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Don't Let me Down || Privado

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Don't Let me Down || Privado

Mensaje por Remus J. Lupin el Lun Jun 30, 2014 10:55 am


Enfermería || 1972

Terminó el pastel de calabaza que le sirvieron aquella tarde. La enfermera habría dicho que se lo había comido migaja a migaja por la lentitud con la que rascaba el pastel. Pero siempre le había pasado; tenía poco apetito después de cada transformación y desde los cinco años evitaba la comida sólida después de que su cuerpo había sufrido tan radicales cambios. Debería ser al revés, debería de tener un hambre voraz, y por eso las enfermeras siempre le insistía y le reñían sobre su mala alimentación. -¿Quieres algo más, Remus?-Preguntó Madame Pumfrey cuando recogió su plato vacío. Tenía un año conociéndolo, atendiendo sus heridas y de vez en cuando tranquilizándolo cuando en las noches temblaba por culpa del miedo que se causaba a sí mismo. La enfermera se había encariñado con el niño y pecaba de consentidora con él. –No, gracias.-Dijo en voz baja. El Gryffindor de doce años se encogió en las sábanas, abrazando sus piernas, mientras recorría con la vista la enfermería vacía. Era mucho mejor así; aunque sea no tenía que esconderse de nadie detrás de las cortinas de la cama. -¿Vinieron tus amigos a verte?-Madame Pumfrey se acercó al licántropo y le acomodó la almohada, para después hacer un esfuerzo en vano por peinarlo un poco, con cariño maternal. Remus solamente asintió y de nuevo se concentró en un punto invisible de la enfermería.-El señor Potter te dejó un libro de la biblioteca, el señor Black una bolsa de grajeas y el señor Pettigrew una caja de ranas de chocolate.-Observó la enfermera antes de transportar los regalos a la cama del niño. –Amigos así no se deben de descuidar.-Sonrió la mujer, antes de retirarse.

Cuando pensaba Remus que sería una noche aburrida, en donde la única compañía serían las golosinas y su libro, la puerta de la enfermería se abrió de par en par, sobresaltándolo. Actuó con más velocidad de la que esperaba, gateando sobre la cama para alcanzar la cortina y recorrerla, temeroso de que lo reconocieran. Se colocó en la orilla de la cama y se asomó, a penas  visualizando una pequeña parte de la enfermería. Madame Pumfrey conducía a una niña de Ravenclaw a una de las camas, sentándola y dándole instrucciones, con la eficacia que caracterizaba a la enfermera. –Niña, te has hecho añicos los huesos. ¿Cómo fue que te caíste? ¿Te cayó un hipogrifo encima, acaso?-Remus alcanzó a notar lágrimas de dolor en la comisura de los ojos de la chica, además que apretaba los dientes. Madame Pumfrey desapareció por unos segundos para después aparecer con vendas y pociones. Vendó la mano de la Ravenclaw y después le dio de beber una poción. La niña hizo un gesto de asco cuando ingirió la medicina. –No esperes jugo de uva, niña.-Reclamó como siempre hacía la enfermera. –Te quedarás el resto de la noche aquí. Mañana te daré de alta.-Le indicó y luego adecuó el cubículo para que la niña se recostara.

Cuando la enfermera desapareció, Remus abrió un poco la cortina, curioso de repente, sobre todo por la razón la cual la niña se encontraba tan tarde en la enfermería. No pensó mucho en que su rostro infantil estaba todo arañado y cicatrizado por la noche anterior, tampoco pensó en la cuestión que todos los huesos le dolían, ni que aún la quijada la tenía tensa y adolorida. Miró a la Ravenclaw, para saludarla tímidamente con la mano. -¿Estás bien?-Cuestionó el Gryffindor, para después abrir por completo la cortina y regresar a su almohada, acomodándose como si tuviera sesenta años más, haciendo leves muecas. –Perdón por escuchar, pero… ¿Tener un hueso pulverizado no duele horrores?-Su curiosidad podía más que su timidez, además que con James y Sirius estaba aprendiendo a quitar ese lado de él.

