que se habían convertido sus pensamientos. Recordó entonces, tras esforzarse un poco, el motivo del distanciamiento entre él y su amiga. Algo referente al matrimonio, recurrente pesadilla a la que ambos tendrían que enfrentarse tarde o temprano. Y quisieran o no, aquello significaba que también debían enfrentarse al hórrido hecho de tener que separarse, quizás para siempre. Evan estaba seguro de que ninguno de los dos quería ese destino, a pesar de que ellos mismos se estaban encargando últimamente de cavar la tumba de su propia amistad...

Un dolor de los mil demonios lo trajo de vuelta, haciéndole retorcer las manos hasta lograr aferrarlas en las sábanas de la camilla. ¡¿Qué cojones?! Volteó hacia Ekaterina, quien paseaba con cuidado las yemas de sus dedos sobre la herida de Rosier. A pesar del aparente letargo que sufría su brazo y la incapacidad que aún tenía de moverlo con la libertad que deseaba, él descubrió que al tacto aún se sentía como mil brazas a la temperatura del Sol. Fulminó a Ekaterina con la mirada, mientras se mordía la lengua para no soltarle una palabrota ahí mismo. ¿Cuál era su problema? Como si no le quedara duda alguna, aceptó el hecho de que la idea de casarse estaba acabando con la cordura de su amiga. Suspiró y dejó caer las sábanas—. Te he visto dormir cientos de veces, Ekaterina —alzó una ceja antes de proseguir —, y permíteme sacarte de tu fantasía, pero lejos de ser un sueño más bien piensa en ello como una pesadilla; roncas tanto como un cerdo. —dejó salir, así sin más, hundiéndose de hombros como si aquella fuera la revelación más obvia del mundo. Lo cierto era que no había mucho de verdad en todo aquello. Sí, cuando niños habían dormido juntos algunas veces, pero Rosier era siempre el primero en caer rendido, dejándole fuera de jugada para saber si realmente la chica roncaba o no. Pero de cualquier forma, dudaba que alguien como Kat pudiese roncar. Y es que el castaño apostaría toda su colección de cromos a que Ekaterina se había obligado a sí misma a aprender el arte del no-ronquido. Era siempre tan correcta, que aquello no sería difícil de suponer. Reprimió una sonrisa ante aquellos pensamientos—. Bueno ya, un error lo comete cualquiera. —contestó, queriendo zanjar aquel asunto de una vez por todas, antes de que empezara a sentirse culpable o algo así—. Pero si te hace menos miserable, la próxima vez te haré caso a la primera, ¿vale? —observó como la enfermera regresaba a la sala y rápidamente le tendía a Ekaterina una charola con más medicina, pero ésta era diferente a la anterior—. Joder, ¿más porquerías? Pero si pareciera que estoy muriendo. —dejó escapar bajo un callado suspiro. Y es que ya estaba asqueado tanto de los remedios, como también de que la rústica señora aquella le toqueteara el torso. Pero notar que la enfermera no tenía intención alguna de atenderle por su cuenta, sino que había dejado a Ekaterina al mando, lo único que pudo hacer fue esbozar una tonta mueca de burla, tanto para sí mismo como para su compañera. Sintió los delgados dedos de ésta sobre su piel, a la vez que una oleada de pequeñas sensaciones eléctricas casi lo hizo estremecerse. Ignorando el raro momento, concentró su atención en los verdosos ojos de la Ravenclaw, cuyo nerviosismo no sólo era notable ahí, sino en la voz—. Perdóname, pero estoy algo inválido por aquí en caso de que no lo hayas notado; mejor continúa tú con el trabajo difícil. —con un movimiento de cabeza le indicó que podía seguir poniéndole el remedio si así deseaba, a él no le molestaba en lo absoluto después de todo. Tras unos minutos de silencio, la burbujeante personalidad de Evan se hizo presente una vez más—. Ahora, esto sí que es un sueño a cumplir para ti, ¿verdad? Ambos sabemos que siempre has querido manosearme. —le dedicó una presuntuosa sonrisa de lado y se dispuso a observarla mientras ella esparcía la cosa marrón sobre su brazo, lentamente acercándose al pecho. Notó al instante las sonrosadas mejillas de Ekaterina y continuó con su juego de importunarla—. Yo digo que a la mierda con el Ministerio o cualquier otra cosa a la que quieras dedicarte; serías una muy buena enfermera, en especial con pacientes como yo. —admitió, guiñándole un ojo de manera pícara y juguetona.


