Últimos temas
» Homenum Revelio {Af. Élite}
Miér Jul 23, 2014 6:14 am por Invitado

» Sunset Academy {Normal}
Mar Jul 22, 2014 2:59 am por Invitado

» She needs a wild heart, I've got a wild heart // {0/3}
Dom Jul 20, 2014 12:05 am por Fletcher G. Lenehan

» Precious Graphics [NORMAL]{Cambio de botón}
Vie Jul 18, 2014 3:17 am por Invitado

» Censo de usuarios (Limpieza próxima)
Lun Jul 14, 2014 5:53 pm por Marlene McKinnon

» ¡Ponle pareja al de arriba!
Lun Jul 14, 2014 4:45 am por Mary E. Mcdonald

» Tell me would you kill, to save your life? · Remus J.
Dom Jul 13, 2014 11:20 pm por Rita A. Skeeter

» Awards del foro
Dom Jul 13, 2014 3:17 pm por Ekaterina Záitseva

» It was supposed to be just a quick stop || Privado
Dom Jul 13, 2014 1:29 pm por James C. Potter

» Registro de avatar
Dom Jul 13, 2014 1:13 pm por Emma O. Vanity


Sympathy for the devil | Privado

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Sympathy for the devil | Privado

Mensaje por Amycus G. Carrow el Sáb Jul 05, 2014 8:37 am


Londres | 20:00 hrs. | Alecto Carrow
Tomó el último tren que salía de Francia a Londres. Ocultaba su rostro con una capucha, de donde nada más sobresalía su nariz y la barba que llevaba ya de varios días. El viaje se le hacía eterno, mientras estaba en un vehículo tan muggle, rodeado de éstos, sintiendo su suciedad y al mismo tiempo sintiéndose impotente al no poder actuar contra ellos como hubiese querido. Mantén un perfil bajo. Se recordaba a sí mismo, recitando en su mente las mismas palabras que su padre le repetía en cada carta. Nadie lo miraba, nadie reparaba en el misterioso hombre de capucha, que al mismo tiempo no se metía con nadie más. Era un espectro que rondaba por el mundo en búsqueda de algo que le había sido resbaladizo a las manos, intentando encontrarse a sí mismo y a su causa. Encontró el camino que buscaba y como ya era hora, regresó a casa, en donde volvería a tomar riendas de la vida que había sido escrita para él desde antes de haber nacido.
 
Después de unas horas, el tren se detuvo y los pasajeros salieron al andén, con aquél paso indiferente que los llevaba a sus vidas diferentes y aburridas. Amycus Carrow se deslizó hacia el andén, mirando a su alrededor por si había alguien conocido, algún espía que lo siguiera de cerca. Estaba acostumbrado ya a mantenerse oculto y extraño al mundo, después de meses de andar en asuntos oscuros e ilegales en variados aspectos. El andar de Carrow lo llevó detrás de los trenes, en donde la gente no se cruzaba en su camino. Nadie lo siguió y nadie reparó en su presencia. Fue demasiado fácil desaparecerse, para aparecer cerca de su mansión, que hacía tantos meses lo había echado de menos. Solamente por las cartas que le mandaba su padre, estaba medianamente enterado de lo que sucedía en Londres, de todos los planes que se habían estado construyendo desde que Amycus había salido sin aviso de su casa. La empresa iba bien, al igual que la herencia iba en aumento.
 
Llegó a las rejas de su casa y entró sin problemas, como si el metal le estuviese dando la bienvenida. El lugar estaba exactamente como lo había dejado y pareciese como si el tiempo no corriera en aquella vieja casona, para colmo de Amycus. Caminó a lo largo de los jardines para entrar por la puerta trasera, que rara vez estaba cerrada del todo y con un simple hechizo, el joven Carrow estuvo dentro de su mansión, que lucía helada y abandonada a simple vista. A juzgar por el silencio y por el murmullo de los muebles solitarios al tronar, la casa parecía haber estado vacía por varios días. Entró por la cocina, viendo ésta estaba abandonada, viendo las escasas frutas en un viejo frutero de cristal, que estaban podridas, ya casi inexistentes por el tiempo. ¿Dónde se habían ido todos? Pasó al vestíbulo, en donde la tenue luz del cielo nublado se colaba por los enormes cristales de la casa. No había correspondencia ni alguna nota para avisar a Amycus de la ausencia de sus padres.
  