Algún lugar de Hogwarts || Presente || Ekaterina 

-¡NO SE SALDRÁN CON LA SUYA!-El grito de Mulciber fue mucho más potente de lo que Remus esperaba. El plan había sido de James, Remus lo había perfeccionado  y había agregado la estrategia, Sirius era el que siempre culpaban y Peter esta vez fue quien ejecutó el plan. Claro, los planes no siempre funcionan y esa vez, en clase de pociones, no había sido el plan más discreto y perfecto de todos. Todo consistía en arruinar la poción de Avery y Mulciber, después de que el caldero les explotase en la cara, probablemente su piel quedaría marcada de un bonito verde permanente, como de esos peinados que Rita Skeeter traía los viernes. Pero Peter había mezclado el ingrediente antes de tiempo y justo cuando el profesor pasaba a inspeccionar el caldero de los Slytherin, este había explotado y había embarrado tanto al profesor Slughorn como a Avery y Mulciber. Lo siguiente era historia de repetirse, pues Sirius fue el primero en reaccionar, jalando la manga de Remus, y James y Peter los siguieron, huyendo del aula antes de que los Slytherin reaccionaran.
 
Aquello fue suficiente para que tuvieran ventaja. Ahora era tiempo de ejecutar la segunda parte del plan: la huida. Peter y Remus echaron a correr hacia los jardines, mientras que James y Sirius corrían por el colegio. Además de huir de los Slytherin, tenían que huir de Slughorn. -¡Apúrate, Peter!-Apresuró el castaño, al notar que los gritos y quejidos de Mulciber se acercaban más hacia ellos. Corrieron a lo largo de los pasillos laterales de los jardines y Remus se desvió en uno de estos, despidiéndose fugazmente de su amigo, quien tomó otro rumbo. En un principio Lupin no supo si Mulciber seguía corriendo detrás de él, pero para ahorrarse tragedias, siguió corriendo hasta llegar al campo de Quidditch. Se escondió momentáneamente debajo de las gradas, intentando recuperar el aliento. No pasaron ni cinco minutos cuando Barty Crouch Jr. apareció de la nada a unos pasos de él. Remus se reincorporó, cauteloso.-Hey, Barty.-Dijo como si fuera lo más casual del mundo. Barty frunció el ceño; parecía molesto.-Mulciber los está buscando.-Dijo con voz ronca. Remus no perdió mucho más tiempo, evadiendo al chico de quince años, echándose a correr en diferente dirección. Bartemius al parecer no lo siguió, pero su huida fue interrumpida cuando se dio de bruces contra algo… más bien contra alguien. Ambos rodaron en el suelo y cuando dejaron de rodar en el césped, Remus se reincorporó, notando que había chocado contra Ekaterina. Se levantó de un salto y corrió a ayudarla, aún con el cabello revuelto y lleno de pasto, al igual que su ropa.-Lo siento, lo siento, lo siento. No te vi. Todo fue culpa de Crouch y Mulciber.-Intentó justificarse, mirando a la Ravenclaw.-¿Estás bien?



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Re: Don't Let me Down || Privado

Mensaje por Ekaterina Záitseva el Lun Jun 30, 2014 11:44 am



* * * AÑOS ATRÁS * * *

Ser una infante como la Ravenclaw podría ser verdaderamente desagradable. Independientemente de lo buena, estudiosa, y bien portada que fuera, lo cierto es que, que fuera tan era llegaba a poner de mal humor a cualquiera, y es que su obsesión por el Quidditch llegaba a extremos peligrosos, cómo los que estaba pasando en ese momento.

Ekaterina había golpeado con fuerza una Bludger, lo hizo con fuerza, habilidad, precisión y tuvo la puntería necesaria para darle con fuerza en la cabeza de un contrincante de Slytherin. Se suponía que los entrenamientos de aquel deporte se hacían por casas, un día cada uno, sin embargo aunque estuviera el campo apartado para las águilas, las serpientes se habían empañado en quedarse para hacerles su vida imposible. O quizás su tarde; la buena puntería de la joven sorprendió, sin embargo eso no agradó tanto a una Golpeadora del otro equipo, quien se acercó con fuerza y le dio con fuerza en la mano a la joven. ¿El saldo? La expulsión de la chica del equipo, y para la jovencita Záitseva una mano llena de roturas, tanto como un dedo casi pulverizado. Su orgullosa la hizo tragarse el llanto, pero conforme la fueron llevando a la enfermería las lagrimas brotaron y los quejidos se hicieron demasiado elevados. Habían dolores que no se podían controlar con la mente, eso era absurdo, él dolor físico era eso, del cuerpo, no controlado por un cerebro encerrado en un cráneo. Se quejó, lloró, y al final se adentró sola a la enfermería. La enfermera en vez de tranquilizarla la cuestionó y le fue regañando.

Su educación arduamente aprendida le impidió soltarle improperios a la mujer, y también andarle constando cualquier cosa, así que se limitó a mantenerse en silencio y dejar que le atendieran como era debido. Pequeña, menuda y correcta pero su carácter a veces dejaba mucho de que hablar. Morderse la lengua ayudaba demasiado; al final la dejó sola, y no sólo eso, sino que el momento de reflexión y tranquilidad fue interrumpido por una voz entre grave y chillona. Arqueó una ceja para ver, y en vez de responder mal simplemente le sonrió. Aquel chico se veía peor que ella.

¿Quieres que te enseñe que tanto duele? — Le miró con una mueca en el rostro y se acomodó en su cama. Después de eso durmió unos cuantos minutos, ni siquiera la hora, y la enfermera volvió, pero la mujer se veía tan cansada que Ekateria se ofreció a untar los remedios en el rostro del chico dormido. Así pasó toda la noche con él, hasta que terminó y volvió a dormir.

A la mañana siguiente adormitada se despertó para asistir a clase, aunque la enfermera le insistió en que fuera a descansar. Intercambió un poco de palabras con el chico de las cicatrices y después marchó, desde ahí la vida de ambos había cambiado, se había entrelazado. ¿Quién lo pensaría? Una enfermería podría ofrecer el mejor escenario para los sentimientos más puros y las relaciones más reales. Ahí empezó la historia de Remus y Ekaterina.

* * * ÉPOCA ACTUAL * * *


Sólo sintió que el escenario se había vuelto negro. No, no era gris por el clima que se notaban en los cielos, tampoco café por la flora que se apocaba por el invierno, ni siquiera blanca por la nieve que comenzaba a caer; su escenario era negro dado el aturdimiento del golpe que sintió al caer, y no sólo eso, también tuvo que rodar. Cuando se notó boca arriba y ya detenida resopló. Sólo a ella le ocurrían esas cosas; abrió los ojos al poco rato y la voz de Remus le hizo soltar una sonrisa. ¡Solo a ellos les ocurría ese tipo de saludos!

¿Alguna vez te he dicho que eres muy original cada que vienes a verme? — Se ayudó de él para poderse de pie. Al levantarse sintió como la cabeza le daba vueltas y se la sostuvo, y al tranquilizarse se limpió las ropas, las acomodó, y por fin lo vio de frente, alzando el rostro por la diferencia de estaturas. — Creo que ellos no son los culpables, sino más bien lo eres tú por descuidado — Le reclamó dándole un golpecito en el hombre y luego buscando por todos lados su varita, pues al recibir el golpe se le había caído; el poco tiempo la encontró, levantó y guardó.

¿De qué escapabas está vez? — Preguntó curiosa intentando sonreír, el golpe le había producido un gran dolor de cabeza. — Creo que Potter y Black son una mala influencia para ti — Le contestó de mala manera, en ocasiones Remus se metía en problemas muy serios por ese par, aunque no podía negar que los chicos le otorgaban algo de vida, cuando se encontraba con sus mejores amigos el licántropo sonreía más ampliamente, se le veía seguro, feliz. Por eso no se podía quejar demasiado, además eran sus amigos ¿Para que entrometerse con ellos? Ekaterina en más de una ocasión había discutido con sirios por sus celos, según el metamorfomago la chica le quitaba tiempo con sus amigos, sin importar lo que dijera ella disfrutaba cuando se encontraba con su amigo. Lo abrazó. — ¿Qué haces aquí? — Le miró curiosa alzando una ceja, no era normal que el chico estuviera en ese campo. — ¿Viniste a verme entregar? — Se empezó a reír, cómo si sus mejores amigos lo dejaran ver a otros que no fueran los leones.


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Re: Don't Let me Down || Privado

Mensaje por Remus J. Lupin el Lun Jun 30, 2014 5:56 pm


Enfermería || 1972

Por un momento el castaño pensó que lo ignorarían o que quizá le cerrarían la cortina por entrometido. Para su sorpresa, la chica se acercó a él amigablemente. Parecía de su edad, su joven y bonito rostro la delataba, pero cuando Remus veía sus ojos, podía predecir las experiencias de la Ravenclaw, como si, al igual que él, hubiera tenido una infancia difícil, peligrosa. Se sintió identificado de alguna forma con ella, con el simple hecho de ver esa tristeza escondida en sus ojos que eran reflejos de los de él. Cuando la chica se acercó, Remus apartó todas las golosinas a un lado, dejándole espacio. Se contemplaron un rato, pero el licántropo había optado por desviar primero la mirada, algo acomplejado por sus cicatrices, que probablemente lucirían escalofriantes para cualquiera. Ella le explicó cómo se había accidentado, él le ofreció dulces, adjudicando un intercambio de una buena historia por una rana de chocolate. Terminaron hartos de azúcar y después de charlar un rato, quedaron rendidos, ambos en cama de Remus. A partir de ese momento, todo lo demás fue borroso para la memoria de Lupin.
El chico cayó en un profundo sueño, obviando el agotamiento de la noche anterior, y cuando despertó, Ekaterina había desaparecido. Lupin sintió que su rostro estaba ¿tieso? ¿pegajoso? Olía al remedio que Madame Pumfrey le colocaba para las cicatrices. Buscó a Eka con la mirada, sin mucho éxito.-Te despediste de ella y se fue a clases.-Comentó la enfermera, al notar la búsqueda del chico. Claro... a veces solía ser sonámbulo, y ahora odiaba no recordar lo que le había dicho exactamente a la castaña. ¿Qué tal si había dicho pura incoherencia? Remus no estaba dado de alta, por lo que no pudo disfrutar la libertad de ir a buscarla. Aún así, volvieron a encontrarse y su amistad creció de una forma original, extraña. La niña de ojos tristes había madurado, al igual que el chico de las cicatrices.

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Se sacudió un poco la nieve del cabello, que por accidente calló en la ropa de Ekaterina. El castaño sonrió penosamente y con torpeza, limpió el cabello de su amiga por igual, como si con ello reparara el daño. –Fueron ellos. Si no estuvieran persiguiéndome, cuidaría mis dos pies izquierdos.-Bromeó. Se acomodó la ropa, enderezándose la corbata de Gryffindor. A diferencia de sus amigos, él era más responsable, además que le gustaba mostrarse la mayoría del tiempo presentable, aunque su rostro rasguñado y su cabello revuelto, no le permitían tanta presencia como hubiese deseado.- Algún día te visitaré como un civil normal.-Prometió, apenado por cómo había encontrado a Ekaterina. Por lo general, Remus hubiera preferido irla a buscar a la biblioteca e invitarla a dar algún paseo por los jardines, mientras se ponían al tanto de lo que habían hecho en la semana. Últimamente el colegio entero había estado como loco, al igual que el mundo mágico. Remus, curioso, había metido sus narices en aquellos asuntos, que al mismo tiempo se le antojaban peligrosos. No era fanático del caos, sino que al contrario, no podía evitar preocuparse. El tiempo se le iba volando, antes que pudiera darse cuenta, de nuevo estaba meditando en la cama, mientras todos los demás estaban dormidos.

Eka lo cuestionó, Lupin trastabilló un poco, intentando darle vueltas al asunto.-Eh… Una broma que salió mal.-No sabía por qué, pero no podía mentirle a la Ravenclaw, lo sentía incorrecto. Sí, Lupin tenía sus secretos, tenía uno de los más oscuros, pero si no se tocaba el tema, no tenía por qué mentirle mayormente a Ekaterina. Iba a agregar algo más pero la castaña lo abrazó. Le devolvió tiernamente el abrazo, recordando en ella a la niña de doce años a la que había conocido hacía ya tiempo. –Han sido lo mejor que me ha pasado en la vida, Eka. No creo que sean mala influencia.-Sonrió ladinamente. Sus amigos habían arriesgado noche tras noche sus vidas para mantener a salvo y cuerdo a Remus. Eran los mejores amigos que alguien pudiera desear, solo que muchos no lograban entender el contraste de personalidades en aquél grupo de amigos. Solo entre ellos lograban comprender el importante concepto de hermandad, más que una amistad. –Puedo verte entrenar si eso deseas.-Miró hacia el campo de Quidditch, que estaba a sus espaldas. Alzó una ceja.-¿Con este frío entrenan? Vaya, pensé que James era el único…-Cortó el enunciado. Le había reclamado muchas veces a Potter lo loco que estaba por salir con esos climas a entrenar Quidditch. Miró a Ekaterina. Su ropa de por sí ya estaba húmeda por haber caído en la nieve, cuando Remus la había tirado sin querer. Sintiéndose culpable, responsable, se quitó su propia capa, pasándosela a Ekaterina. Lupin tenía ciertas diferencias con los humanos normales; como el concepto de frío no lo tenía igual que los demás. –Si vas a entrenar con este horrendo clima, aunque sea me aseguraré que no te resfríes.


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Re: Don't Let me Down || Privado

Mensaje por Ekaterina Záitseva el Miér Jul 02, 2014 4:37 am

La humedad ocasionada por la nieve se empezó a colar, a traspasar la tela fina del uniforme que tenía bajo la capucha, y ahora acariciado su silueta, su piel se había erizado y entonces su cuerpo tembló, ocasionando de esa forma que el frío la hiciera sentir débil. Suspiró agradecida al sentir la tela calidad de la capa del león, aunque arqueó una ceja, por más que necesitara tranquilizar su cuerpo del frío, no deseaba ser egoísta, ¿cómo descuidaría al muchacho? Negó con sus manos blancas quitándose la prenda, intentando devolvérsela en las manos, pero Remus podía ser mucho más terco que ella en esos casos, o no terco, la muchacha lo catalogaba como un caballero, como alguien tan bien educado y portado que se obligaba a hacer cosas así. Lo más significante de ese acto es que las manos del muchacho se encontraban cálidas, la joven arqueó una ceja sin dejar de verlo, ¿estaba enfermo? Si era así no debía estar en la intemperie, podía ser inclusiva más riesgoso, suspiró y luego se cruzó de brazos en mera pose desaprobadora.

¿No tienes frío? ¿Te sientes bien? ¿Por qué tienes las manos tan cálidas? — Lo miró a los ojos, y no sólo eso, se puso frente a él para no perder detalle alguno si llegaba a decirle mentira. Llevaban cuatro años conociéndose, los suficientes para que ella supiera leer los gestos del muchacho. Se los sabía de memoria, incluso cuando intentaba disimular que algo le desagradaba, claro que no se necesitaba ser un genio para eso último, Lupin no era el mejor actor que existía, así que la obviedad resultaba hasta inquietante. — Tienes las manos cálidas, deberíamos volver al castillo para que te atiendan, si vienen a molestarte diré que estás conmigo, y no creo que esas serpientes quieran ver a un águila enojada — Aunque ella misma no se imaginaba de esa manera, resultaba tan fina, elegante y delicada, llegaba a dar ternura, por lo que seguramente a nadie intimidaría, aunque era mejor prevenir que lamentar ¿No? Y es que existían pocas personas por las que la joven sacaría uñas y dientes, y claramente Lupin era uno de ellos.

Vamos — Le tomó del brazo para jalarlo, pero Ekaterina notó que el chico ponía cierta resistencia, así que lo soltó y le miró arqueando una ceja. Más rara la situación y se morían.

No vine a entrenar, Lupin — Se empezó a reír. — El lunes próximo tengo un examen importante, así que me vine a estudiar, pero necesitaba venir sola, porque algunos de mis compañeros suelen ser un poco insoportables y pesados, se ponen intensos, ¿haz visto a un Ravenclaw estudiando en grupo? Suele ser enfermizo, algunos se empeñan por ganarle al otro al responder la respuesta correcta — Negó mostrando lo exasperante que para ella resultaba aquello — Además, éste lugar me gusta, más cuando no hay nadie, me ayuda a relajarme, me siento tranquila — Se encogió de hombros, al poco tiempo se sentó en las gradas y se acurrucó en la tela cálida que tenía encima. Aunque a Ekaterina le gustara el frío, era tan friolenta que prefería sentarse para ponerse cálida.

¿Volverás a clase ó buscarás a tus amigos? — Preguntó curiosa, no le culpaba si quería irse, ella no se trataba de la mujer más divertida del mundo.

Y hablando de diversiones, seguramente él era el único ser en el mundo que no la veía como alguien aburrido, y es que en más de una ocasión se lo había dicho. Le daba ligera ternura que lo pensara así, quizás era el cariño que se tenían y por eso no la veía de mala manera, quizás podrían ser muchas cosas, nunca lo entendería con claridad.

¿Te quedarás un momento conmigo? — Lo cierto es que durante las vacaciones no se enviaban cartas, no porque Ekaterina no quisiera, sino porque sus padres le revisaban el correo, ya se imaginaba lo que le dirían si notaban el nombre del chico en un sobre, los cuestionamientos que le harían, sin mencionar el castigo, aunque ella una vez si le mandó una, le pidió que no le contestaba. Había mucho tiempo que estuvieron sin la presencia del otro, extraña a Lupin, extrañaba a su amigo.  — No necesitas quedarte por compromiso — Le aclaró.


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Re: Don't Let me Down || Privado

Mensaje por Remus J. Lupin el Mar Jul 08, 2014 7:56 am


Recordaba desde siempre ser diferente al resto. Desde los cinco años, su apariencia más bien era enfermiza, débil. Su madre había probado todo tipo de remedios muggles en él; desde infusiones hasta rituales extraños con sacerdotes de mote inseguro. Remus nunca había mejorado aquellas ojeras, o los rasguños en su rostro nunca habían menguado del todo. Casi siempre se sentía más fuerte cuando faltaba una semana para la luna llena, pues sus cicatrices se notaban menos y su cuerpo parecía olvidar lo que le esperaba cada mes. Sin embargo, casi siempre lucía enfermo, pálido, cansado, pero en realidad en persona era fuerte y resistente, capaz de defender a los que más quería, y valerse por sí mismo. Tenía que aceptar que sus amigos le habían ayudado bastante y que su autoestima se hacía valer día a día. Remus era alguien, se sentía parte de algo, no solamente había una enorme sombra lobuna detrás de él.
Y prefería ver las ventajas para sobrellevar su condición. No sufría el mismo frío que los demás, sus sentidos estaban más desarrollados, y a veces escuchaba y olía detalles que los demás no percibían. Podría tomarse aquello tanto como una maldición, como una bendición. Y Remus había aprendido a vivir con aquello.

El roce de sus manos con las de ella, le recordaron cómo era ser humano. Sus manos estaban frías, adecuadas para el frío que los rodeaba, además de su caída a la nieve. Retiró sus manos de las de ella, sonriéndole tranquilizadoramente.-Mis bolsillos son cálidos.-Casi siempre llevaba las manos en los bolsillos, dándole un aspecto más humilde, tranquilo. –Soy de manos calientes, no tienes de qué preocuparte, Eka, estoy bien. Los Lupin somos muy resistentes al frío.- A pesar de que era pésimo para mentir, sabía manipular las palabras para que estas no sonaran como una vil mentira. Había aprendido a engañar a la gente, incluso a sus amigos, a excepción de los Merodeadores, que se las habían arreglado para ser parte de lo que Remus era. Miró a Eka, quien lo escrutaba con la mirada, intentando encontrar notas de engaño en las facciones de Lupin. Una media sonrisa distrajo a la morena. –Es en serio, Eka. Mi último propósito hoy ha sido venirte a molestar.- Recordó que había media horda de Slytherins tras sus pasos. Se preguntó qué harían en esos momentos el resto de sus amigos y si estos lo estarían buscando. Conociéndolos, quizá James ya hubiese llegado al Mapa y había seguido los pasos de los demás merodeadores, teniendo en cuenta los pasos de los Slytherin. Se venía otra broma venir.

Escuchó los planes de Ekaterina y alzó ambas cejas. Por lo general, Remus era el único que estudiaba y de vez en cuando se juntaba con Lily. Los Gryffindor preferían estudiar en grupos, tomándolo más como un juego, a lo que el ambiente era mucho más relajado y eso a Lupin le funcionaba. Sino, siempre estaba la enfermería como segundo hogar, así que cuando estaba desvalido, sus amigos intentaban crear el mismo ambiente de la Sala Común de Gryffindor, en un pequeño cubículo con Madame Pumfrey de juez. –Sigo pensando que eso de estar con este clima bajo cero, es una idea algo excéntrica.-Bromeó y miró a su alrededor. El paisaje era maravilloso; todo blanco y negro, en donde los troncos pelones daban el contraste. Su mirada se detuvo en el enorme Sauce Boxeador. El Gryffindor aspiró profundamente el frío aire, llenándose los pulmones como si quisiera purificarlos. –Ekaterina, te he dicho muchas veces que tu compañía es más bien un privilegio para mí.-La volvió a mirar y su sonrisa detrás de su bufanda, se ensanchó. –Mis clases terminaron y si vuelvo al castillo, probablemente será para que me pongan una sanción. –Hizo una leve mueca.-Es la tercera en los últimos dos meses.-Se quedó pensativo. –A este paso tendré que prohibirles la salida a Hogsmade a James y a Sirius o perderé mi puesto de prefecto.- Se encogió de hombros, porque ya sabía de anticipado que aunque lo hiciera, sus amigos no lo tomarían en serio y cuando Peter y él estuvieran en Hogsmade, James y Sirius se las arreglarían para escaparse al pueblo y de nuevo Remus se convertiría en un cómplice más. –Hagamos algo, Eka. Hace mucho tiempo que no te veía. ¿Qué tal tus vacaciones?- Empezó a caminar, dejando pasos en la espesa nieve bajo él.-¿Qué tal con tu familia?-Preguntó con más timidez. Sabía lo difícil que podían ser las familias puristas, y como Sirius, Ekaterina también era diferente.


Última edición por Remus J. Lupin el Sáb Jul 12, 2014 7:55 am, editado 1 vez


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Re: Don't Let me Down || Privado

Mensaje por Ekaterina Záitseva el Mar Jul 08, 2014 10:34 am

Remus era diferente al resto, y no, no precisamente por su estilo siempre desaliñado, o por sus ojeras, tampoco por que siempre tenía marcas en el rostro en los brazos, para nada. El chico tenía luz propia ante los ojos de la chica, y lo que más le llamaba la atención de él, era esa sensibilidad que poseía. La mayoría de los hombres siempre se hacían los rudos, la mayor parte del tiempo mostraban indiferencia o ligera aberración por asuntos relacionados al sentimentalismo, y en cambio él no se inmutaba ni un poco por aceptar que tenía un gran corazón. La joven se embelesaba con él cada que hablaban, y es que esa manera tan peculiar que tenía de transmitir las cosas le ponía de buen humor. El licántropo era de esos chicos con los cuales podrías hablar hasta de la regla sin que te juzgara, porqué no tenía la mente abierta, y las opiniones acertadas, no se andaba haciendo tabúes por tonterías.

Sé que no me vendrías a molestar, lo peor de todo es que aunque trataras de hacerlo no podrías, tu nunca molestas por el contrario — Se encogió de hombros con naturalidad, como restando importancia a sus palabras. Lo cierto es que cada que decía ese tipo de cosas se ponía nerviosa, en casa le enseñaron que mostrar y dejar sentir lo que su corazón quería no era bueno, que gracias a eso muchas veces se perdía más que ganar, aunque ella no estuviera de acuerdo tenía muy arraigada la la ideología, demasiados años viviendo con sus padres (dieciséis), cómo para que no hubiera comprendido un poco de eso. — Te ves bien cuando sonríes de forma tan natural y amplia — Estiró su mano y acarició los labios de Remus, aquello le pareció un gesto natural, dibujar la silueta de esa sonrisa que tanto le gustaba. Para ser su amigo muchas cosas le parecían fabulosas de él. Lo gracioso es que a ella pocas cosas le agradaban del mundo en general, y no por amargada, más bien por su educación.

Los tiempos invernales suelen ser crueles, sin embargo sin agradables, te ayudan a crear espacios propios que quitan el estrés, al menos así me ocurre a mi, ¿no te ha pasado? — Ni siquiera supo si se daba a entender del todo, pero al menos ya había hablado.

¿Es muy importante el puesto de Prefecto para ti? — Seguramente si, y es que al salir del colegio ese tipo de títulos ayudaban para encontrar un mejor trabajo, eran como incentivos por tus buenos desempeños cuando estudiantes. Ella había promocionado para ser prefecta de su casa, sin embargo optó por una de sus grandes pasiones: el Quidditch; lo jaló del brazo para poder andar y enredó el ajeno con el propio.

¿Privilegio? — Se sonrojó un poco — Yo creo más bien que estás exagerando — Suspiró profundamente, y lo que hasta hace unos momentos parecía una sonrisa se le había congelado, el rostro de la joven se ensombreció. Malos recuerdos, malos futuros sucesos. No deseaba contarle, o bueno si, pero contarle era tener que alejarse un poco más de él, hacer las cosas reales, y para ser francos la joven no podría resistir tener que hacerlo a un lado de su vida. Remus representaba más que una simple amistad para ella, era su respiro propio, su tranquilidad, su estabilidad y lo quería; se mordió el labio inferior y se decidió a hablar — Las vacaciones fueron tranquilas, la viví en casa con mis hermanos, ¿ya te había dicho que soy la menor por segundos? Bueno, me la pasé con ellos, y cuando podía, me iba a atender la tienda, pasé a ver algunos juegos del campeonato mundial de Quidditch, ya sabes que me gusta el deporte, y todo tranquilo — Suspiró y se relamió los labios — Oh si, parece que mis padres quieren comprometerme pronto, ese es el resumen — Aclaró, caminaban ahora tomados de la mano, la calidez de la palma del joven ayudaba a que Ekaterina se sintiera más tranquila.

¿Qué tal tus vacaciones? — Lo cierto es que Ekaterina no tenía ni idea del porqué lo conducía a ese lugar, pero sin darse cuenta ya se encontraban frente al Sauce Boxeador. Parecía tan tranquilo y sereno — Siempre he creído que éste árbol esconde algo mágico, que es solitario pero especial, que es violento porque teme que lo dañen pero puede ser bueno al mismo tiempo ¿qué opinas de él? — Preguntó la joven mirándolo de reojo, terminó por acercarse un poco más a él para sentir su calor, acurrucándose por completo — ¿Te gustan las alturas? — Tenía una buena idea en mente.


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Re: Don't Let me Down || Privado

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