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Re: But the rain won't fall for the both of us — Ekaterina.

Mensaje por Ekaterina Záitseva el Dom Jun 29, 2014 9:53 am

Ya se imaginaba a su padre, con esos ojos saltones de coló verde, achicándolos, con la mueca de lado, con esos labios trazando una línea, las manos en forma de puño, ya lo imaginaba, reprobando su conducta, su acercamiento a Rosier, por más aprecio que le tuviera por su familia, por verlo crecer, por su sangre pura. Aquello sería reprobatorio para su padre, ya lo imaginaba, haciéndose el sereno, el paciente, y cuando todo terminara, cuando ella estuviera sola con él, tremendo castigo que le esperaría, sin embargo por más estremecimiento que sintiera, lo cierto es que no le importaba y tampoco le importarían, existían situaciones que no se volvían a repetir, acercamientos que no volverían a ocurrir, y saberse ya lejana a él le ayudaba a tomar valor para hacer lo "impropio e incorrecto". Tantas cosas que podría hacer por él, y ninguno de los dos lo sabía. Ni siquiera ella podía comprenderlo.

Sus mejillas encendían a cada segundo que avanzaba. Manos delicadas eran las que tenía y por eso el trabajo se realizaba con delicadeza y precisión. La chica ignoró la mirada masculina y se inclinó un poco hacía el frente para poder observar de mejor manera cómo aplicaba el ungüento. Momento verdaderamente incomodo, intimo, y solitario. La enfermería se había vaciado sin querer, sólo eran ellos dos y los cuadros adormitados que estaban observándolos por el rabillo del ojo. Ekaterina ignoraba por completo esas miradas, era cómo no encontrarse con nadie, por más que hablaran o gritaran los que contaban era ellos, y si empezaban a molestar los taparía uno a uno; terminó con el brazo y se dispuso con el torso, aquel que a pesar de sus cortos dieciséis años estaba bien trabajado. Aquello la hizo contener la respiración por un momento, y cuando su noto rojizo en el rostro se tornaba morado, recordó que necesitaba adentrar aire a sus pulmones.

Sino te mantienes quieto, te juro que lo haré sin cuidado, con torpeza y no me va a interesar si te duele — Le volteó a ver, sopló con fuerza a un mechón de su cabello que había caído frente a sus ojos. La sonrisa mordaz apareció en su rostro, y luego se relamió sus labios buscando volverse a concentrar — No ronco — Le dijo incomoda por el tema — Además, no hemos dormido juntos desde que estamos chicos, así que no me vengas con esas tonterías — Le aclaró encogiéndose de hombros. Al poco rato terminó de aplicar el remedio en la figura bien trabajada de Evan, y luego le dio la gasa con el liquido. — Es tu turno, tienes que hacer lo mismo por mi — Se movió recostándose a un lado del joven, dándole un golpecito con la cadera para que le diera un poco de espacio. Le mostró su rostro de medio lado y se bajó ligeramente la ropa de enferma mostrando el cuello, sólo un poco de piel, no todo, pero lo suficiente para provocarle las mismas sensaciones de nerviosismo que él le ocasionó.

¿Crees que el profesor haya notado que fue nuestra culpa? — Arquea una ceja para observarlo curiosa. Es que si el educador en turno notaba sus torpezas era muy probable que les mandara un reporte. Lo que sería algo raro para ella, dado que nunca ha tenido en su historial tinta roja.