Se quitó la capucha, revelando su rostro joven y serio. Subió al segundo piso y pasó por la habitación de su padre, tomando una camisa y unos pantalones, vistiéndose de forma casual pero formal, como los Carrow mayoritariamente acostumbraban. Cuando Amycus bajó las escaleras, para sopesar lo que estaba sucediendo, se sorprendió al verla ahí, con sus maletas y su mirada altanera de siempre. Sus ojos color oliva estaban fijos en él, como si se tratase de una aparición. Amycus terminó por bajar las escaleras y se quedó a varios metros de distancia de Alecto. Aguantó la respiración, pensando por un momento el tiempo que habían estado ausentes uno del otro. –Nunca respondiste mis cartas.-Le dijo con frialdad, esperando alguna reacción de su  hermana.
avatar
Amycus G. Carrow
Adultos

Adultos

Mensajes : 11

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Sympathy for the devil | Privado

Mensaje por Alecto R. Carrow el Sáb Jul 05, 2014 5:10 pm


Había pasado exactamente un año desde su partida. ¿Cuáles habían sido los verdaderos motivos de su partida? Seguramente su hermano creía que se trataba de un capricho, de alguna escena de celos, de darle una especie de lección, pero no. Sus motivos habían sido otros, unos que según su educación era algo que ya esperaba, que se veía venir, sin embargo mencionarle a Amycus las cosas sólo empeoraría el hecho en sí. ¿Razón? Un compromiso. Alecto había buscado la forma para poder disuadir su futuro matrimonio. El pretexto de buscar más conocimiento sobre magia oscura le pareció interesante a su padre, quien le había creído todo a su adorada hija, ¿que más trascendente que una mortífago que no sólo supiera los hechizos básicos, sino también más poderosos? Inteligente siempre fue la joven Carrow, y por eso emprendió el viaje, lejos de casa, lejos de su familia, lejos de él.

El viaje de regreso le pareció tedioso. El tener que mezclarse con toda esa gentuza, había comprado prácticamente un vagón completo para ella sola, sin que nadie se entremezclara con su espacio personal. La joven podía ser muy exagerada en esas cosas, pero lo cierto es que sus ideales la hacían así, además de tener los recursos para poder darse esa clase de lujos; durmió lo que pudo, se alimentó, leyó un par de libros, y cuando se dio cuenta que el tren se detuvo su corazón se aceleró con fuerza, la cosa iba en serio, Lo volvería a ver después de todo ese tiempo. ¿La odiaría? ¿Habría cambiado? ¿Se habría prometido? Muchos pensamientos absurdos rondaban por su cabeza. Cualquiera que la conociera sabría que ella no era de sentimentalismos, que se mantenía estoica ante cualquier cosa, el problema es que cualquier cosa no iba relacionado con su hermano, su hermano lo era todo, su talón de Aquiles, la peor de sus debilidades.

El transporte de regreso a casa le pareció más largo que su viaje en tren, sin embargo llegó, se encontraba frente a la fina puerta rústica, y le costaba trabajo avanzar; abrió la puerta, se adentró y dejó caer sus dos maletas, cuando alzó el rostro lo que estaba evitando encontrarse en un principio apareció: su hermano.

¿Cartas? Las recibí, si, pero me pareció que era más agradable tenerte frente a mi y decirte todo lo que necesitas — Se encogió de hombros, su mirada analítica paseaba por el cuerpo de su hermano. Se veía tan perfecto e impecable como siempre. Inevitablemente la joven se detuvo en sus manos, ninguna llevaba anillo que no fuera uno distinto al del escudo familiar. Aquello la hizo sentir más tranquila. — Me tienes frente a ti, después de un año y lo primero que sale de tus labios es un reclamo… — Hizo una pausa y se llevó una mano dramáticamente al pecho — Se nota, hermano, que me estabas añorando — Soltó con sarcasmo dando dos pasos hacía el frente, ella estaba tentando el terreno, buscando el saber cual quería su reacción ante el acercamiento, Al poco tiempo avanzó dos pasos más. Casi quedando un metro de distancia entre ambos. Los movimientos de Alecto eran como los de una autentica serpiente, llamativos, embriagantes, sensuales, elegantes y magnéticos.

¿Necesitas una verdadera explicación del por qué no respondí? Es sencillo, no me fui a jugar, me fui a aprender, no podía distraerme"Y tu eres una gran distracción". Pensó para sí misma — Ya, saca esa cara que me pondrás de mal humor, y venía muy animada con ganas de verte — Eso si que era cierto, ansiaba poder encontrarse con él; Alecto avanzó hasta por fin no tener mucha distancia entre su hermano y ella. Vaciló por unos momentos alzando sus manos para intentar tomar el rostro masculino de su hermano. Primero se detuvo, después descansó ambas palmas en sus mejillas. Al final recorrió el mentón del muchacho e incluso su cuello. Despegó por unos instantes sus delicadas manos y al final le tomó las ajenas — ¿Me extrañaste? — Preguntó con una sonrisa de medio lado que mostraba entre coquetería y altanería.


"Nada mejor que tener una vida en las manos, que disfrutar sabiéndote del control de alguien más"
avatar
Alecto R. Carrow
Adultos

Adultos

Mensajes : 17

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Sympathy for the devil | Privado

Mensaje por Amycus G. Carrow el Sáb Jul 05, 2014 7:11 pm


Londres | 20:00 hrs. | Alecto Carrow
Si ya de niños había sido difícil cuando su padre los separaba y los mandaba a estudiar por cuentas ajenas, asuntos totalmente diferentes uno del otro… Alecto había desaparecido un año y a los pocos meses Amycus empezaba a sentirse ansioso. No tuvo noticia de ella, ni siquiera había una misiva que le avisara de su paradero. Se había quedado estancado en el negocio familiar y no había sido capaz de contactar a su hermana. Finalmente había caído en desesperación e incertidumbre y sintiéndose impotente, había ido a buscar a Alecto alrededor del mundo, sin dar nunca con ella, involucrándose en asuntos oscuros y diferentes a los planes que su padre tenía exactamente para él. Y ahora tenía a Alecto frente a él. Había cambiado ligeramente; su cabello estaba más largo y el brillo de sus ojos se notaba más salvaje, más intrépido que antes. Su piel era igual de pálida y perfecta y su rostro igual de afilado y altanero.

Alecto representaba el invierno en cada uno de sus movimientos y en sus facciones, su rostro era aquél con el que Amycus había soñado casi toda su vida y le había privado del sueño, cuando sufría su ausencia. –Me enteré de tu compromiso.-Dijo fríamente, diciendo lo que tantas veces había escrito en sus cartas. –Y solo recibí silencio de tu parte. Pudiste haberme mandado una sencilla misiva que no te ocupaba ni dos minutos.-Reclamó, dejando a un lado sus palabras por segundos. Claro que la había extrañado, la había añorado toda su vida, pero aunque sea antes la había podido tener cerca, nunca se había alejado tanto de él, con peligro a que nunca volviera a aparecer, con peligro que su mano perteneciera a otro. Analizarla dolía, al mismo tiempo que calmaba el ansia que hacía tiempo había comenzado a sentir.

Ella fue la que empezó a acortar distancia entre ambos y de nuevo recordaba la barrera invisible que los separaba por el hecho de ser hermanos. A Alecto no parecía importarle, Amycus era el que cargaría con las consecuencias, pero cada vez se volvía más débil respecto a su hermana. Nunca se acostumbraría a su presencia, y siempre desearía más de lo que “correctamente“ podría recibir de ella. -¿Y qué iba a saber al respecto? La última vez que te vi, apareciste en mi habitación y no dijiste nada. Te fuiste y nunca supe por qué.- Sonaba ridículamente dolido, algo no propio en él. Pero no podía seguir actuando de esa forma tan patética. Se irguió más y se aclaró ligeramente la garganta, volviendo indiferente su expresión, calibrando la poca distancia entre ellos, volviendo más difícil la situación.

La distancia entre ellos se volvió relativa, Alecto acarició su rostro y pareció que nunca se hubiera ido. Amycus al principio se sintió contradictorio, como si una parte de él se resistiera al tacto de su hermana, mientras la otra ansiaba por tomarla en sus brazos y hacerla suya, alejándola del resto del mundo, llevándola a un lugar en donde jamás pudieran juzgarlos, o separarlos. Porque al final, Amycus siempre sabría que lo que sentía por su hermana no era posible. A penas escuchó las palabras de su hermana, más bien leyó sus labios. La necesidad de estar con ella lo venció y siguió el mismo recorrido que las manos de ella, pero en su rostro, el cual había añorado un año. No le importó mucho más lo que podía significar aquello, no quiso medir las consecuencias, porque la espera había sido larga. Amycus acarició los pómulos de Alecto con los pulgares y cerrando toda maldita distancia entre ellos, buscó sus labios para saciar la sed que tenía por ellos y la besó con las mismas ansias que había experimentado al verla. Mordió ligeramente sus labios, como sopesando que ella era real y que estaba de vuelta. Cuando se separó ligeramente de ella, sonrió fanfarronamente, como solía hacer en la infancia.-¿Cómo puedes preguntarme eso?- Le dijo tranquilamente. –Podría acusarte como la peor arpía, por como me hiciste sufrir, pero te perdono.- Dijo en tono burlón, como tantas veces la había hecho enojar. Porque era una extraña costumbre en él provocar a su hermana.
avatar
Amycus G. Carrow
Adultos

Adultos

Mensajes : 11

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Sympathy for the devil | Privado

Mensaje por Alecto R. Carrow el Sáb Jul 05, 2014 7:53 pm


Inevitablemente hizo una mueca demostrando su molestia. Todo ese año se había ido lejos evitando que su hermano supiera del compromiso y resultaba que ya sabía. Eso le pasaba por no haber leído por completo las cartas, ¿Y ahora qué debía decirle? ¿Qué se había ido porque no deseaba perderlo? ¿Qué le daba terror tener que irse con otro hombre? Su acto había sido totalmente cobarde ¿Y cómo no? El hecho de escapar de los problemas mostraba debilidad, la peor de todas, y una Carrow no podía ser así, no se lo debía permitir, sin embargo cómo sólo ella y él sabían, se trataba de su mayor y única debilidad. No saber actuar ante lo que te hace bien y mal al mismo tiempo suele ser un golpe bajo, el más duro y bajo. La jovencita se mantuvo entonces con esa mucha, intentando encontrar las palabras correctas que le otorgaran tregua entre ambos, ya no más pelea.

No queria responder las cartas, no de esa forma, no me sentía agosto haciéndolo, y sino estoy cómoda sabes que no hago las cosas — Comentó de mala gana, Alecto odiaba y amaba la forma que tenía Amycus se hacerla subir por los cielos y dejarla caer al abismo, sin embargo también le ponía los pelos de punta, la llenaba de nervios, y en ocasiones las ganas de torturarlo incrementaban, aquello relacionado a sus malas manías. — Por eso me fui ¿Sabes? no quería comprometerme, esa es la verdadera razón, así que tomé el mejor pretexto que nuestro padre pudiera darme el permiso de irme sin siquiera tuviera tiempo de pensar en comprometerme — Se encogió de hombros, esos temas podían resultar tan trillados y al mismo tiempo tan aberrantes para algunas personas, todo dependía claro de la educación que te dieran.

A Alecto le sorprendió el cambio repentino de su hermano, incluso se sintió confundida, así que sólo se quedó parada dejando que él hiciera a su antojo. Lo siguiente la tomó tan por sorpresa que en un principio se quedó estática, y al final cedió, porque lo deseaba, aquel beso que tanto añoraba.

Amycus yo… — Y no, no pudo seguir, porque el beso era la necesidad que ambos buscaban. Cerró los ojos con fuerza para poder abrazarlo por el cuello, entrelazó su lengua con la ajena y no sólo le dio la guerra, también la acarició y se dio el lujo de poder disfrutar del sabor de su hermano. Era cálido, frío y corrosivo al mismo tiempo. Tenerlo así le recordaba que se pertenecían, que lo amaba y que a pesar de ser prohibo lo que tenían a ella no le importaba, deseaba que todos lo supieran, que estuvieran enteradas que Amycus G. Carrow era suyo, y que no tenían derecho alguno de voltear a verlo; cuando la falta de aire se hizo presente, la joven separó su boca de la ajena y se dispuso a respirar, más bien a intentar nivelar la entrada y salida de aire de sus pulmones. Recargó su cabeza en el pecho masculino y se dio cuenta que se encontraba deseosa de él — Hermano… — Susurró con suavidad. ¿Por qué había sido tan tonta y dejó que el tiempo la separara de él? Sus miedos habrían sido vencidos hace tiempo con su ayuda, no sola. — Creo que arpía es una de las palabras más dulces que me haz dicho — Le regresó la burla por unos momentos, aunque su rostro se movió ligeramente para poder atrapar la mirada ajena con la propia.

