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Haciendo ¿amistades? | Privado | { Matthew }

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Haciendo ¿amistades? | Privado | { Matthew }

Mensaje por Elisabeth N. Adams el Sáb Jul 05, 2014 9:09 am

Lago Negro | 18:30 pm | Matthew J. Blackwood.


Un paso tras otro por el castillo, voy revisando con la mirada todo aquello que mi vista alcanzaba: Desde los parlanchines cuadros, hasta las inertes y frías piedras que hacían de suelo. ¿La razón por la que hacía eso? El aburrimiento, ese gran enemigo, que siempre estaba acechando, y a la mínima oportunidad, te asolaba por completo. Tomo aire, saliendo del castillo, pasando por la gran entrada y por sus aún mayores puertas de madera. Intento no llamar la atención de nadie, ya que, simplemente, no me gusta llamar la atención. Miro a un lado y a otro de cuando en cuando, con actitud relajada, o al menos, eso parece a simple vista de quién me mire. Luzco el uniforme de mi casa con orgullo, aunque claro, sin el jersey: solo con la camisa y la corbata de Ravenclaw, algo floja alrededor del cuello de la blanca camisa. Hace demasiado calor como para llevar el jersey, era una auténtica locura ponérselo. La falda me llega hasta por encima de las rodillas, como es reglamentario, aunque la mitad de mis compañeras la llevan por los muslos, bastante más corta de lo que debería ser en realidad. No tenía deseo alguno de imitarlas, la verdad.


Con la mirada fija en los zapatos, alzo la mirada, topándome de golpe con el Lago Negro. ¿Pero cuánto había caminado? No tenía ni idea, pero solo habían un par de alumnos por allí, algo lejos de donde me encontraba yo. Por ello, me es imposible distinguir siquiera de que casa son. Indiferente a su presencia, camino hasta los pies de un árbol, en la orilla del lago, y me subo sobre una de sus grandes raíces, que acababan por hundirse en el agua, medio metro más allá de donde me había subido yo. Apoyo las piernas sobre la  gigantesca raíz, y acomodo la espalda sobre el tronco del árbol, desnudo. Las vistas me encantaban, eso no podría discutirselo a nadie. 


En el centro del lago, puedo ver perfectamente como el Calamar Gigante saca los tentáculos del agua, moviéndolos en el aire unos instantes, antes de volver a sumergirse en las profundidades. Curiosa criatura mágica; tendría que averiguar más sobre ella...


Llevo una pequeña mochila conmigo, de cuero marrón, que había dejado a mis pies, literalmente, sobre la rama. En su interior, había un libro sobre magos famosos y mi varita, ya que no necesitaba más para entretenerme. Practicar hechizos y leer; ¿qué otra cosa iba a hacer?

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Re: Haciendo ¿amistades? | Privado | { Matthew }

Mensaje por Matthew J. Blackwood el Dom Jul 06, 2014 12:12 pm



Aquel día el moreno tenía la tarde libre, en su horario no se encontraba ninguna clase, por lo que aprovechó el día en lo que más le gustaba hacer, entrenar. Cogió su ropa deportiva y pasó todo el día dentro del estadio de Quidditch, practicando jugadas ensayadas sobre su escoba; la copa de quidditch ya estaba a la vuelta de la esquina y este año quería llevarse el trofeo a la sala común, cueste lo que cueste... haría todo lo posible por conseguirlo. Luego de ensayar un par de tiros libres y cambios de ritmo, un par de caídas en picada y movimientos en zig-zag decidió bajar de la escoba, justo en el momento en el que el sol amenazaba con esconderse. Cogió su bolso y guardó su escoba en los camarines de Slytherin. Dudó por unos segundos, observando las duchas, esta vez, al parecer, le apetecía darse un baño en el lago negro, como siempre lo hacía hace un par de años después de trotar. Se echó el bolso al hombro y abandonó el campo de Quidditch, para dirigierse hacia el lago.

Una vez allí dejó caer su bolso sobre la hierba, observó a sus costados, había un grupo de tejones disfrutando del día, riéndose y haciendo estupideces como era de costumbre; el moreno bufó, desinteresado, aquel día no tenía ánimos de atormentar a críos, al menos mientras no se metieran con él. Se quitó la sudadera y la camiseta sin mangas de color verde que exhibía una serpiente en toda la espalda. No hubo necesidad de llevar un bañador, ya que el short deportivo podía cumplir aquella función sin problemas, simplemente terminó por quitarse las zapatillas y dejarlo todo tirado a un costado de su bolso, nadie se las robaría, al menos no sin tener repercusiones por hacerlo. Se estiró un poco, sintiendo un leve malestar en su espalda por el exceso de ejercicio, pero más que causarle molestia, le gustaba, le encantaba; lo hacía sentir vivo, lo hacía sentir fuerte, darse cuenta que todo esfuerzo por ejercitar su cuerpo tenía recompensa, aunque esa recompensa viniese acompañado con un poco de dolor. Aunque la verdad... ¿qué era el dolor para él?, él vivía del dolor, disfrutaba del dolor, sobre todo si es ajeno y él era el culpable de causarlo. Avanzó a paso lento hasta un pequeño montículo, que después de él no había más que agua, oscura y fría agua. Observó por unos segundos el leve oleaje que provocaban las leves ráfagas de viento y como a la distancia, la inmensidad de las aguas daban al lugar un aspecto de tranquilidad. Cerró los ojos y se dejó engatusar por un segundo con el sonido vibrante de las hojas bailar ante el viento. Él odiaba lo bello, pero era incapaz de resistirse a la calma, a la soledad, a la serenidad. Porque cada momento que se dedicaba para él, era un momento bien aprovechado.

Abrió los ojos y tragó aire, dando un brinco para entrar de un piquero a las aguas, sintiendo como su piel se ponía de gallina al instante al tocar aquellas frías aguas; nadó unos segundos sin salir a la superficie, hasta que su respiración no le ayudó más y no le quedó otra que salir a flote. Agitó su cabeza, dejando escapar las gotas que recorrían su rostro y llevó una de sus manos a su cabello, desordenándolo y así evitar que se le pegara al rostro. Observó hacia la orilla, en busca de sus cosas que seguían en el mismo lugar en donde las dejó, ladeó el rostro ante las risas y gritos y volvió a gruñir; odiaba la idiotez y aquella pandilla de tejones estaban siendo el símbolo perfecto de ella. Negó levemente y observó hacia el otro lado, fijándose por primera vez en una chica que no había logrado ver de primeras, porque la ocultaba un árbol. Su cabello era rubio, en su escudo resaltaba un águila y no hacía más que demostrarlo al estar leyendo un libros. Ratas de biblioteca, todos los de esa casa lo eran, quizás en un mayor o menor grado, pero al fin y al cabo lo eran. Quizás por eso Ravenclaw le agradaba mucho más que las otras dos casas, porque allí si había gente que valía la pena, inteligentes, cultos, amantes de los libros como él. Se cuestionó por un momento, pero finalmente se decidió por acercarse, jamás perdería la oportunidad de charlar con una chica, sobre todo si era así de guapa como ella, además de que el intelecto sumaba muchos más puntos - ¿Qué estás leyendo? - Interrumpió el silencio, saliendo del agua y subiéndose sobre la misma raíz en la que ella se encontraba sentada, sintiendo un poco de frío por las ráfagas de viento, pero sin hacerlo notar - