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Tell me would you kill, to save your life? · Remus J.

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Tell me would you kill, to save your life? · Remus J.

Mensaje por Rita A. Skeeter el Dom Jun 29, 2014 11:18 pm



Burn. Let it all burn

Remus J. Lupin º Pasillos º Octubre.
 
Intentaba que sus zapatos no resonaran sobre la helada piedra del suelo, no demasiado; había perdido un poco la noción del tiempo, incluso, la cena ya había finalizado, por lo que los alumnos llevaban al menos dos horas, dos horas y media en sus salas comunes. No sabía muy bien qué es lo que estaba sintiendo a aquel momento, sólo comprendía que una mezcla de opresión, curiosidad, e incomprensión se agolpaba justo dentro de su pecho, donde apretaba un libro desdeñado que había pedido prestado en la biblioteca, aquel, que había llevado leyendo toda la tarde para su ensayo sobre criaturas mágicas en la clase de Defensa. Sí había algo en ella, era su intuición infinita, y sí alguna vez había notado algo extraño, sabía que tarde o temprano se haría con la verdad. El tramo hacía su cama era largo, y los pensamientos, los recuerdos, los razonamientos, eran incluso demasiados para poder organizarlos…

Comenzaba a darle migraña. Cerró los ojos. ¿Cómo era posible? ¿Cómo lo permitían?

 Era peligroso, indecoroso, y tremendamente destructivo para la reputación del Colegio. ¿Qué dirían en el Ministerio? ¿Lo sabían?...¿Y sí era simplemente su cabeza? ¿Y sí todo era sólo una coincidencia?. Chasqueó la lengua, y se apoyó sobre la pared, más cercana, mientras la temperatura comenzaba a bajar, y sus mejillas se volvían al compás de ello, rosadas. Pasó tiempo; mientras las páginas pasaban una a una, y sus ojos se perdían entre líneas. Sí había algo en todo ello, era sentido. Después de todo ella llevaba orgullosamente los colores representativos de su casa, cargaba con ellos, y les hacía honor. Era astuta, hábil, y para sí misma, terca, como pocas. Su afán por menospreciar a los demás, haciendo de sus secretos un infierno la volvía mucho más que inteligente. Sonrío, sí, tal vez con cierto cinismo; pero había algo, algo más de lo que no estaba tan segura, era algo demasiado importante, no era un rumor de media hora. Aquello cambiaba la situación. Todo comenzaba a acortar una brecha que llevaba demasiado tiempo tensada por un hilo invisible que nunca había podido comprender del todo. Los merodeadores eran tema conocido en cada punto del Colegio, ellos mismos habían dejado que fuera ella la que se acercara, la que observara, ellos habían buscado ser conocidos, ¿y cómo no prestarles atención?. Más quién siempre había destacado a sus ojos, era el adecuado, por una y mil razones. Las historias sobre una enfermedad extraña, y la forma en que siempre se habían puesto a la defensiva por proteger su silencio. Se dio un delicado golpe en la frente. ¡Claro!, sí había estado frente a sus narices todo el tiempo, sabía, sabía que era una desdicha atormentante y oculta, más en sus años jamás supo exactamente qué buscaba. Ahora, la respuesta estaba en sus manos. Pero, qué haría exactamente ahora. Si no sólo se trataba de un alumno más; y definitivamente no se trataba, al menos para ella, de un merodeador más.

Se irguió, con rapidez, mientras colocaba el libro detrás de su espalda, alguien doblaba justo en la esquina; y mira sí el destino era irónico.


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Re: Tell me would you kill, to save your life? · Remus J.

Mensaje por Remus J. Lupin el Lun Jun 30, 2014 4:13 am


Rita Skeeter || Pasillos cuarto piso||  Octubre, un día antes de la luna llena.
 
-Anda, Remus, deberías de saltarte la guardia de hoy.-Sirius lo abrazó por los hombros y lo zarandeó levemente, haciendo que su amigo casi tropezara. A sus lados iban James y Peter. -¿Cada cuando espías una pijamada de chicas? Será divertido.-Insistió James. El moreno era el más emocionado de los cuatro, ya que ese plan significaba espiar a Lily Evans en pijama. Estaban por llegar a la Sala Común y Remus aún intentaba zafarse de los Merodeadores que intentaban mal influenciarlo. Claro, más de una vez se había saltado la guardia, pero estaba Lily para suplirlo; aquella noche le debía un favor a la pelirroja. Sirius se detuvo frente al cuadro de La Señora Gorda y se giró hacia el grupo de amigos.-Hoy, señores, veremos historia.-Dijo con secretismo y emoción, mientras el cuadro que estaba detrás de ellos, fruncía el ceño. –No se preocupe, Señora, no haremos nada malo.-Sirius usó su usual tono encantador y la Señora del cuadro solamente asintió. Peter dijo la contraseña y la puerta se abrió, dejando la entrada libre a los cuatro Merodeadores. Sirius entró primero, seguido de Peter. James se detuvo un instante antes de desaparecer detrás del cuadro.-No vendrás, ¿cierto, Lunático?- Remus suspiró y se limitó a negar con la cabeza.-Sé que se encargarán de ponerme mañana al tanto.-Aunque tanto él como James, sabían que mañana sería un día largo, pesado; el día siguiente sería luna llena. -¿Quieres el espejo…?-El castaño negó rápidamente con la cabeza.-Estaré bien, Cornamenta.-En realidad lo que más deseaba el chico era soledad. James asintió y se despidió de su amigo con una mano, antes de desaparecer detrás del cuadro.

Era ya tarde; la luna, casi completa, relucía por los enormes ventanales del castillo. Lupin intentó evadir aquella luz, sintiendo que el reflejo de esta le hacía ya daño a su roce. Odiaba los días antes de luna llena tanto como los posteriores. Lo hacían sentir débil, le recordaban que era peligroso, además que se ponía de mal humor, como si su lado  salvaje fuera expuesto preparatoriamente para el Día D. Caminó por los pasillos vacíos, con las manos en los bolsillos como acostumbraba, intentando distraer su mente con otra cosa que no estuviese relacionada con su enfermedad. Hacía tiempo que había dejado de debatirse sobre el bien y el mal, la importancia de la situación, el peligro, el semblante del colegio… Pero Dumbledore decía tenerlo bajo control, quitando a Remus de toda responsabilidad. Aún así, el castaño tenía una consciencia. Dobló un par de esquinas, ahí donde la luz de los ventanales no le molestaba, caminando rumbo a la biblioteca. Era muy temprano para hacer guardia en las aulas vacías o en los baños; además de que Lupin era de los prefectos más relajados y considerados que había en Hogwarts.

Aquella noche no parecía prometer nada interesante; los pasillos estaban demasiado callados, bastante oscuros. Ni siquiera la sombra de una araña se asomaba ante la luz siniestra de las antorchas. Desde Gryffindor, Lupin bajó un par de pisos, dejándose llevar por donde las escaleras querían guiarlo. Como si éstas supieran de sus planes, lo dejaron cerca de la biblioteca, justo en el cuarto piso. Sentía que a cada paso, las articulaciones le dolían más, pero decidió ignorar aquél detalle. La ventaja era que en ese piso había mucho menos luz de vitral y era más luz de antorcha. La soledad en aquellos momentos le sentaban bien. Antes de doblar un pasillo, escuchó el susurro de unos pasos que se esforzaban por no hacer ruido. Otro factor importante de esos días, era que los sentidos de Lupin se agudizaban. La persona tras los pasos dio indicios de detenerse al notar la presencia del castaño; su sombra se dibujaba en el suelo. Cuando Remus dio vuelta, se encontró con quien menos esperaba. Ella lo miraba con ese brillo inquisitivo que la caracterizaba cuando ocultaba algo importante, cuando sabía algo relevante sobre tu persona. Parecía esconder algo a sus espaldas, y además, una sonrisilla cómplice decoraba su rostro. Lupin la miró con cuidado, frunciendo levemente el ceño. -¿Qué haces aquí? Es tarde, Skeeter.-Le advirtió; no quería amonestarla, no era tan paranoico.


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Re: Tell me would you kill, to save your life? · Remus J.

Mensaje por Rita A. Skeeter el Lun Jun 30, 2014 9:40 pm

Burn. Let it all burn

Enfermería. 1971.
 


 
 

Se sentó sobre la camilla, sintiendo todo el peso de las medicinas revolver en su estómago. Era pequeña, y cursaba el principio de su primer año. La abstinencia de las medicinas que su padre le había brindado por tantos años le había causado una recaída absoluta; más los profesores no habían logrado nada, aunque lo quisieran. Las familias poderosas eran intocables. Madame Pomfrey la devolvió a su lugar, susurrando algo sobre descansar. Volvió a colocar la cabeza sobre la almohada, y el tic tac del enorme reloj que descansaba afuera era el único sonido que apaciguaba la noche. Las nauseas, comenzaban a irse. Al igual que sus ganas de dormirse nuevamente. Sus manos se colocaron debajo de su mejilla derecha, y observó que a su lado descansaba un niño, estaba un poco lastimado, y susurraba cosas incoherentes producto de las pesadillas que probablemente le estuvieran alterando el inconsciente. Se mantuvo por varios minutos observándolo, y sintió una opresión en el estomago. —Oye—Llamó al verle moverse.—¿Qué te ha sucedido?—Preguntó frunciendo ligeramente el entrecejo. El muchacho tardó algunos segundos en espabilarse y se esforzó mucho para contestar, lo que hizo que se sintiera un poco mal. 

«Rita Skeeter, no siempre había sido como la conocían; su padre había querido que fuera como lo era hoy en día; y luego la influencia de su casa, y sus amigos. Alguna vez había tenido curiosidad inocente, alguna vez había sonreído de verdadera felicidad; pero lo cierto es que esas cosas habían quedado rápidamente atrás, donde nadie ya las recordaba
.»  

Está bien, tranquilo, es la enfermería—Susurró volviendo a colocar sus descalzos pies sobre la piedra fría, para llenar un vaso con agua. Esperó que el niño se sentara y se lo tendió, con una sonrisa tímida.—¿Robaste la escoba de alguien?—Preguntó curiosa. —No, yo no he robado nunca.—Contestó rápidamente, luego de beber el agua. Parecía molesto. Ella se cruzó de brazos, y se trepó nuevamente a la cama. Le había parecido algo maleducado. ¿Quién lo diría?. Más no pasó un minuto más hasta que Remus Lupin, alumno de Gryffindor le pidiera una disculpa. ‘No hagas amistades con nadie que no lleve colores verdes, niña’, la voz de su padre resonó en su cabeza, pues ella no había tenido hermanos que le transmitieran las reglas que debían seguirse como otros niños. Sin embargo lo aprendió rápido, cuando comprendió que sólo podía bloquear sus memorias sí se compenetraba en un personaje frío, y miserable. —Es sólo una enfermedad—Había finalizado con extraña pena en sus palabras. —¿Vas a morir?—Preguntó con inocencia. Y el chico simplemente río con ganas, para negar levemente.



Pasillos del Cuarto Piso. Octubre 1976


Sus labios se curvaron, en una ligera sonrisa hipócrita, se avecinaba algo que aunque no comprendía del todo, la hacía sentirse con cierto poder, cuántos darían por conocer aquel secreto, y hacer de su vida algo más miserable, cuántos de sus amigos, podían lidiar de otra forma con ello, cuántos que adoraban lo cruel, y todo estaba en sus manos, y a tan sólo unos milímetros de ella, expectante, era momento que los merodeadores pagaran, todos sus años de maltrato, porque por mucho que expresaran y defendieran sus diferencias con las serpientes eran no otra cosa que iguales a ellos. No dudaban en dejar a Severus Snape a risa de todo el mundo, no dudaban en levantar sus varitas cuando era necesario o no, no dudaban en sonreír liberando de sus labios la ironía de la situación, y amaban el reconocimiento. El castaño podía ser diferente, tal vez, pero los seguía, y por lo tanto apañaba sus actitudes, no era sólo con ellos, la joven rubia tenía un infinito sentimiento de odio con el mundo, gracias a su padre, a su madre y su bendito amor por decir adiós como un personaje de Shakespeare,  o gracias a ella misma, el fin era el mismo, y eso era lo que importaba. Alzó una ceja. —¿Vas a amonestarme? —Preguntó desafiante. Se mantuvo firme, deslizando el libro sobre su pecho de nuevo. Frunció el ceño, esperando una reacción, pero prefirió hablar nuevamente. —Vengo de la biblioteca, tengo que finalizar con el ensayo de Defensa Contra las Artes Oscuras, aunque no sé sí pueda, no hay suficiente información. Tal vez podrías ayudarme con ello. El mío debe ser sobre Licántropos. —Lo observó con detalle,  y ciertamente sintió como su mundo comenzaba a caer en pedazos. No había razones, ni tampoco era justo, pero la vida no era justa, y era hora de que todos lo comprendieran. El viento helado, y el murmullo de los árboles fue lo único que se oyó por varios minutos, y ella simplemente se mantuvo a una distancia considerable del Prefecto de Gryffindor, manteniendo la firmeza que siempre mantenía y esa tranquilidad escalofriante. Se sentía bien, y a la vez, había algo que no le gustaba en lo más mínimo, pues en algún momento, y sí las cosas hubieran resultado diferentes, ellos serían amigos, pero tuvo que seguir con su herencia, y mantener el estatus que se requería de ella, tuvo que seguir demostrando una vez más que era una Slytherin, y lamentaba que fuera él, realmente.


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Re: Tell me would you kill, to save your life? · Remus J.

Mensaje por Remus J. Lupin el Mar Jul 01, 2014 5:30 pm


1974
 
Un chico de Hufflepuff, leía en voz alta la noticia que habían encontrado en lo que parecía un papel. –“Atención, amigos míos. El chico al que ustedes conocen como Sirius Black, recién perdió su virtud hace un par de días…pronto habrá más detalles al respecto. Por si fuera poco, según buenas fuentes, el señor Black orinó sus pantalones en clase de pociones.“- No tenía firma, era una misiva corta, pero alborotadora. Remus miró a Peter y con la sola intersección de miradas, se preguntaron si Sirius habría leído ya aquello. No fueron necesarias las palabras, porque el barullo se intensificó cuando Rita Skeeter llegó a escena, con un Sirius Black furioso tras de ella. Remus jaló a Peter de la capa, para alejarlo de la gente, yendo hacia donde James seguía de cerca de Sirius, como si temiera de algo malo. -¡Ya sé que fuiste tú, Skeeter! ¡Eres la única persona sin vida en este colegio!-Sirius acorraló a la rubia, mientras echaba chispas. –No tienes pruebas, Black. –Dijo con cinismo, para luego sonreír medianamente. Sirius era de temperamento explosivo, a lo que tomó su varita y apuntó a Rita. No faltó más para que Lupin reaccionara y evitara que Sirius matara a alguien. –Cálmate, Canuto.-Remus empujó a su amigo por el hombro, interponiéndose entre él y Rita. –Quítate, Remus, le daré su merecido. ¿Qué no ves que esta víbora anda propagando falsedades de mí? - Dijo con rencor en su voz. El castaño no lo soltó y la ira de Sirius se fue apagando con un poco de lentitud. –Amigo, es lo que ella querría.- Aconsejó. Al final Sirius sería el afectado y Rita saldría ilesa. Sirius bufó, pero se apartó por fin, dándose la vuelta y caminando con furia por los pasillos, mientras iba echando pestes sobre los Slytherin. El pasillo estaba lleno de espectadores ansiosos, que murmuraban al respecto.

James se hizo cargo de los mirones. Cuando el “show“ se dio por terminado, Rita Skeeter había desaparecido del lugar. Pero Remus había visto su rumbo. La siguió por entre los pasillos, hasta que ella disminuyó el paso, al sentirse más segura, pues pensaba dejar todo detrás. Remus aumentó el paso, por lo que logró atrapar el brazo de la Slytherin, aprovechando un aula vacía para jalarla ahí. El castaño cerró la puerta  y se colocó frente a ella para bloquearle el paso a la rubia. Ella se removió, intentando alejarse del Gryffindor al que reconoció de inmediato.-¿Por qué lo hiciste, Rita?- Había cierto desentendimiento en sus palabras. Siempre- a comparación de sus amigos,-había creído que había algo más en Rita además de la fama de cotilla que se había creado últimamente. Se atrevía a decir que conocía un poco a la rubia, que había entablado buenas migas en un principio con ella, pero de aquello no había rastro ni recuerdo. –Hazte a un lado, Lupin. No te incumbe.- Le obsequió una mirada fría. –Eres mejor que eso.-Le dijo con seguridad. La rubia bajó la mirada y no le devolvió palabra.-Pero está bien, si quieres ser tanto la cotilla que mueres por ser, anda. –Remus se hizo a un lado, abriendo la puerta para dejarla pasar.-Solo quiero que sepas que tenía mejor impresión de ti.- Agregó. Rita lo miró. Sus ojos siempre habían sido inteligentes, calculadores, analíticos, queriendo develar siempre el último secreto de la gente. No soltó un verbo más. Tomó la palabra de Lupin y huyó por la puerta, desapareciendo por los pasillos.

1976
 

La tensión en el ambiente se podía cortar con un cuchillo de mantequilla. Hacía tiempo que no cruzaba mucha palabra con Rita, y aunque en el pasado hubiese querido sembrar una especie de amistad con aquella curiosa niña de la enfermería, ahora sabía que cerca de ella, su secreto caminaba sobre hielo. En aquél momento Remus lamentó no haberse quedado en la Sala Común, no haberse unido al plan de aquella noche, o simplemente no haber inventado alguna dolencia para evitar aquella guardia. Podría fácilmente justificarse; faltaban horas antes de que la luna lo atrapara en agonía y de nuevo se convirtiera en un monstruo. Notó la provocación en las palabras de Rita, y aunque por lo general era tranquilo y pacífico, no pudo evitar sentirse enfadado y algo cansado. Los efectos de la luna llena le hicieron apretar los puños y desviar la mirada, cuando reconoció el libro que la Slytherin abrazaba. Apretó la mandíbula y se guardó las palabras, pensando seriamente en levantar alguna amonestación para una venganza que no tenía ni razón de ser. Se sentía de repente infantil e ilógico.
Como si aquello no fuera suficiente, la rubia agregó un peligroso comentario. Los músculos de Remus se tensaron, y las palabras siguieron resonando en su cabeza.
 
Se miraron uno al otro unos minutos. Remus evaluaba la situación, intentando comprender qué rayos había hecho Rita Skeeter para descubrirlo. ¿Los habría seguido? ¿Solamente se basaba en coincidencias e investigación? Aquella Slytherin le daba escalofríos, más aún los secretos que masticaba día a día, amenazando con soltarlos todos de un jalón. ¿Qué le había hecho a Skeeter para que quisiera delatarlo? Se sintió algo dolido, traicionado, porque había algo en él que se aferraba a la idea de que Rita Skeeter era diferente. Era claro que ella sabía su secreto y utilizaba aquél juego de palabras para referirlo. Optó por lucir calmado, sereno, serio.-Te aseguro que en la biblioteca hay mucha información al respecto.-La evadió.- Deberías aprender a buscar, Skeeter. –La intentó ver con indiferencia, aunque no podía evitar sentirse algo nervioso a su alrededor. La influencia de la luna, cargada hacia él, no era un punto a su favor aquella noche. Todos sus sentimientos y sentidos se intensificaban con la luna llena, con su proximidad. Se volvía algo más sensible e inestable. Sin pensar en realidad en sus movimientos, se acercó a Rita, a penas dejando leve distancia entre él y ella. -¿Qué quieres? ¿Por qué haces esto? Créeme, he intentado entenderlo por tres años, pero no logro encontrarle lógica.-Le murmuró, temiendo que alguien los escuchara, aunque era poco probable por la hora.


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Re: Tell me would you kill, to save your life? · Remus J.

Mensaje por Rita A. Skeeter el Mar Jul 01, 2014 10:20 pm

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Última edición por Rita A. Skeeter el Mar Jul 08, 2014 10:44 pm, editado 3 veces


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Re: Tell me would you kill, to save your life? · Remus J.

Mensaje por Remus J. Lupin el Miér Jul 02, 2014 6:09 am

Y dolía. Dolía saber lo frágil que un secreto podría arruinarte la vida en aquél castillo, que había sido un hogar seguro para él, que al igual había sido lo más feliz que había tenido en toda su vida y dolía la idea de que alguien a quien considerabas casi una amiga, podía traicionarte de esa manera tan fácil. Había algo en Rita Skeeter que él quería comprender más allá de la imagen que ella se daba. Porque él había conocido su inocencia nata, su curiosidad sin dobles propósitos, y su humildad. La fe de Remus parecía costarle muy cara, pero era por naturaleza terco, sobre todo cuando se trataba de sus creencias. Pero esa noche su paciencia no era su máxima cualidad. Su dolencia se transformaba lentamente en rencor. Lo había encontrado en mal momento y probablemente todo lo que pensara, hiciera o dijera, después él lo costearía y se arrepentiría. Sus palabras lo hicieron sentir vulnerable. Personas como Rita se esforzaban en hacerle recordar todo lo que él tanto se esforzaba por olvidar y enterrar. La gente se atrevía a criticarlo sin saber en realidad qué criticaban. Cada luna llena Remus sufría la pérdida de su humanidad, se transformaba en un monstruo; su cuerpo se deformaba a tal forma de que duplicaba su tamaño y se volvía peludo y espeluznante, su quijada se agrandaba y se transformaba en un terrorífico hocico, y su antes paciente y tranquila personalidad se quedaba ahogada sobre el deseo de sangre y caos. Lo criticaban como si tuviera la capacidad de cambiar o evitar eso, lo tachaban sin comprender y lo discriminaban rotundamente.