Por un momento pisó tierra y se separó con brusquedad. No por ella, sino por él. Entendía que su hermano buscara guardar las apariencias, debía respetar aquello.

¿Están nuestros padres en casa? Lo último que hablé con papá fue que me esperaría, le di la fecha de llegada que extraño — Movió su rostro de un lado a otro, no se veía nadie, probablemente estaban solos, debía serlo, sino su hermano no la habría besado con tanta vehemencia. — Así que ¿Qué haz hecho? — Preguntó interesada acercándose nuevamente a él, sin embargo la situación había cambiado, también el escenario, se encontraban en su fortaleza personal, en su escondite vacío sin que nadie los interrumpiera, era su bienvenida; Alecto le tomó de las manos y lo llevó escaleras arriba ¿Destino? La habitación de Amycus, a ella le encantaba ese lugar sombrío, varonil, sin embargo no se atrevió a abrir la puerta y entrar, debía concederle el permiso su hermano, aunque no lo pareciera la joven resultaba sumisa en algunas ocasiones, pero sólo por él.


"Nada mejor que tener una vida en las manos, que disfrutar sabiéndote del control de alguien más"
avatar
Alecto R. Carrow
Adultos

Adultos

Mensajes : 17

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Sympathy for the devil | Privado

Mensaje por Amycus G. Carrow el Lun Jul 07, 2014 5:27 am


Londres | 20:00 hrs. | Alecto Carrow
Ya lo habían hablado con su padre. Amycus y Alecto debían contraer nupcias con alguna familia de sangre pura. Los Sagrados 28 debían continuar, porque día a día familias que antes conformaban ese cerrado círculo, empezaban a tirar por la borda aquella pureza. Eso preocupaba a las familias más conservadoras, los Carrow entre ellas, y por eso desde el día de nacimiento, los padres empezaban a planear compromisos. A Alecto era la primera que le habían informado y por eso había huido, Amycus quizá por miedo, quizá por necesidad, la había seguido, sin éxito, alrededor del mundo. Aún las ansias de besarla y estrecharla habitaban en él, aunque no estuviese permitido moralmente. Recordaba la primera vez que le había robado un beso a su hermana, un año antes de salir de Hogwarts, en uno de los baños abandonados. Ambos entregados al deseo carnal y platónico que habían albergado por años, por lo menos por el lado de Amycus, aunque su hermana se lo correspondía.

Antes de poder agregar algo, Alecto volvió a juntar sus labios con los de él, y logró intensificar la calidad del beso, enredando su lengua con la suya, explorando el peligro de la boca ajena y su sabor ilegal. Amycus la estrechó, abrazándola por la espalda baja, acercándola más a él, como si cualquier indicio de espacio, la fuese arrebatar de él. Le dolía el hecho de pensar que la perdería y que aquellas caricias ella las compartiría con alguien más. Entrado en rabia, Amycus se separó cuando ella lo hizo y de nuevo la etiqueta moral surgió de los labios de Alecto. Eran hermanos, los consanguíneos no debían de amarse de esa forma, no debían tocarse de esa forma. –No podemos evadir toda la vida el compromiso.-Dijo enfadado, evadiendo a tiempo la mirada clara de su hermana. Los ojos felinos de Alecto buscaban los de él. –Debiste esperarme, hubiéramos huido juntos y toda esta pesadilla habría quedado abandonada junto a nuestros padres.- Sus palabras fueron dichas con el carácter frío que lo caracterizaba. Amycus nunca había tenido demasiado afecto por sus padres y dudaba que su hermana lo hiciera también.