La chica le tomó la mano mala, pero no dónde le había caído aquel liquido que les pasaba factura, sino más bien sólo su palma, sus dedos y empezó a jugar con ellos, cómo si se tratara de hago común entre ellos. La chica quizás estaba desesperada, la idea de perderlo le ayuda a querer volverse más cercana lo poco tiempo que les quedaba. Tenía ganas de decirle que lo extrañaba, que no quería perderlo y que le quería mucho, porque era la verdad, sin importar el sentido que fueran tomadas sus palabras, era la verdad. Sin embargo guardó silencio, tranquila, serena, esperando a que comenzara a untar ese liquido asqueroso. Tarareó unos momentos para aliviar la atención, pero algo muy breve, se cruzo de piernas las cuales las tenía alargadas y notó que prácticamente lo había quitado de la camilla, se empezó a reír.

¿Tienes hambre? — Preguntó sonriendo, si la respuesta era afirmativa no le importaría y se iría al Gran Comedor por algo para él. Habían detalles que Ekaterina podía dejar pasar de su perfecta educación. Y aunque posiblemente se enterara su padre que importaba. Algo dentro de ella buscaba atenderlo, ser complaciente tanto como atenta. ¿Qué tenía de malo? En casa a pesar de las reglas estrictas del purismo, ella notaba como su padre era feliz con las atenciones cálidas de su madre. Quizás si empleaba un poco de eso su amigo bajaría un poco más la guardia para con ella. Podía hacer el intento, nada tenía que perder — Si necesitas algo sólo házmelo saber — Susurró con suavidad cerrando los ojos. Ya no se iba a permitir sonrojar para con él, si seguía así le dejaría ver todo lo que se encontraba en su interior.


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Re: But the rain won't fall for the both of us — Ekaterina.

Mensaje por Evan A. Rosier el Mar Jul 01, 2014 10:08 am


Ligeros ardores era lo que sentía Rosier cada vez que los dedos de Ekaterina se ponían en contacto con su irritada piel. Levantó la vista y notó cómo su amiga se esforzaba por terminar su tarea rápidamente, quizás incomodándole el hecho de tener a un Evan medio desnudo frente a ella. Aquello le robó una auténtica sonrisa, haciéndole retorcerse para evitar que el gesto evolucionara en una risa. Ante la amenaza de la chica, Evan trató de guardar la compostura, manteniéndose tan tranquilo como le era posible, aunque lo que la castaña debería de saber ya a estas alturas de su amistad, era que el joven Rosier era sumamente inquieto, con frecuencia dificultándosele la tarea de permanecer calmado—. Vale, me has pillado. —alzó las manos en señal de rendición—. No roncas... ¿feliz? —admitió con pesar, dándole fin a su bromita—. Y tienes razón, no hemos dormido juntos desde hace mucho... pero fíjate que eso tiene una solución muy sencilla. —se relamió los labios ante la indirecta, sabiendo que a su amiga aquella actitud le haría poca gracia. Pero no podía evitarlo, Ekaterina tenía ese efecto en él, solía relajarle tanto su presencia que no era raro ver a Evan soltar bromas pasadas de tono por aquí y por allá.