Y cuando por fin Dumbledore le había conseguido un hogar, cuando por fin él empezaba a sentirse aceptado y casi sentirse un joven normal, siempre había algo que lo sacaba de la balanza. Desvió la mirada de Rita, pues se sentía vulnerable y no quería que ella se enterara del dolor en su mirada. –¿Para qué me preguntas? Tú eres la que deberías cuestionarte lo mismo. Mejor que nadie sabes que no eres lo que aparentas, lo que dices ser, lo que todo el mundo piensa que eres. –Insistió, aunque por momento pensaba que lo hacía en vano. Sabía que hacer cambiar de opinión a la rubia no era trabajo fácil, lo había intentado años antes, sin éxito, contemplando año tras año cómo ella aumentaba sus ansias de cotilleos y transformaba una noticia en algo rotundo y alborotador. Era peligrosa, quizá más peligrosa que muchos que presumían maldad. Podía hacer cosas devastadoras con su secreto. –¿En qué te beneficia esto? –Volvió a mirarla a los ojos.-¿Piensas extorsionarme? A diferencia de ti, no me gusta traicionar los secretos de la gente. Ve, esparce lo que descubriste, no me importa. No vas a sacar ninguna ventaja de ello. No sobre mis amigos.- Hizo un esfuerzo porque la voz no le temblara del enojo.

Usualmente Remus no era explosivo, ni tampoco se enojaba con facilidad, pero vaya que con Rita le resultaba diferente. Caminaba en hielo con ella, y a pesar de eso, tenía la manía de no alejarse, como tantas veces le había reprochado Sirius, como tantas veces le recordaba James. Incluso Lily había notado aquello y lo intentaba hacer entrar en razón. Se alejó un paso de Rita, mirando al suelo un minuto, pensativo. Podría irse, seguir con sus rondas y pretender que nada había pasado ahí, pero había algo, un detalle que lo obligaba a continuar ahí, atado al suelo. –Me di por vencido hace mucho tiempo, Rita, aunque no creía que volverías a decepcionarme. No de una forma tan directa.-Se hizo otro paso hacia atrás, con indicios de darse vuelta y retornar a Gryffindor. No quería hacerle daño a Rita y quería evitar que aquél lado salvaje que despertaba en él la luz de la luna, fuera el pretexto perfecto para provocar a Rita Skeeter y empeorar aquello que acaba de empezar.


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Re: Tell me would you kill, to save your life? · Remus J.

Mensaje por Rita A. Skeeter el Miér Jul 02, 2014 10:34 am

Remus J. Lupin º Pasillos º Octubre.
 
1974


Se sentó en una mesa cercana, acomodando su vestido para que no se arrugara, la seda cayó, deslizándose con gracia, en un color pastel que iba correctamente relacionado a la máscara que cubría la mitad de su rostro. Sin embargo, sus ojos eran reconocidos en Hogwarts, y de un momento a otro se puso a conversar con una Slytherin de quinto año. La música sonaba fuerte, y aturdía, lo que le producía una migraña que se acrecentaba. Observó el reloj, en lo alto del muro, y una mueca irónica se dibujo en sus labios. El perfume de Avery, llamó su atención, venía acompañado de Yaxley, Mulciber, y Snape, más no quitó la vista del centro de la pista. Una pelirroja de ojos verdes le lanzaba a Potter un pequeño pedazo de pergamino, no podían oír la conversación, pero en su elocuencia no notaban ninguna palabra de cariño, más bien se la veía completamente enfadada. El morocho había estado bailando con una ravenclaw, Burke, sí no se equivocaba, y los alumnos empezaron a detenerse, rodeando al trío que a penas comprendía algo. ‘¿Me harías el honor de venir conmigo al baile, Lils?, será sólo como amigos sí así lo deseas, dame un oportunidad para demostrar que soy diferente.  James.’ Se levantó, colocándose al lado de sus compañeros para apreciar mejor la situación. ¡No he sido yo, Lily!, exclamaba un confundido Potter, y Burke simplemente se encontraba desencajada como tercera en discordia.  Por aquel tiempo, ella había prestado referente atención al grupo de Gryffindors, y el morocho no hacía otra cosa que correr detrás de Lilian Evans, para una vez más, decepcionarla. La Slytherin no sólo se había tomado el tiempo de enviar mensajes de amor a la pelirroja, sino que también le había enviado obsequios que pertenecían a un falso Potter. Algunos comenzaron a reírse.

Sirius se acercaba, con James detrás, seguidos de los otros dos merodeadores, y unos Gryffindors a quienes no había prestado atención. En cierta manera le hacía un favor a Snape que se encontraba allí, por todas las que le habían hecho, y a su parecer aunque él no debía mantener relaciones con una impura, le molestaba un poco que lo dejaran tan mal cada vez en cuando. —Malditas serpientes—Susurró peligrosamente Black, a la vez que sacaba la varita junto a su mejor amigo. Ellos simplemente rieron. —Que poco sentido del humor, tienen—Contestó la rubia de slytherin, rascando la punta de su nariz con cierta diversión. —Ten cuidado con esa boca, traidor. Baja la varita antes de que puedas lastimarte—Comentó Avery con tranquilidad.—Te puedo asegurar que nadie va a reconocer tu rostro cuando la utilice.—Indicó James Potter, con rabia.Rita, tomó una servilleta de la mesa, tendiéndosela a Evans.—Vamos querida, limpia tus lagrimas, hay más…de tu tipo en Hogwarts.—La ironía fue comprendida, enseguida, impensada, no se refería a otra cosa que a su sangre, y fue significativa la gota que rebalsó el vaso. Un hechizo apuntó a la rubia, pero la mano de Remus Lupin, había golpeado en la varita de canuto, como le llamaba a Black, estallando en el techo. Los profesores se dirigían rápido hacía allí, por lo que tuvieron que abandonar el lugar cada uno como pudo.

Definitivamente aquello fue el final de lo que podía haber sido un cambio en su alma. No existía discusión al respecto. McGonagall, gritaba a Sirius, y a los jóvenes Slytherins que estaba demasiado enfadados como para huir. Mientras que ella se había escabullido tranquilamente por lo pasillos hacía su sala común. Miró por sobre su hombro, pero nadie la seguía, el vestido arrastró por las escalinatas que la dirigirían a las mazmorras, y una sonrisa de triunfo se dibuja en su rostro. Fue entonces cuando alguien prácticamente le arrancó la mascara, y la bloqueó contra el muro. Por un momento se sintió indefensa e incluso, por un momento un escalofrío recorrió su columna vertebral ante la mirada de odio que desprendía Remus. U odio al menos es lo que ella notó en él. —¿Te das cuenta…?—Murmuró entrecortadamente inhalando aire para volver a hablar—Estás completamente loca.—Indicó manteniéndose demasiado cerca, y ella pudo notar el olor a alcohol que desprendía, probablemente idea de sus queridos amigos.Le revolvió un poco el estomago, pero supo que era otra cosa, y no su aroma.—Vamos, es sólo una broma, Lupin, esa fiesta necesitaba un poco de acción—Respondió queriendo safarse, pero él no se lo permitió. Estaba incomoda. Como nunca lo había estado en su vida.—Lastimaste a mi mejor amiga, lastimaste a Lily, y no voy a perdonártelo. Tendría que haber dejado que Sirius te hechizara, pero no voy a dejar que él se ensucie las manos por alguien como tú…eres una..—Ella lo observó atenta, una cicatriz se extendía por su rostro, a penas visible, pero por la distancia no podía evitar notarse. Sus palabras aturdieron su mente, y bloquearon sus sentidos.—Dilo.—Lo retó, acercando su rostro al del muchacho.—Dilo de una vez. No seas tan cobarde. —Continuó, inhalando el aroma a su perfume que tanto reconocía, mezclado con cerveza, y otras cosas.—Desearía que nunca hubieses existido para nosotros.—Sentenció con rabia contenida, demostrando un Lupin que ella jamás, y probablemente nadie nunca, habría visto ni en sus peores sueños. Sintió una horrible punzada en el tórax. Y antes de que sus labios a penas se rosaran, la rubia colocó sus manos en el pecho del joven, aparrtándolo de su camino para desaparecer tras el escondite de su sala común.

 
1976


Lo vio alejarse, y apartar la mirada, lo que logró en ella tomar coraje para continuar con la situación en su poder, en sus manos, donde podía manejar las cosas como siempre, y hacerle sentir lo que ella quería transmitirle, dolor. —¿Olvidaste la noche de Halloween? Soy, slytherin, llevo pureza en mi sangre, soy quién dijo barbaridades de Black y Potter, soy quién dejó a Evans mal parada en el baile, y quién la llamó sangre sucia. Esto soy, no hay más, tengo lealtad a los míos. Tú sabes quién soy. Soy la que deseaste que no existiera, y ya. Ya tienes dieciséis años y deberías reflexionar sobre tus recuerdos, y dejar de pensar que todo el mundo tiene algo bueno dentro, sé realista, despierta de una vez, o vas a terminar muerto.—Las épocas comenzaban a cambiar, y con ella, algo rondaba en la oscuridad, cada vez más cercano, algo que aguardaba su lealtad, algo que prometía hacer un cambio, y lo que ella sentía sería su redención, para escapar de allí, y sentir que algo era sólo de ella. Iba a pertenecer. Eso era lo que importaba; y los rumores, y los cotilleos serían sólo juego de niños. Debía estar preparada, y quitar las debilidades de su camino. Lo que había descubierto de Remus Lupin, le abría una y muchas puertas. Podía hacer lo que quisiera con ello. Sólo tenía que decir qué. No sólo caerían sus amigos, también Dumbledore, y la status del Colegio. Sería un caos entre los padres, y muchos niños serían sacados de allí, no volviendo a confíar nunca en Hogwarts. Su padre creía que había perdido su nivel, con tantos sangre impura dando vueltas, tantos traidores…

Un cambio se avecinaba.

Entonces notaba ese mismo joven de hacía dos años, en las mazmorras. Aún mantenía ese bonito aroma, sólo que sin alcohol cubriéndolo. Mantuvo fija su mirada en él. —No soy la única que oculta cosas. Un licántropo. Quién iba a decirlo. —Se acercó un poco más, cumpliendo con lo que había iniciado luego de aquel baile, deslizando sus dedos por la cicatriz que había percibido cerca de su cuello. Dejó que el silencio se abriera paso entre ellos, y aunque quiso decir otra cosa, continuó siendo la de siempre.—Yo puedo lastimar, pero tú…Remus, acabarás por asesinar a alguien, cuando no llegues a tiempo donde sea que te ocultes, o incluso sí escapas, vas a manchar tus manos, porque corre por tus venas, y no somos tan diferentes como creías…—Acarició su rostro, buscando el inicio de las cicatrices tenues que a penas se veían, con un cinismo infinito que nunca había podido controlar.