No quiso agregar más, porque entendía el tamaño de sus decisiones y de su actual situación, y no podía dar vuelta atrás. Alecto fue quien se separó bruscamente de él y marcó la distancia entre ambos.–Al parecer nuestros padres han estado ausentes por días o semanas.-Miró a su alrededor, comprobando sus palabras con el polvo que se acumulaba en los muebles. Volvió a mirar a su hermana y ésta le preguntó sobre sus acciones. Una sonrisa sarcástica apareció en el rostro de Amycus y antes de poder responderle algo, ella lo tomó de la mano y lo guió hacia las habitaciones, yendo a parar a la propia. Alecto se detuvo frente a la puerta de madera, volviendo la vista a su hermano, como si él tuviera que darle permiso para seguir. Amycus aprovechó aquello para volverse a acercar a su hermana, ignorando el espacio personal, acorralándola contra la madera detrás de ella, con una sonrisa socarrona como arma. Rodeó la cintura de Alecto con ambas manos y recorrió luego su espalda, disfrutando de la presencia de ella. -¿Qué hice? Manejé el maldito negocio por unos meses y luego te fui a buscar. No me dejaste rastro alguno, así que por mi cuenta encontré mi destino.- Le dijo cerca de su rostro.- ¿Y tú? ¿Ibas a buscar marido?- La provocó, con el mismo tono burlón que antaño.

Amycus separó una mano de su hermana y buscó el pomo de la puerta, para girarlo y abrir su habitación. Estaba tal cual la había dejado, solamente que el abandono y el encierro invadían la estancia. Amycus se separó de Alecto y sin soltar su mano, entró junto a ella a su habitación. Miró hacia la ventana; aún faltaba un poco para que oscureciera, pero el cielo estaba nublado, como era costumbre en Inglaterra. –No será la última vez que nuestros caminos se separen.-Dijo como acierto, más que como pregunta.


“The end justifies the means“
avatar
Amycus G. Carrow
Adultos

Adultos

Mensajes : 11

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Sympathy for the devil | Privado

Mensaje por Alecto R. Carrow el Lun Jul 07, 2014 5:01 pm


Era un juego constante, un tira y afloja, un deseo ferviente de querer quemarse con el fuego jugado. Los riesgos eran claros, esas consecuencias que podrían desprestigiar un apellido increíblemente grande, increíblemente fuerte. ¿De verdad importaba lo que aquellos dijeran? No comprendía por completo lo que pasaría con ellos, sólo tenía en claro lo que deseaba, ni más ni menos, y aquello comprendía todo su hermano, sin exceptuar un sólo pelo de él. Si Amycus no fuera tan correcto otra cosa les pintaría, sin embargo a su Alecto le gustaba así, con toda y esa manía suya de ser el caballero cruel y perfecto que la sociedad veía. ¡Maldita importancia social! Terminaba por ser absurda y fastidiosa cuando no le convenía. Todo se trataba de la conveniencia, claro.

Entrar a una habitación en solitario con su hermano resultaba ser un tanto tenebroso. Le hacía recordar momentos del pasado. Deseos frustrados, porque ¿para que mentir? La calentura se quedaba en el ambiente y tenía que anclarse ahí. Más de una ocasión interrumpidos por diversas cosas. Alecto no había probado más que las mieles de los besos de un Amycus que ya se notaba todo un hombre. Alto, gallardo, caballero y atractivo. ¿Qué más podía ver ella? Sin embargo en ocasiones buscaba pensar con la cabeza fría, porque quizás el amor que le profanaba iba acompaño de una especie de cegada mental. Podía ser.

Se adentró a la habitación caminando detrás de él. Observó a detalle la habitación, cuando eran pequeños y Alecto no podía dormir, llegaba para que su hermano mayor la ayudara, y en más de una ocasión despertaron juntos, pero claro, eran otros tiempos y el deseo no se vivía de esa forma.

¿Y me harás de dormir como cuando pequeños? — Vaciló acercándosele por detrás para abrazarlo de esa forma. De hecho no sólo escondió su rostro en la espalda ajena, sino que también aspiró su aroma — Muchos recuerdos, creo que aquí también me enseñaste a poder realizar los maleficios imperdonables ¿Lo recuerdas? — No era su fuerte estar hablando de forma tan melancólica, quizás su hermano le había puesto alguna especie de hechizo y controlaba su mente, quizás… No, eso no podía ser, porque los maleficios, hechizos, pociones, entre otras cosas, a pesar de controlar de cierta manera, no provocaban alteraciones sentimentales, podrían ser posesivas, obsesivas, pero no amorosas; lo empujó para que se aproximara a la cama, y cuando estuvo rozando la rodilla de su hermano con la misma le tomó la mano para que se girara y lo hizo sentarse. No perdió tiempo y se sentó a horcadas sobre él abrazándole por el cuello.