Moviéndose hacia un lado, dejó que Ekaterina trepara en la camilla y se recostara en el espacio libre. La mención de su profesor le hizo fruncir el ceño, y luego rodó los ojos—. Si lo notó o no, dudo que vaya a hacer algo en nuestra contra. —afirmó, muy seguro de sí mismo—. Los errores pasan, Ekaterina... Además, en nuestra defensa está el que somos de los mejores alumnos que tiene ese cascarrabias. —se hundió de hombros, haciendo alarde de su buen nivel académico. Sin articular otra palabra más, tomó el remedio y hundió los dedos en él, sintiendo la textura viscosa deslizándose entre sus yemas. Rosier torció el gesto en una mueca, a la vez que alzaba el brazo bueno para comenzar con la aplicación—. Allá vamos... —dejó escapar bajo un susurro, más para sí mismo. Con toda la delicadeza que logró reunir, comenzó a trazar el contorno de las heridas sobre el rostro de Ekaterina, sorprendiéndole lo suave que era la piel de la chica. Tomó más de la medicina y de igual manera, prosiguió a aplicarla sobre el pómulo y la mejilla. Mantuvo la respiración un rato, tratando de equilibrar su terrible pulso, mientras observaba los finos rasgos de la Ravenclaw que ahora yacían de lo más relajados—. Si tu intención es tirarme de ésta camilla y provocarme un traumatismo craneal, déjame decirte que lo estás logrando. —entonces, notó por fin cómo ella se había descubierto ligeramente, dejando a la vista la piel de su cuello y parte de su pecho. El joven alzó las cejas y tras esbozar una tonta sonrisa, gesto más que nervioso, dirigió el remedio hacia aquella cálida zona. Bajo sus dedos podía sentir el ritmo de los latidos del corazón de Ekaterina, que tal como el propio, imitaba a un galopante y frenético thestral. Evan terminó finalmente, aplicando por último el remedio sobre la parte inferior del cuello de su amiga, apenas unos cuantos milímetros sobre la clavícula. Dejando el bote del remedio a un lado con torpeza, raras sensaciones azotaron su mente como una furiosa marea. Súbitamente, tenía unos inmensos deseos de posar sus labios sobre la piel de porcelana de Ekaterina, en especial el palpitante lugar en donde habían estado sus yemas segundos atrás. Evan observó con pesar aquel largo y elegante cuello, mientras tragaba saliva con dificultad.

Para distraerse, comenzó a limpiar los residuos de medicina que yacían sobre sus manos, frotándoselas con una de las pequeñas toallitas que venían también en la bandeja. La pregunta de la Ravenclaw le tomó por sorpresa. Alzó la mirada nuevamente para verla, notando que en su rostro descansaba una tierna y auténtica sonrisa. Evan negó con la cabeza, copiando el gesto de Ekaterina—. La verdad es que no... Todos éstos asquerosos remedios me han revuelto el estómago de una manera impresionante, y lo último que quiero ahora es ver algo remotamente parecido a la comida. Siento que voy a vomitar. —dramatizó, pues en realidad no se sentía tan mal—. Pero gracias... de todos modos. —le dijo con una voz tímida que le sorprendió hasta a él mismo—. Aunque claro, si tú estás hambrienta puedes ir a por algo de comer... Yo estaré bien, de verdad. —asintió, alentando a su compañera de que no tenía por qué quedarse con él sólo por compromiso. Seguro que al cabo de unos minutos estaría mejor—. Y por cierto, también quería agradecerte por no estar tan enfadada conmigo... Es algo obvio que el que estemos de ésta manera —mostró su brazo afectado y señaló con la cabeza el rostro de Ekaterina— es 70% mi culpa. —admitió, sintiéndose algo culpable después de todo, sensación que había querido evitar anteriormente. Suspiró con pesadez y se recostó nuevamente junto a la Ravenclaw, lanzándole furtivas miradas de tanto en tanto.


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Re: But the rain won't fall for the both of us — Ekaterina.

Mensaje por Ekaterina Záitseva el Miér Jul 02, 2014 5:06 am

Ekaterina siempre estaba enojada con Evan. Aquello era como un don natural, algo extraño de entender pero sin duda que sólo ella podría descifrar. Lo que pasaba es que ambos eran muy distintos, lo cual en ocasiones llegaba a frustrarle, ya que cuando ella decía negro, él decía blanco; en ocasiones creía que él lo hacía sólo por molestarle. En realidad así era, una manera extraña de decirle que le tenía cariño, que a pesar de sus rabietas no se dejarían, estarían al lado del otro, sin embargo eso comenzó a cambiar desde el momento de sus cercanos compromisos. Ella comenzó a bajar la guardia, casi aniquilando por completo sus muros para dejarlo pasar.