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Mensaje por Remus J. Lupin el Mar Jul 08, 2014 7:08 pm


1975
 
Hacía frío. Odiaba cuando los peldaños de las escaleras se volvían más resbalosos, de por sí era ya toda una aventura escalar hasta la torre de la lechucería con el aire de tarde normal, así que era mucho más mortal hacerlo en invierno. Y luego la familia se quejaba porque no mandabas cartas para navidad. Remus era de los pocos que se atrevían a arriesgar su vida en aquellas escaleras empinadas y congeladas; iba envuelto con una pesada bufanda de Gryffindor, junto a la túnica y un sweater. Era en realidad poca ropa para combatir el helado viento que soplaba en su contra, pero de nuevo, no le hacía efecto como a las demás personas. Evadió los escalones que más peligrosos se veían y en cuestión de cinco o diez minutos, logró llegar a la cima, donde el olor clásico de las lechuzas invadía el ambiente. Sintió cómo la nariz y las mejillas se quemaban con el frío y metió las manos enguantadas en los bolsillos, sintiendo la carta que iba a enviar. Nunca pensó que al llegar, se encontraría con ella.

Un montón de lechuzas la rodeaban, como si comprendieran su estancia en la lechucería. La miraban atentamente, mientras ella abrazaba lo que parecía ser una carta o una foto, y el rostro lo tenía hinchado, delatando sus ojos cristalinos en llanto. Su cabello rubio, escondido debajo de un gorro gris, se revolvía con el viento. No había notado la presencia del castaño, que se había quedado helado en la entrada. Porque hacía tiempo que no se topaba con ella, porque en realidad no habían quedado exactamente bien. Y Remus lo recordaba mejor que nada de aquella noche. Al principio se dedicó a observar a Rita, sorprendido; nunca la había visto en aquél estado tan vulnerable, y en esa imagen solamente podía recordar a la niña de once años que amigablemente se había acercado a él en la enfermería.

Después de lo que para Remus parecieron horas, Rita se dio cuenta de su presencia y sobresaltada, sacó su varita y apuntó al Gryffindor, limpiando sus lágrimas con la manga de la túnica. -¡¿Qué haces aquí?!- Dijo alterada, sin dejar de apuntar al chico. Remus sacó las manos de los bolsillos y por inercia, los subió por arriba de su cabeza. –Tranquila, Skeeter. Vine a entregar una carta.-Bajó una mano con lentitud y sacó la carta de los bolsillos, mostrando su evidencia a la rubia. Con enfado, ella bajó la varita y miró hacia otro lado, evadiendo el rostro de Remus a toda costa. Pero él era de las personas más tercas a haber. Se acercó a la rubia, con cuidado, para nada repitiendo la escena de la mascarada. -¿Todo bien?- Preguntó con cautela, intentando ser suave, como cuando trataba con Lily el tema de James. De alguna forma, le dolía el dolor de Skeeter, aunque Sirius hubiera catalogado aquello como ridículo. Extrañamente, Rita no reaccionó con agresividad, sino que miró a Remus a los ojos. De repente no encontró cinismo, ni altanería. Rita era igual de vulnerable que cualquier ser humano.

Ella lo abrazó, aferrándose a su torso. Él no alcanzó a comprender del todo lo que sucedía, cuando Rita lo soltó y lo miró con desagrado. –Vete, Lupin. No te incumbe. Entrega tu maldita carta y vete.- La rubia lo empujó con brusquedad, desorientando a Lupin. Este frunció el ceño, extrañado por la bipolaridad de Rita. Se quedó mirándola, aunque ella seguía escupiéndole insultos para que se retirara. –Bueno… No tengo idea qué fue lo que te ha pasado, pero si te sirve, ya sabes, puedes contarme. Podrías sentirte mejor.- Batalló un poco con las palabras y luego dio un paso hacia atrás. Rita lo escrutó con la mirada. Algo intimidado y confundido, Remus se encogió de hombros y se retiró de la lechucería. Sabía que a pesar de todo lo grotesco que Rita podía lograr, tenía un gran corazón, aunque tanto rencor, un algo que Remus no alcanzaba a identificar, la obligaba a ser así. Lupin nunca entendió ese día, en realidad.

1976
 
 
Y le costaba creerlo. Escuchó las palabras de Rita y prefirió mirar las grietas que se formaban en la piedra del suelo bajo ellos. –Que lástima que te veas solamente así, Rita. Y sí, he reflexionado bastante sobre… sobre esa noche. Estaba bebido.-Dijo como conclusión, no muy orgulloso de sí mismo. Levantó la mirada y enfrentó la de ella. –Esa noche no era yo. –Lo había meditado y Sirius había dicho alguna vez que no había más verdad que la que decían los borrachos. Pero no estaba tan ebrio ¿o sí? Recordaba gran parte de la noche, sobre todo la parte que había pasado con Rita. ¿En realidad deseaba que nunca hubiese existido? Sus amigos estarían más a salvo, sus secretos no serían revelados, incluyendo el gran secreto propio. Rita lo llevaba a una encrucijada difícil de entender. -¿Qué quieres? ¿Qué me lamente todo el tiempo con lo mal que me trata la vida? Sí, he sufrido gran parte de ella, quizá por eso no seamos tan diferentes. Y aprendí a verle el lado bueno, pero tú usas lo que te hiere para transformarlo en algo que hiera a los demás. ¿Qué te importa la vida de Lily? ¿Qué te importa la vida de Sirius? –Le dijo con rabia. Rita lo sacaba de sus casillas, a él que siempre acostumbraba a ser apacible, tranquilo.
 
Ella fue la que se acercó a él. Empezó a recorrer figuras en su rostro, sus cicatrices, acariciándolas con curiosidad, mientras sus ojos brillaban con cinismo. Remus se estremeció, pero apretó la mandíbula. No hizo indicios para moverse, sintiendo como si sus músculos se hubieran vuelto de plomo. Quiso agregar algo más, pero las palabras de Rita calaban, cada una de ellas. –Escupes veneno. Felicidades, eres una de ellos.-Se refirió a los Slytherin, a sabiendas que ella lo comprendía. Sabía que sus palabras tenían razón. Podía matar a alguien y muchas veces se había quedado sin sueño pro lo mismo. –No pasará.- Dijo simplemente, dejando que el silencio completara por sí solo sus palabras. –¿Qué te detiene, Rita? Ve, esparce mi secreto por el castillo entero. Pierde todo el respeto que te tenía, asalta mi confianza y destruye lo que queda de mí. Desquítate conmigo lo que no te desquitaste con alguien más. –La retó, acercándose más a su rostro, inconscientemente, porque había visto varias veces cómo James amenazaba a Snape. Era más complicado sin tener alcohol en las venas, pero la rabia, la luna semi llena y las provocaciones de Skeeter, lo empezaban a sacar de quicio.



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Mensaje por Rita A. Skeeter el Mar Jul 08, 2014 10:43 pm

Just one more time before I go I'll let you know
That all this time I've been afraid Wouldn't let it show. Nobody can save me now
 

Se adentró en el armario, mientras cubría sus oídos con sus propias manos, una caja de zapatos de charol rojo, cayeron a su lado, más, sus ojos se mantenían apretados, e intentaba pensar en otras cosas, cosas ajenas, y desconocidas, pensaba en un terreno extenso, con la grama alta, envuelta por el viento, pensaba en el cálido sol que bañaba montes altos, y en el ruido del océano. Un artefacto de vidrio se estrelló contra la pared. Y los gritos simplemente se acrecentaba a cada momento un poco más. Los pasos resonaban, se acercaban. No iba a llorar. Entonces la puerta se abría de par en par, se desencajaba de sus hendijas, alguien la levantó bruscamente por el brazo derecho, y la luz de la habitación hirió un poco su iris. A penas podía caminar, pues el paso de su padre era mucho más acelerado. Dolían sus dedos apretando fuertemente la piel. Su madre simplemente venía detrás, continuaba discutiendo, gritando, sacaba su propia varita. Ahí fue cuando el hombre por fin la soltó. En cambio, tomó a la mujer, de rehén contra la pared más cercana. —Continuaremos siendo una familia como se debe, y nadie va a estropear este apellido. No volverás a verlo. Nunca más de nuevo. Porque te prometo que así como decides seguir con esta tontería, no volverás a verla a ella.—Sus palabras salieron de sus labios tan hirientes, tan repletas de veneno. A la pequeña le sangraba la rodilla, y sus medias se habían rasgado con la madera del piso. Nunca iba a olvidar aquel día. Pues aquel día había sido el que su madre había decidido elegir para abandonarla. La vio llenar sus bolsos, meter cada uno de sus caros vestidos en una maleta, la vio quitarse el collar que su padre le había obsequiado por navidad…

A la mañana siguiente, no encontró, como todos los niños, obsequios al pie de su cama, ni nadie le llevó el desayuno caliente. La casa estaba en silencio. Mortal. Oscura. Sentía sus parpados pesados, y a penas podía enfocar nítidamente su propia habitación. En poco menos de nueve meses se iría al Colegio, y sus ansias porque el tiempo pasara comenzaron a quedar un tanto detrás, la emoción inicial era apaciguada por los asuntos que escondían en aquella mansión. Eran una familia tan reconocida en el mundo mágico, que se veían aún más en la tarea de cerrar el pico y aparentar. Se sentó en la cama, y como sí él la hubiese percibido ingresó en su habitación, depositó un frío beso sobre su frente, y acarició un momento su ondulado cabello platino. Seguidamente la caja que había entre sus manos le fue entregada. —Tenemos que irnos, vístete, en un momento Eve, subirá a ayudarte.—Era un precioso vestido, pero su color hizo que un escalofrío horrible le recorriera la columna. 

Aquel fue el día en que odio más que nunca a su madre. Un sentimiento que se quedaría allí por siempre. Las navidades no le eran gratas en lo más mínimo.

 

1973. Hogsmeade
 

Negó con la cabeza. Mientras Avery la escudriñanaba con sus brillantes ojos fríos. Parecía que quería leer sus pensamientos, lo que hizo que se llevara una mano a la punta de la nariz, para mostrar su secreta inquietud con el asunto. El humo del cigarro la envolvió, el frío parecía acrecentar su aroma. Sus dedos juguetearon con la superficie de la copa que guardaba dentro de ella la cerveza de mantequilla. El paisaje de Hogsmeade era recubierto por los copos de nieve que caían rápidamente, danzando sobre el aire. Snape se encontraba cruzado de brazos, en silencio. Tampoco es que le hubiese escuchado decir demasiado, pero simplemente se limitó a imitarlo. Mulciber se encontraba de pie, por la puerta de Las Tres Escobas ingresaban Alathea Nott, seguida por la hermana de Marcus. —No hacen más que meterse con los de nuestra casa, y Snape se ha convertido en su punto preferido, no tendrías que dudar tanto.—Indicó con una severidad oculta entre molestia, y oraciones un tanto calculadoras.—Sólo son…El hecho es contra Potter, y Black.—Respondió alzando su mirada, destellando altivez, después de todo, la educación que le había sido inyectada era igual a las personas que en ese momento la rodeaban.—Es contra todos.—Intervinó Mulciber. 