¿Y bien, señor Carrow, cuales son nuestros planes para éste tiempo que tenemos solos en casa? — Susurró al oído del heredero de la familia Carrow.


"Nada mejor que tener una vida en las manos, que disfrutar sabiéndote del control de alguien más"
avatar
Alecto R. Carrow
Adultos

Adultos

Mensajes : 17

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Sympathy for the devil | Privado

Mensaje por Amycus G. Carrow el Miér Jul 09, 2014 3:59 pm


Londres | 20:00 hrs. | Alecto Carrow

Alecto siempre había sido su hermana menor. Siempre la había sobre protegido la celaba hasta de su propio padre. No dejaba que nadie tocara a su hermana, ni que se acercara más de la cuenta a ella. Se había vuelto una especie de adicción estar juntos, se había vuelto dependiente de su piel y de sus ojos. No había palabras más sabias para sus oídos que las que salían de su garganta, ni pensamiento más razonable que los que le decía al oído. Alecto había nacido perfecta a ojos de Amycus, pero su perfección era hasta cierto punto intocable, o eso le habían hecho ver. El incesto no era bien visto por todos, pero para los Carrow no había amor más racional o perfecto que el que había entre hermanos. Porque se entendían mejor, porque su sangre los volvía más unidos. Su lazo era mucho más estrecho que el que jamás encontrarías con un extraño. Alecto lo abrazó por detrás, pegando su delgado cuerpo al de su hermano, que lo había analizado más de un par de veces. Amycus sintió cosquilleo cuando Alecto aspiró cerca de su cuello, enviándole un escalofrío al joven, de pies a cabeza.

Abrazó los brazos de Alecto, reteniéndola así un momento, mientras el paisaje que antes había visto por la ventana, se volvía poco interesante. Las sensaciones que ella le cedía, eran mucho más poderosas a veces que sus propios pensamientos. Recordar su niñez era algo extraño, curioso. Eran bastante diferentes desde física hasta psicológicamente, pero desde chicos se había notado el lazo que los unía. -¿Ya te aburrí y quieres dormir?-Se mofó, sonriendo tranquilamente. Sentía cierta paz que no había logrado concebir en un año. Empezó a hacer más memoria.-Claro, recuerdo que no sabías pronunciar correctamente el imperius. Te enojabas conmigo muy seguido y sabrá Salazar cuantas veces me mandaste a freír espárragos, por decirlo de buena forma.-Y entonces Alecto empezó a guiarlo hasta la cama, aquella que había estado abandonada por meses. Sus rodillas chocaron contra el bordillo y Alecto lo manejó a su gusto, dándole la vuelta, sentándolo, para luego ella sentarse a horcajadas sobre él.

A Alecto le gustaba jugar con él, y él no se quedaba mucho atrás. Lo abrazó por el cuello, acercándose peligrosamente a él, tentándolo. Amycus rodeó la espalda de su hermana, acariciándola a su paso, palpando a detalle lo que había extrañado hacía un año. La miró a los ojos y levantó una ceja.-Amycus, para ti siempre seré Amycus.-Le dijo con algo de terquedad, como había hecho cuando eran niños. Llevó una mano al rostro de Alecto, recorriendo las líneas finas que daban detalle. Siguió recorriendo hasta llegar a su cuello, donde se detuvo y la jaló más hacia sí, colocando rostro frente a rostro.-Aprovecharlo, hacer lo que quieras. Compensar todo el tiempo que estuviste ausente, ese en el que casi me vuelvo loco.- Sintiéndose segundo a segundo más deseoso por ella, sus labios buscaron su piel, queriendo saciar su sed. –Debería odiarte.-Dijo contra la piel de su cuello. Lo besó con ahínco, tentado a morder su blanca piel. Amycus no era el más delicado del mundo, pero sabía que su hermana no le iba a reclamar por ello. –Y me es simplemente imposible, más si me tientas de esta forma.- Su simple presencia lo hacía, lo volvía loco, y después de un año sin verla, sin poderla tocar, empezaba a estar fuera de sus cabales.