El miedo de saber que poco a poco lo estaba perdiendo le hacía sentir más relajada, no querer echarle bronca ya que en cualquier momento cualquier de esas cosas los terminarían por desunir y jamás volver a juntar. Evidentemente nunca se lo diría, le daba vergüenza reconocerlo, porque mujer de muchas palabras no era, según su padre la mujer debía más sonreír y hacer acto de presencia (como si de una cosa o trofeo se tratase), hablar poco. Dado que era su progenitor se había tragado demasiado aquello, sin cuestionarlo efectuaba sus mandatos. ¿Por qué con Evan hablaba más de la cuenta? ¿Por qué con él no tenía miedo a represarías si mostraba lo que se encontraba en su interior? Y digamos que de verdad ni siquiera con pensamientos la juzgara, aquel muchacho la hacía sentir ella, la hacía sentir segura, incluso querida.

No quiero seguir enojada contigo, no al menos sabiendo que tendremos poco tiempo de ahora en adelante para estar tan cerca — Sin duda le afectaba demasiado lo que estaba diciéndole, eso de la separación, su voz al final de la frase se entrecortó pero lo disimuló (o al menos eso intentó), tosiendo un poco — No quiero que mi recuerdo en tu memoria sea sólo una chica enojada, amargada, no, claro que no, aunque seguramente a ti te gusta verme fruncir el ceño, tienes especialidad en disfrutar al hacerme enojar — Sonrió — Simplemente quiero disfrutar el poco tiempo que me queda aún sintiéndote sólo mío — Aquello no lo decía en doble sentido, ella no tenía ni pizca de ese tipo de humor, sin embargo sabía que Evan lo entendería. Ese maldito sentimiento de pertenencia, ese mismo que le alojaba calidez en su pecho, que la hacía sentir nerviosa cuando lo tenía cerca, y contenta con solo pensarlo. Era tanto lo que él podría hacer con respecto a ella, y poco era lo que sabía, sino es que nada — Es evidente que el noventa por cierto de la culpa es tuya — Decía aquello para molestar, porque aunque estuviera cediendo y dejándole ver lo que sentía por él, debía cortar con alguna broma pesada. — No pasa nada, al menos la poción mal realizada nos tiene aquí — Se encogió de hombros y se acomodó en la camilla, recargó su cabeza en el hombro del chico y se acurrucó un poco más a su lado, sintiéndolo cerca, entrelazando sus manos más cercana para jugar con sus dedos.

Me siento un poco cansada — Confesó, por la adrenalina que se le había subido y bajado debido a la escena de la poción, porque los remedios le habían hecho llorar, pero también le habían gastado energía tratando de aguantar el dolor, porque el día era extraño y sus emociones expuestas también le drenaban energía. Se acurrucó un poco más a él cerrando los ojos — Creo que descubrirás si ronco de verdad — Aunque era claro que no lo hacía. Segura, acompañada y sin querer cambiar esa compañía por nadie del mundo, Ekaterina se quedó dormida junto a él, con sus dedos entrelazados con los suyos. Se sentía demasiado bien para ella estar así.

No supo en realidad el tiempo en que estuvo dormida, sin embargo cuando abrió los ojos sintió un vacío especial al no sentir a su compañero a su lado. Cómo no quiso mostrar desesperación se mordió el labio inferior y se frotó los ojos para al final enfocar su mirada en el techo y suspirar. Hace mucho tiempo que no descansaba de forma tan plácida. Quizás se trataba del efecto Evan Rosier.

Se movió para poder buscar en la sala la figura masculina, y luego se sentó en la camilla jalándose un poco la tela de su bata de enferma.

¿Evan? — Susurró, no era necesario alzar demasiado la voz, el silencio sepulcral de aquella sala dejaría que cualquiera que se encontrara dentro la escuchara. Lo peor de todo es que no había luz, así que si se levantaba de la camilla lo más probable sería que terminaría más lastimaba de lo que ya estaba.


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