Aquella reunión se había dado casi sin armarse preventivamente. La rubia se había dirigido en busca de algo para beber, de un lugar donde resguardarse de la tormenta que se extendía por el pueblo, en su primera visita, y su primera excursión fuera del colegio. Aquella tarde había quedado con Remus Lupin, un joven de Gryffindor, él había dicho que podían encontrarse en los límites, Rita jamás había escuchado sobre La Casa de los Gritos, y al parecer el muchacho que era muy amable con ella, conocía bastante sobre el asunto. A los trece años, las historias de fantasmas parecían fascinantes. Sin embargo jamás llegó a ubicarlo. Porque fue en ese momento que se enteró que Slytherins eran más de lo que les permitían ser. O al menos eso le hicieron creer. 

Probablemente sus charlas con el castaño no habían sido bien vistas entre sus compañeros, sobre todo porque los amigos de este habían comenzado una guerra contra las serpientes, y viceversa. Se cruzó de brazos, mientras Avery apoyaba la punta del cigarro en el cenicero.—La pureza es algo que se honra, y esos imbéciles no tienen ningún honor, así se lo tatuaran en la frente. No tienen respeto por su familia, ni por los magos, Skeeter. Sí quieres seguir manteniendo amistad con el mestizo pues allá tú. Sólo abstente a las consecuencias. 

Él…no. No somos amigos, simplemente hemos tenido que hacer uno que otro trabajo. 

Podría decir que una sonrisa se dibujó en sus rostros. A aquel momento, y en adelante, se mantuvo firme, pensando que aquella conversación marcaba en su vida la diferencia de comprender qué significaba exactamente ser slytherin, puro, y leal. 

1976. Pasillos del cuarto piso.
 
Dejó salir un suspiro de entre sus labios, con cierta molestia envolviéndola. Los recuerdos de aquella noche se agolpaban en su memoria, mientras él hablaba, mientras no le mantenía la mirada, había pensando demasiado tiempo en aquello, y siempre intentaba que continuara doliéndole, para no doblegarse, ni sentir culpa alguna, para no inquietarse con sus actitudes e insistir con qué él no valía la pena. Ni él, ni ninguno de sus amigos. —¿Estabas bebido?—Bueno, como sí no hubiese podido darse cuenta de aquello, más no era razón valida, y tampoco le importaba demasiado. O al menos eso quería creer.—Oh, yo creo que estás un poco equivocado. Eras cien por ciento tú, sólo que no aceptas el haber dejado salir eso a lo que tanto temes. Supongo que ahora comprendo todo un poco más.—Indicó, manteniendo su humor hipócrita y frío. El contacto con su piel, le había estremecido, lo que era un tanto peligroso, y odiaba esas sensaciones, alejó sus manos, ante aquel inconsciente acto, y las metió dentro de los bolsillos de la túnica, luego de colocar el libro dentro de la mochila. Por un momento lo único que se oyó, fue el avivo del fuego de las antorchas, ante una ligera ráfaga de viento; la luz de ellas a penas podía iluminarlos, lo que agradecía, por sí había un gesto inocente que quisiera reflejarse en su rostro, y delatarla. De hecho; tenía razón, las siguientes palabras de Lupin hicieron que se echara un paso hacía atrás. Le temblaban un poco las piernas, pero se mantuvo recta, intentando que todas las emociones dormidas que en ella se abrían paso no fueran notadas. Se apoyó contra el muro,  y lo observó de reojo, para luego mantener la mirada en sus pies. —No lo quiero.—Se limitó a decir, para recuperar su odio una vez más.—Por mi te puedes lanzar por la torre de Astronomía que continuaré leyendo un libro en mi sala común. No hay cosas que me hieran, simplemente soy justa. El que las hace las paga, Lupin. Black traicionó a su familia, y aunque no lo deja bien parado, y tampoco me incube, el problema es que se meta con mis compañeros. En cuanto a tu amiga Evans…sólo es una herramienta más, sí tus amigos no fueran tan capullos tal vez habría algo más de paz. A Lilian ya le llegara su destino. No es mi problema. Simplemente demuestro que no son el centro del universo, lamento sí no pueden lidiar con las consecuencias de sus actos. —De cierta forma…amaba ver la rabia en sus ojos, le gustaba saber que aquel joven pacifico, e inteligente también tenía su bestia dentro, y dejaba de ser tan perfecto como aparentaba, en Hogwarts, quién no pertenecía a Slytherin, los odiaba, sín comprender que todos tenían su serpiente dentro. Solo bastaba picarlos un poco para liberar esas emociones. Su destino estaba marcado, desde hacía tiempo. Eso era ella, y cuando se requiriera tendría que estar firme para decir que sí. Alzó una mano, y se quito el gorro de invierno que cubría su cabeza. Sentía un punzor en el pecho. Aquel chico podía lastimar sí quería. Eso lo hacía tan como ella, y no sabía sí eso era bueno o malo. —Gracias. Me he esforzado por estos años.—Indicó sin tanto sentimiento recargado en sus palabras. Simplemente agradeció un poco obligada, un poco a redención, sí es lo que había querido, ¿por qué no la hacía feliz?. El hueco en aquella oración, el vacío de cada una de las palabras. ¿Así debía ser?. —¿Puedes enviarle una carta a mi padre, para decirle?—Preguntó irónica, alzando una ceja.  Y una vez más ahí estaba, con su rostro demasiado cercano para corroerse,  disfrutando la forma en que lograba sacarlo de sus casillas. Sonrió; sin poder evitarlo, con el satisfacción saturada de lapidar su educación noble. En sus ojos azules-verdes se escondían, sin embargo, otras intenciones. ¿Cómo podía destruirlo? ¿Cómo enterrarlo a los ojos de todos? Sólo tenía que dar el paso. Un paso en el que se abría una brecha imposible. Trago saliva. Se mantuvo en silencio. Demasiado rato. Dejando que el vapor helado se escapara de sus labios.—Estás temblando.—Se limitó a afirmar, mientras medía sus palabras, podía sentirlo, y no había necesitado tocarle para saberlo. Más había algo más que le calaba los huesos, y no se parecía en nada al invierno que se abría paso en los terrenos, aún aunque fuera Octubre. —¿Qué vas a hacer Remus?—Y era la primera vez en años que lo llamaba por su nombre, en un susurro, que solo ellos podían percibir.—¿Qué quieres hacer para protegerlo?—Concluyó. Pues no era fácil, podía servir, aquello de verás que sí, pero no ahora. Sino cuando el momento llegara. Cuando fuera su oportunidad, y se armara de fortaleza para venderlo. Aún aunque sabía que ya estaba muerta por ocultarlo tanto tiempo.



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Re: Tell me would you kill, to save your life? · Remus J.

Mensaje por Remus J. Lupin el Miér Jul 09, 2014 12:40 pm


1965
 

Se quedó estático, observando al hombre detrás de las cortinas. Sus ojos grises, pecando de amarillos, lo observaban con complacencia, mientras una sonrisa tenebrosa y corroída aparecía en sus delgados y agrietados labios. Era de altura impresionante, con abundante pelo cubriendo su rostro. Ese ser no era un hombre, era la reencarnación de los cuentos de terror que sus amigos habían temido. Y no se consideraba a sí mismo como un cobarde. Nunca había tenido miedo a la oscuridad, ni siquiera cuando su madre apagaba todas las luces de la habitación, y dejaba abierta la puerta del closet. No creía en los demonios, ni en los monstruos, porque su mundo mágico, lo volvía creyente y al mismo tiempo escéptico. –Desalmados y malvados seres. Merecemos solamente la muerte.-Dictó en letanía el hombre a voz ronca y profunda, como un gruñido. Remus pensó que seguía soñando. El hombre se acercó entonces, sin despegar su mirada del hipnotizado niño de cinco años, que se protegía inconscientemente con las sábanas de su pequeña cama de madera. –Merecen todos morir.-Escupió, esta vez con más rabia. Tomó al niño del delgado cuello y sus uñas amarillentas se clavaron en su piel. Remus no pudo gritar ni emitir sonido alguno, con trabajo luchaba para respirar. Pasó demasiado rápido; el hombre, cual caníbal, se abalanzó hacia él, mordiendo su hombro sin piedad, con mera intención de alcanzar la yugular y matarlo.
Pero no era el destino del infante morir.

La puerta de repente se abrió y un hechizo impactó en el pecho del hombre lobo, quien gruñó cual animal al salir despedido a una pared. Se levantó de un salto y miró a su atacante. Su sonrisa, repleta de sangre infantil, brilló en la oscuridad de la noche. La luna semi llena invadía la estancia e iluminaba vagamente el rostro de Fenrir Greyback.- Repite tus palabras, Lupin. Repite lo que dijiste en el ministerio, a tu propio hijo.- Lyall Robert Lupin empezó a atacar a Greyback, hasta que éste logró escapar por la misma ventana que había forzado para entrar. Adelaide Lupin entró gritando a la habitación. Remus había sido testigo de todo, pero el dolor y la pérdida abundante de sangre, nublaban su noble mirada. -¡Por Merlín, Lyall! ¡Remus, Remus, mira a mamá, todo estará bien, cariño, mira a mamá! No cierres tus ojos...- El pequeño castaño perdía sus sensaciones y solo sentía frío, frío y un dolor intenso en el hombre. Lo último que vio fue a su madre, quien lo estrechaba en brazos y repetía su nombre, mientras lloraba.

1972
 
 

-Lo sabemos, Remus. –El moreno de ojos grises sonrió orgulloso de sí mismo, como si hubiera hecho el descubrimiento del año. Lo habían abordado en su habitación, cuando estaba demasiado cansado para hablar, cuando acababa de salir un día de la enfermería, después de su semana de descanso post-transformación. Sus compañeros de habitación, quienes se habían convertido en sus mejores amigos, le hacían una especie de intervención. –No sé de qué están hablando.- Afirmó Remus Lupin, un chico bastante serio y formal para sus doce años. –No te hagas el loco, Lupin, te seguimos toda la semana y jamás había visto algo así de fascinante.- Dijo el chico con gafas, con entusiasmo en su voz.-Eres un hombre lobo, Remus.- Peter Pettigrew dijo algo asustado. Cada vez que se lo recordaban, una punzada de dolor recorría el cuello de Lupin, hasta llegar a su hombro, donde aún podía apreciarse la mordida de Fenrir Greyback. Sin ninguna arma para defenderse, Remus miró a sus amigos; estaba listo para ser rechazado, de nuevo. Ya había experimentado aquello en sus colegios antes de Hogwarts, podía soportar un rechazo más. Iba a abrir la boca para dar muestra de rendición, cuando Sirius lo envolvió en un amistoso abrazo, dándole unas palmadas en la espalda. –Cuenta con nosotros. –Dijo James, para unirse a los dos amigos.–Dijo James, para unirse a los dos amigos.  -¡Claro! Imagínate todo lo que podríamos hacer con ello. Podremos espantar a los Slytherin en sus pijamadas…- Sirius se calló cuando volvió a mirar a Remus, pero al final los cuatro soltaron una carcajada. –Vale, vale, seré una tumba.- Peter abandonó su timidez y se unió a los merodeadores. Remus Lupin encontró un camino agradable y cuando su vida resultaba ser depresiva, sus amigos volvían a elevar la montaña rusa que representaba la vida del licántropo.