“The end justifies the means“
avatar
Amycus G. Carrow
Adultos

Adultos

Mensajes : 11

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Sympathy for the devil | Privado

Mensaje por Alecto R. Carrow el Vie Jul 11, 2014 7:11 am


Antes de llegar a casa. La morocha sintió ansiedad. Después de no ver en un año a su hermano, la cosa se tornaba complicada. Compromisos, distancias, vivencias, conocer más de una persona, todo aquello la ponía nerviosa. ¿Por qué? Porque él tiempo es el mejor amigo, o el peor en algunos casos. Quizás el amor que él le tenía podría haberse evaporado. ¡Que poca fe a su hermano! No, quizás no era poca fe, sino más bien miedo a perderlo. Ella lo seguía queriendo como siempre, amando cómo si no se hubieran separado, y volver a verlo resultaba complicado. La idea de posiblemente ser rechazada le daban ganas hasta de vomitar, lo cual le resultaba tan ridículo que sólo deseaba darse la media vuelta y no volver más. Él podía ser su fortaleza, pero también su debilidad. ¡Que complicado era el amor! Si, complicado y generaba demasiados dolores de cabeza. Ganas de no sentirlo y al mismo tiempo sentirlo en cada palpitar; y ahí estaban, abrazados, acurrucados, y con ganas de saber que podría esa unión complace. Mente, corazón y cuerpo. Eso último que nunca había ocurrido. ¿Tocaría en ese momento?

Amycus… — Repitió con suavidad, arrastrando las palabras. Se mordió el labio inferior suavemente al tiempo que disfrutaba de las sensaciones que su hermano le regalaba. A diferencia de el pensamiento que todos pudieran tener, su hermano era cálido, y en ocasiones podría parecer delicado y más que complaciente con ella. Aunque eso de las complacencias era evidente, nadie que fuera un poco racional lo negaría, ya que todos sabían de sobra lo que el Mortífago era capaz de hacer por su hermana; su piel se erizó al sentir la calidez de la lengua masculina, y si se le sumaba la respiración que chocaba contra su piel, las sensaciones iban in crecendo. Cada minúsculo detalle de su ser se despertaba con sólo una caricia de él, imaginar sus labios sobre su figura podía ser exagerado, pero le volvía a la vida, le regresaba fuerza, valentía y realidad.

Con la ayuda de sus dedos separó a su hermano de su labor. Le levantó el mentó con dos dedos para que la viera directamente a los ojos. Cada que ese par de miradas chocaban, todo se detenía, y sólo ellos contaban. Enfermizo o no, Amycus podía ser una clase de religión personal para su hermana, su credo, sus sueños, y su presente. De esa forma le sonrió ladina, altanera, coqueta y perfecta, como ella era; se inclinó para poder rozar nariz con nariz, y tan erótica como pudo, le labio lentamente los labios a su hermano, y al final, cual serpiente a punto de atacar a su presa, adentró su lengua a la cavidad bucal del muchacho y lo empezó a besar, deseosa, necesitada, vuelta loca por él. Su hermano estaba bajo ella, a su lado, como fuera, pero estaban juntos, disfrutando del sabor delicioso que tenía él.

Y sino me detienes ahora no habrá poder mágico que me separe de ti, de tu boca, de tus manos y tu cuerpo — Amenazó de forma que poco podría intimidar, y entre besos, ante succiones y mordidas a esos labios rosáceos y carnosos del muchacho. — Amycus, te extrañé — Comentó mientras sus manos se aventuraban a acariciar su espalda y poco a poco moviéndose hacía el pecho, tuvo que separan un poco el propio para que sus manos traviesas pararan en el borde de los botones de su camisa. Se encontraba ansiosa, y bastaba con notar ese movimiento "disimulado" de caderas que hacía sobre la hombría masculina. Además que, sus manos quemaban por desnudarlo para ella, y su boca ¡Ja!, esa unión parecía tener urgencia de acabar con la separación y el vacío que ese año les había dejado.



"Nada mejor que tener una vida en las manos, que disfrutar sabiéndote del control de alguien más"
avatar
Alecto R. Carrow
Adultos

Adultos

Mensajes : 17

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Sympathy for the devil | Privado

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.