1973-Mazmorras


 
-¡Canuto, cuida dónde pisas!-Exclamó James, sin elevar mucho la voz. Los cuatro, debajo de la capa de invisibilidad, intentaban hacer una de sus famosas bromas. –Todavía hueles a perro mojado. –Peter arrugó la nariz, o eso imaginó Remus que haría. –No controlo el clima, Colagusano. No especificaré a qué hueles tú.- Reclamó Black. –Cállense, por amor a Merlín, que nos van a encontrar.- Chitó Remus, nervioso. Era el que mantenía a los Merodeadores con los pies en la tierra, el que lograba hacerlos a veces entrar a razón, era la consciencia, y por eso mero sentía gran responsabilidad cuando hacía una travesura, o se unía a una, y los descubrían. Se movieron a la par, todos guiando el mismo pie a una sincronización impresionante y ensayada ya de un par de años. James, quien iba hasta el frente, frenó en seco, llevándose al resto, que chocaron en fila india. –Cornamenta…-James le tapó la boca a Sirius antes de que protestara.
 
En frente de ellos, un Slytherin caminaba tranquilamente, dirigiéndose a su Sala Común. Los cuatro chicos, se escondieron en la oscuridad, conteniendo las ganas de reír. Reconocieron a Snape como la víctima. Dijo la contraseña y cuando la puerta se abrió, se escuchó cómo la broma se activó y Snape fue cubierto con polvos pica-pica. James fue el que no logró retener una carcajada y Severus se giró hacia donde estaban, entre molesto y agraviado. Se rascaba con todas las ganas, dejando su piel roja debajo de sus uñas. -¡Eh, Snivellus, deberías darte un baño!-Gritó Sirius y le siguió una risa de Peter. De la puerta de Slytherin, se asomó Avery, con aquella cara de limón agrio de siempre.- ¡Lo van a pagar caro, montón de idiotas!-Sacó su varita  y fue suficiente para que los cuatro se echaran a correr. Se esparcieron, subiendo de par en par las escaleras, sin poder frenar. Cuando dieron vuelta a una esquina, Remus sintió que alguien jalaba su corbata. Su paso fue bruscamente detenido, casi tropezando con sus pies. Se desvió de pasillo y de repente se vio cara a cara con Rita Skeeter.- ¡Hey, Rita!-La saludó, con el corazón latiéndole en los oídos, por la huida. –Basta, Lupin, detén esta locura, o de verdad se van a arrepentir.- Le dijo con frialdad. Remus frunció el ceño.-¿Todo bien?- Generalmente llevaba una relación muy buena con la rubia. Ella lo miró altivamente, como antes no había hecho. –Van a pagarla caro. Me voy a encargar de eso.-Dijo a secas, para empujar infantilmente a Remus, quien confundido asintió a las palabras de Rita. En realidad el castaño pensó que aquél día había sido una broma, que Rita no lo decía en serio, pero desde entonces jamás había vuelto a haber empatía entre ellos. Ese día Skeeter le declaró la guerra a los Merodeadores, solamente que sus hechos los guardaba bajo la manga…

1976


 
Como Rita, no todos veían a buenos ojos la condición de Lupin. Rita y Remus eran bastante parecidos, sus vidas habían tenido más en común de lo que podían imaginar. Remus no conocía la historia de la chica y Rita ignoraba la de Remus, hasta aquella noche, en donde podría predecirse todo el daño que había sufrido de chico. Las palabras de la rubia desvariaban en él, y quería contestar a todo, dándole cuerda a Rita, como si aquello fuese a funcionar de algo. Y él bien sabía que aquella no era la mejor solución, pero se sentía herido y vulnerable, además de furioso, por lo que era difícil pensar fríamente, como acostumbraba. Prefirió callar, callar y mirar solamente sus ojos verdi-azules que lo querían dañar. Se aferraba inútilmente a la idea de que Rita tenía un corazón y que no todos la habían conocido como él había hecho. Quería convencerla, debía hacerlo. Su nobleza a veces lo volvía ciego, y aunque la vida lo hubiera pateado, él lograba levantarse. Se alejó un paso al mismo tiempo que ella lo hacía. Sintió cómo un nudo en el estómago se le formaba cuando dejó de inhalar el aliento dulce de Rita, un dulce que resultaba ahora venenoso por el contenido de sus palabras.
 
No había reparado en sus acciones hasta que Rita llamó de nuevo su atención. Temblaba. Temblaba de rabia, de impotencia, mientras apretaba los puños hasta que los nudillos le quedaban blancos. Así no era él, aquello le recordaba el monstruo que era, que podía llegar a hacer. Las palabras de Skeeter parecían calarle más de la cuenta. Ella volvió a acercarse, y Remus se dio cuenta que su presencia lo alteraba. -¿Quieres manipularme?-Dijo lo obvio. Rita era manipuladora, pero Remus tenía espíritu de Gryffindor, dejarse mangonear no era su manera de ser. Pero pensó en Dumbledore, en sus amigos, en las personas a las que dañaba e involucraba de cómplices en su terrible secreto. –Deja a mis amigos fuera de todo esto ¿está bien?- Evadió. Apretó la mandíbula.-¿Qué quieres de mí? En realidad puedo darte poco, Skeeter. Y como te dije, no voy a traicionar a nadie, por una simple amenaza. –No supo por qué lo hizo, pero elevó una mano y acarició fugazmente la mejilla de la rubia, con cierta nostalgia en el movimiento. –No somos tan diferentes, Rita. Me atrevo a decir que aún confío en ti.

Perdón, me inspiré ._. perdona mi exagerado post. No lo vuelvo a hacer tan largo XD


Última edición por Remus J. Lupin el Sáb Jul 12, 2014 7:27 am, editado 1 vez


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Re: Tell me would you kill, to save your life? · Remus J.

Mensaje por Rita A. Skeeter el Jue Jul 10, 2014 4:15 am

Verano de 1976
 


El corazón le latía a velocidades impensadas; y una transpiración helada recorría su columna vertebral. Se paró, con los ojos rojos, y lagrimas agolpándose en ellos. Una mano conocida, que descansaba en su hombro la empujó hacia abajo. No podía quitar la vista de aquel asunto, aún, aunque de verás quería hacerlo. El rostro conocido de la nueva mujer de su padre se colocó justo delante de ella; quitándola de la realidad por un momento. Ahora sabía que lo que la arrastraba hacía el infierno jamás la soltaría de nuevo, ni tendría oportunidad alguna de regresar a la superficie. Las voces se hicieron eco en su cabeza. Detén esta locura. ¡Detenla ahora! Más no. Su complicidad la torturaría por el resto de sus días, su complicidad, ahora la hacía participe de aquello a lo que llamaban destino, forjado por aquel hombre, por su apellido, forjado por los colores que defendía en Hogwarts, y por la maldita pureza que recorría venenosa sus venas. La mujer sonrió, y lo hizo desagradable, como su propia forma de sonreír cuando cometía alguna de las suyas, con ese infantilismo siniestro y cínico. Sólo las luces de las velas eran testigos de aquello esa noche. Y el verano jamás se parecería nunca a aquel. No había aire, y no era sólo el clima. Se parecía más a un dolor en el pecho. —No seas infantil.—Indicó la mujer colocando una mano en la mejilla de su rostro tal y como lo hacía Remus Lupin en su propia actualidad, en aquel pasillo vacío. La tomó del brazo, arrastrándola escaleras abajo, quitando su seguridad del primer piso, para llevarla a la sala a la derecha de aquella casa, donde la puerta entreabierta dejaba ver a un hombre arrodillado en el piso, jadeante, y con una bolsa negra recubriendo su rostro. Se estaba comiendo sus palabras. Más no podía masticarlas del todo. Los recuerdos en el Colegio comenzaban a herirle la piel, y su voz cansina repetía una y otra vez. Sangre sucia. Siseaba, y reía. Se burlaba de ella. Sangre sucia, y tendrás tu castigo. ¡Ella no era eso!. No. Le tocaba estar del otro lado, se volvía juez de sus crímenes, alguien lo había dicho, y así serían las cosas de ahora en más. La mujer le acomodó el cabello, dejándolo caer por detrás de su espalda. Temblaba; y la puerta se abrió repentinamente. El prisionero buscó el sonido, como sí fuera lo único que fuera a ayudarlo, y gimió, gimió porque su boca había sido tapada. El mismo hombre que había visto en el Ministerio aquella mañana, cuando acompañó a su padre a trabajar, la invitó a entrar, con su rostro severo indicándole el permiso. Sí hubiera estado concentrada se habría percatado mejor que era el padre de uno de sus compañeros. Al centro, otro hombre, completamente vestido de negro, revisando lo que se encontraba por encima de la chimenea curiosamente, como sí una charla de amigos fuera todo lo que existiera en esas cuatro paredes. En los sillones, alguien más, con una pierna por encima de la otra, y su mirada fija, incoherente, divertida, percibiendo la victima; y por detrás de la misma, su propio padre, que sacaba un pañuelo de su saco y se limpiaba con él la frente, manteniendo la misma postura que llevaban los demás. Volvía a repensar que ese verano no sería en nada igual a los otros, ese verano presentaba su condena, y con ella su forma de vivir de allí en más.

No habría redención. Para ninguno de ellos. Y sí la hubiera acabarían todos por debajo de la tierra.

Una varita fue depósitada en sus manos, y obligaron a sus dedos a entrelazarse para mantenerla firme. Su mirada fija, en el adversario, o quién creía que lo fuese, por lógica, demente lógica. Alguien le habló al oído, pero esa vez no fue su propia voz, sino la de su padre. —Como te enseñe. —Indicó fríamente.Cualquier joven de dieciséis años, fuera de la escuela había disfrutado de las salidas nocturnas, de las fiestas los fines de semana, cualquier adolescente en su colegio se encontraba mirando las estrellas fuera, y riendo en una comida familiar. Se aseguraba a sí misma, que absolutamente nadie se encontraba viviendo aquello, ni practicando como lo había hecho. Entonces delegaban en ella, lo que querían terminar. Su padre tenía tanta influencia que sólo recibiría una advertencia destacando la restricción del uso de magia, cosa que remarcaba lo grande que se estaba volviendo aquella guerra. Su pecho subía y bajaba, más ya no temblaba. Levantó la mano, en dirección a aquella víctima. —Por traicionar tu familia, tu sangre, tu pureza, por contraer matrimonio con una sangre sucia, y en su caso, heredar un mestizo. Deshonrar a los magos, y espiar a los tuyos. Se te culpa de alta traición.—Rita alzó la varita, no era lógico, no había nada razonable en aquello, no podía utilizar aquella maldición sin que el Ministerio la castigara. Hizo un paso hacia atrás. Desconfiando de las palabras de su padre. —Ya hazlo de una vez, niña.—Intervino el más alto de todos ellos, cansino, poco educado, sus dientes estaban amarillos, y casi podía jurar en punta. Tomo coraje, colocando la varita frente al rehén nuevamente. Pasaron algunos segundos. Que se hicieron eternos. Alguien la tomó por el cuello, y la hizo colocarse cuclillas también, se encontraba demasiada cerca del hombre al que torturaban, y podía oler su piel calcinada por los hechizos que habían utilizado en su contra.—Es un espía, ¿lo ves?—Gruñó su propio padre, lastimando su nuca. Ahora sentía la punta de la varita sobre su cabeza, y sólo se limitó a asentir, conteniendo las lagrimas, sintiendo una fiebre feroz recorrer su cuerpo.—Se lo culpa por traición, y hemos sido elegidos, yo, te estoy dando la oportunidad de que crezcas de una vez, y que me seas leal. Ahora hazlo.—La rubia no emitió palabra.Fue en ese momento en que el hombre que había estado sentado, se levantó y un destello verde iluminó la habitación. El rostro de la joven de dieciséis años golpeó la alfombra, al mismo tiempo que el cuerpo inerte del traidor caía a su lado.—Será la próxima vez, mejor. Aún no está lista.—Murmuró el asesino a quien reconocía completamente. Tenía unos veintitrés años, y había sido casi como un hermano mayor para ella.

 
Aquel año, era el año en que había cambiado más que nunca. Le juraron que no faltaría oportunidad. Pues había demasiados traidores sueltos.
 
Hogwarts, 1976
 


La navidad se acercaba; y su padre le había indicado que debía retornar a su casa para la festividad. No habían pasado una navidad juntos desde que había ingresado en Hogwarts, lo que sólo podía significar una nueva oportunidad para demostrar su lealtad. Le indicó que personas en el Colegio iban a reclutarla, y que debía expresar su firme sí para con ellos. Más aún no sabia quiénes eran, o cuándo sucedería aquello. Sin embargo, había intentado olvidar aquello durante los meses que había transcurrido desde mayo. Había alterado sus pasatiempos, intentando mantenerse más ocupada de lo normal. El giratiempo descansaba tranquilamente sobre su pecho, las clases eran imposibles, más había logrado con aquel artefacto asistir a cada una de ellas. Su jefe de casa le había indicado todos sus riesgos, y la responsabilidad que conllevaba aquello, un error, y nadie se lo perdonaría. No había muchos movimientos en falso que pudiera hacer sin que  acabara muerta, en realidad. Se mantuvo estática, serena, o no tanto. Se mantuvo, inquieta y sin moverse a la vez. Había algo que se formaba en su pecho, un hueco profundo, que lastimaba, lastimaba de verdad, porque el simple roce de los dedos de Remus Lupin siempre habían causado en ella sensaciones desconocidas, que alteraban sus sentidos, y odiaba sentirse así. De verás lo odiaba más que a nada en el mundo. Porque era lo que no podía controlar, era aquello que la volvía como una más. No quería ser una más. No debía ser una más. Cerró los ojos, mientras las palabras del castaño, se agolpaban en su mente. Escuchó lo que tenía para decir, y llevó una mano, para posarla sobre la suya, acariciando sus dedos suavemente. En la otra, la varita se alzaba, posándose justo sobre el cuello de éste. —Me alegro que aprendieras algo de Sirius Black—Indicó, severamente. Con odio revuelto, y retorcido sentimiento. Lo había visto una y mil veces, lo sabía, lo percibía, lo delataba. Ellos, todos, sólo hacían eso. ¿Y la manipuladora era ella?. No era como las demás, una caricia, y listo. No había algo más errado en el mundo. Enterró la punta de la varita un poco más sobre su piel. Y  se moría de ganas porque le dijera algo que hiciera que lo mandara a volar.—¿O qué Lupin? ¿Qué es lo que vas a hacer? ¿Cazarme?—Siseó peligrosamente, demasiado cerca, demasiado para ser normal, o para de verdad querer atacarlo. Le daban igual sus amigos, más sí quería lastimarlo de verdad, sabía que era el punto más alto en su sensibilidad. Iluso.—No somos tan simples ¿sabes? Ahora déjate de tonterías, que realmente sé que te mueres de miedo, sabes de lo que soy capaz, y créeme que hay mucho más, no habrá juegos de niños, Lupin, ya no. Los tiempos han comenzado a cambiar, y no sé sí sabías, que las muertes se han acrecentado, sobre todo aquellos que han sido hallados atacados por criaturas. ¿Sabes de qué tipo?.—Sus labios se posaron justo sobre su oído, y ya no había mucho más espacio que los separara. Sentía su pecho destrozarse sobre el de ella. Y sintió el veneno de sus propias palabras llenarla de vida, de adrenalina dispersada.—Licántropos.—Alzó la mirada a la suya, clavando sus ojos azuli-verdes, en los suyos, disfrutando de la tortura que le causaba—No te fíes nunca de mí.


U. Ni se te ocurra xD Me encantó el post, y no te preocupes, son mucho mejores así *O*


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Re: Tell me would you kill, to save your life? · Remus J.

Mensaje por Remus J. Lupin el Sáb Jul 12, 2014 7:14 am


1975
 

Despertó en un matorral helado y lleno de rocío. Su cuerpo encogido y dolido fue el indicativo que estaba amaneciendo. Era demasiado temprano para que los alumnos repararan de la presencia de otro de los suyos en los jardines, desnudo y sin amparo. Se irguió, temblando, y miró hacia todos lados, esperando encontrar a alguno de sus amigos en su forma animal. En ocasiones, solía despertar solo, mientras que algún Merodeador descansaba en la Casa de los Gritos. Era extraña la vez que Remus escapaba de allí, pero no imposible. La noche anterior al parecer había logrado esquivar el Sauce Boxeador, aunque no recordara nada al respecto. Con trabajos recordaba que Peter era el que se había quedado para hacer “guardia“ y que Sirius y James habían estado para un TIMO. Se levantó, yendo hacia el bosque, en donde estaba su segunda guarida. Con el paso de los años se había vuelto calculador respecto a sus transformaciones, y guardaba ropa debajo de una roca. Se colocó los pantalones, e iba a proseguir con una camisa vieja y húmeda, cuando reparó que su torso estaba repleto de rajadas, que le habían levantado ligeramente la piel. Ardía al contacto, así que decidió ir al Sauce, donde se pondría una túnica, iría a buscar a Peter y partirían rumbo a la enfermería. Caminó, oculto por las altas hierbas, pero su paso era lento y débil. Le costaba algo respirar y todo el cuerpo le dolía y quemaba.

Sintió de repente que alguien lo seguía de cerca y lo observaba de espaldas. Remus, sobresaltado, se giró, mirando por arriba de su hombro, pero no encontró a nadie. Podía ver una silueta alta entre la vegetación, nada más.  -¿Peter?-Intentó. No hubo respuesta. Se volvió a encaminar, pero antes de poder dar cinco pasos seguidos, un hombre se cruzó en su camino. Remus se quedó estático, observando los crueles ojos grises que tantas pesadillas le habían traído. Era imposible olvidar aquél rostro, más aquellos dientes amarillentos y carroñeros. Sonreía, complaciente, viendo al joven débil y herido, que caminaba con trabajos con ningún sitio específico a primera vista. –No esperaba encontrarte con vida.-Dijo con voz áspera. Lupin se dio cuenta de las heridas del hombre lobo de la noche anterior, que rasguñaban su rostro. El hombre se acercó más, contemplándolo de cerca, y entonces Remus pudo detectar su aliento fétido que olía a podrido, a sangre y a muerte. –No gracias a ti.- El castaño se hizo un paso hacia atrás, intentando ocultar el miedo que profetizaba a aquél individuo. Fenrir Greyback se quedó en su lugar, sonriendo con altanería y orgullo, como si ver a Remus le trajera satisfacción. Soltó una carcajada estruendosa, parecida a un ladrido. –Pero mira cómo has crecido. Eres un maldito hombre lobo, eres igual a mí. – Remus se quedó helado; no quería ser como Greyback, él no era un asesino.

Como si estuviese leyéndole el pensamiento, el hombre lobo levantó una ceja.-Vine a decirte que tu destino ya está marcado. Nadie va a querer darle trabajo a un asqueroso licántropo, y tu futuro está con nosotros, los que somos como tú.-Sonrió con sus dientes amarillos, fría y cruelmente. –Se viene un tiempo de cambios, Lupin, y tu lealtad será cuestionada. Pero mejor que nadie sabes cuál es tu lugar.- Se alejó un paso del muchacho. Remus entendía todas sus palabras, y cada una de ellas era un golpe frío en el estómago. Sabía que su naturaleza debía volverlo asesino, peligroso. Así era una vez al mes, y no podía hacer nada para evitarlo. Remus bajó la mirada, pensativo, pesaroso, y cuando volvió a elevarla, para responderle algo al hombre alto y temible, éste había desaparecido. La sensación de vacío perduró en Remus, porque de repente se encontraba cuestionando su destino. Nadie podía marcarlo, pero podían obligarlo…


1976
 

Sintió la punta fría de la varita de Rita sobre su cuello. Tragó saliva, trabajosamente, mientras sentía que la madera se enterraba más a su piel. Retiró su mano, huyendo al mismo tiempo del tacto de la rubia, aún con los ojos castaños en los de ella. No había hecho ese gesto a propósito, no tenía dobles intenciones como al parecer ella pensaba. Ella tampoco le dejaba acercarse, además que aún lo amenazaba, con más insistencia. Los ojos verdes de Rita ahora estaban cargados de veneno y rencor, sin que Lupin comprendiera del todo qué le debía a la rubia para tratarlo de aquella forma. Aprendía que las personas no siempre deben tener una excusa para atacarte, pero lo que le causaba conflicto es que él conocía a Rita, mejor que mucha gente, y se esperanzaba en vano. Empezaba a ver el verdadero lado de Skeeter, uno que se esforzaba por demostrar, por medio de manipulaciones. Remus bajó sus manos y las metió en su bolsillo, con cuidado de no moverse demasiado, pues la varita apretaba más su garganta, a cada segundo. Y ella seguía provocándolo, causando que la ira del hombre lobo aflorara a él. Apretó los puños, conteniéndose, porque no iba a ponerse al nivel de Skeeter y no iba a hacer justo lo que ella quería.

Pero ella continuaba picándolo. Recordaba a Greyback insinuando las mismas palabras que decía Rita, los ojos verdi-azules de ella estaban demasiado cercanos a Remus, aquello además de que le hacía sentir incómodo, sentía impotencia por no poder borrar de su memoria aquellos mismos ojos de una forma amable. Había creído ver un brillo especial en aquellos ojos, que ahora estaban vacíos y fríos. Y mientras más lo provocaba, Remus más inquieto se volvía. Sacó su propia varita de su bolsillo y en vez de apuntarla a Rita, actuó más por instinto, empujándola hacia la pared, acorralándola. De repente, entre las memorias y el alcohol, podía hacerse la idea de cómo había encerrado la última vez a Rita. Solo que en vez del alcohol ahora corría ira en sus venas, combinado de cierto miedo, que no se lo profetizaba a la rubia, sino a Greyback, a sus amenazas, a algo que podía llegar a ser verdad. Porque Rita y él tenían razón y Remus era peligroso. –No sabes de lo que yo soy capaz, Rita. Estás jugando con fuego, y puedes quemarte.-Su rostro estaba lo suficientemente cerca del de ella para poder sentir el aliento frío de la Slytherin. Se sentía demasiado alterado para poder evadir la mirada de ella, para poder relajar esa parte lobuna en él. -¿Sabes qué día es mañana? Podría ser que casualmente se me antoje buscar a cierta rubia Slytherin que se esfuerza en ser alguien que no es.- Sentenció, sintiendo aquellas palabras ajenas a sí mismo. Desahogándose con aquella amenaza, Remus soltó poco a poco el agarre que tenía en Rita y cerró los ojos, sintiendo que temblaba. No, él no era así. –Merlín, Skeeter, sacas lo peor en mí.-Dijo debilitado, temeroso. Porque recordaba el rostro de Fenrir y no quería imaginarse a sí mismo como espejo. –Haz de mí lo que quieras.- Dijo bajando la voz, rendido, porque ya no sabía qué otras excusas ponerle a la rubia para que cambiara, o para que los dejara en paz a él y a sus amigos.


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Re: Tell me would you kill, to save your life? · Remus J.

Mensaje por Rita A. Skeeter el Dom Jul 13, 2014 11:20 pm

Verano de 1976
 


Cerró los ojos con fuerza. Un respingo se escapó de sus labios, cuando su cuerpo golpeó en seco contra la piedra dura. Y había dolido. Pero más dolían sus palabras. No lo miró; simplemente porque hacerlo significaba develarse a sí misma, mirarlo significaba estar obligada a comprender que sus propios juegos daban resultado. ¿Y sí quería eso, por qué no podía enfrentarlo?. Sintió su corazón acelerarse, e intentó regular su respiración, en la medida que el aliento del joven desprendía palabras que jamás habría imaginado que le escucharía decir. Pero, en sí, los recuerdos retornaban a su mente, se intensificaban, y no discriminaban en un momento u otro. Una persona u otra… 

1975

Colocó su mano sobre su boca, para evitar que los sonidos salieran de ella. El olor por calcinación del cadáver inundaba todo su cuerpo, sentía asfixiarse; y era verano. Escuchó risas fuera, de niños, no debían ser más de las ocho de la noche, pero jugaban a que era Halloween, y el timbre sonó. Los presentes se miraron entre ellos, y Eve que aún se mantenía en la entrada no esperó a que su señor le dijera palabra. Las puertas se cerraron, derrumbando el silencio del living, y se la oyó despacharlos. A sus espaldas los hombres intercambiaban miradas…Fue el más grande de todos ellos que la levantó. Más no hubo nada cordial, ni educación, no la ayudó amablemente, más ni siquiera demostró aflicción por el hecho. La tomó por el cabello, obligándola que se parara..Lo peor fue que su padre se dirigió a servirse un whisky de fuego en dirección diagonal a la suya. Gimió; justo cuando colocó su mano alrededor de su cuello, y lastimaba, de verdad que sí, porque las uñas habían comenzado a clavarse en su carne. Cicatrices que aún perduraban a ese tiempo, para que jamás olvidara las palabras que profundizó aquella noche. Sentía elevarse, un pie por encima de la alfombra,y con brusquedad la colocó contra la pared, despedazando el cuadro en el que su madre y ella figuraban sonriendo ampliamente. Entonces, lo vio. Era más alto que cualquier hombre que hubiese notado antes, y su aliento variaba entre sangre y muerte. Desprendía de su mismo pellejo una forma nauseabunda de expresarse, y ella supo al instante que no se trataba de un humano en sí, él parecía una criatura. Su boca se abrió, y extendió una sonrisa peligrosa. —
Podría reclutarla de una vez.—Gruñó, acercando su nariz a su cuello, inhalando todo el pánico que desprendía la joven, y nadie habló. Nadie dijo palabra. Ni siquiera su propio padre. —Sí fueras mi hija ya te habría quitado del medio niña inútil. —Una mano se posó sobre el hombro de aquel hombre, que ni siquiera se giró a voltear, mantenía su objetivo bastante mentalizado. Y si querían asustarla lo habían logrado. A más de uno en el colegio le hubiese encantado ver a Rita Skeeter en una situación como aquella.—Mañana tendré que comer, y a lo mejor se me antoja cierta cobarde que aparenta falsas lealtades. Así que tienes un amigo como yo…y es un maldito mestizo. Fue eso. Fue eso lo que acabó por cerrar meses después en su trabajo. Fue aquello lo que hizo que abriera los ojos. Si Greyback era hombre lobo…¿cómo es que no había visto antes que Remus también lo era? Aunque en nada se parecían. En nada. Justo hasta ese momento. —Greyback—Insistió quién había colocado su mano sobre el hombre.—Déjala.—Él, quien había asesinado al traidor no tenía forma de asustar a su atacante, más debía ser importante o no, pero logró que la soltara, riéndose por última vez para colocar una mano en el picaporte de la puerta. El joven le tendió la mano, dirigiéndole al mismo tiempo una severa mirada al padre de la adolescente.—Todos hemos tenido nuestro tiempo, así que, es todo. Hay que irse, o se hará más tarde y  no quiero ser yo quién tenga que inventar una excusa de por qué no hemos llegado a tiempo.Fueron saliendo de a uno, y el joven acarició su cabello, depositando un beso en su frente para luego salir por último. Sintió su cuerpo helado, su pecho hueco, y su cabeza con una migraña creciente, debido al golpe, o no. Tal vez por los miles de pensamientos que la extorsionaban y buscaban volverla loca. Esos en los que se preguntaba ¿cómo es que se había metido en semejante situación? Aún aunque no comprendía mucho de lo que ocurría. Sólo había un objetivo. Eliminar mudbloods o traidores que los protegieran.  No había grises en esa historia, o estabas con ellos, o no estabas para nada. Y la guerra comenzaba. Audaz, secreta, rodeaba sus cuerpos sin que nadie pudiera verla. La muerte se extendía,  y se hacía cada vez de más ánimas las cuales llevarse con ella, el odio se olía en el aire, e intoxicaba, mas no le daba la espalda, porque era verdaderamente lo que a ella le había tocado. Unos estarían al frente, y otros al contrario, cada uno en su lugar, cada uno con los suyos. No podía distinguir pesadilla de realidad, y con dedos temblorosos, juntó los pedazos de vidrio del suelo, intentando no derramar una lágrima, intentando recomponerse, se sentó, sin querer girarse a ver a quién yacía dos metros más allá.Corrió. Corrió como nunca, huyendo de aquella casa, en la cálida noche de verano, corrió sin sentido, sin meta, ni razón, no se detuvo, por largo tiempo, aún aunque no sabía dónde se hallaba, cosa que no le importaba, y pasó demasiado tiempo, hasta que los pies le dolieron, y las lagrimas se esfumaron, paso del calor al frío, y helado sudor se extendía por su cuerpo. Aquella noche comprendió que sí no prestaba juramento de todos modos iban a matarla.Y ya nada tenía sentido de verdad. Porque no tenía absolutamente nada que perder. 
 
1976


Sintió sus brazos rígidos, ante el apriete de los del muchacho, que no olía a sangre y muerte, pero que tanto parecían sus palabras a las de aquel hombre, no tenía sus dientes amarillentos, ni había putrefacción escalando su aroma, no era tan grande, pero había una razón, una sola razón por lo que aquello la espantaba más. Algo que no entendía. Algo que se escapaba de sus dedos, que se escurría como el agua. Sintió por un momento arder las cicatrices que Greyback le había obsequiado gentilmente, quemaban, al igual que las palabras del Gryffindor, más sobre todo sintió la ira corroerle, y se llenó de ella, lo imitó para no ser menos, para rebuscar ese rencor con el que se hacía para no salir lastimada. Abrió los ojos, manteniéndolos en el fondo del pasillo, mientras su aliento le llegaba inundando todo su cuerpo. Y la lluvia había cesado, como antes sólo podían oírse el uno al otro. No sabía sí era ya pasada la medianoche o no, y aunque se sentía cansada sabía que nada tenía que ver con eso. Sino que comenzaba a bajar la guardia, lo que sólo podía suponer peligro. Nada más. —Buscame. Buscame Lupin, a ver de qué eres capaz.—No podía permitirle, no podía tolerar, demostrar ningún tipo de miedo,  aún cuando le ardía lo que había dicho. La varita había tintineado en su caída al chocar con el suelo, justo cuando él la había acorralado, y sólo podía hacerla sentir un poco más indefensa, pero continuó, continuó su guerra infinita que hiciera que lo destruyera, que indicara un quiebre, que le diera herramientas para sobrevivir. Remus era una herramienta para sobrevivir, sólo que su forma era un tanto peculiar, y solo servía para alejarla de la línea de fuego. ¿Quería eso?. Después de todo lo que habían pasado. —Te pareces tanto a él.—Continuó, evitando su mirada. En un susurro que antes había resultado nada más que un pensamiento.—A quién te hizo esto.—Agregó sin pensarlo demasiado, y colocó las manos en su pecho, para empujarlo, para cesar con aquella privación, para evitar lamentarse a la mañana siguiente y su contacto era de todo menos seguro. Se escuchaban risas cerca, lo que hizo que observara hacía la esquina del pasillo, eran susurros, y podía reconocerlos. Alzó una ceja.—Quiero demostrarte que no eres como los otros, eres ese, el de recién, tu naturaleza te obliga.—Se acercó, y tomó su mano con delicadeza, abrió la puerta que se encontraba cerca, donde habían dictado alguna que otra vez  Defensa contra las Artes Oscuras. Y la cerró tras de sí, para dejar la mochila, sobre un pupitre.—No todavía. No es el momento. Sé que quiero, pero sólo tengo que razonarlo un poco más, y tendrás que aceptar, porque tarde o temprano las que la van a pagar son ellos.—Susurró mirando hacía la puerta, a la vez que se oían comenzar a alejarse las voces de Black, Potter, y Pettigrew, probablemente.—La pregunta es ¿qué es lo que quieres tú de mi? ¿Sí tan poco valgo para ti porque continúas quedándote a mi lado?—Preguntó más molesta que otra cosa, retomando sus ironía, su destreza por buscar lastimarle, retomando lo que era, y obligándose a mantenerlo.


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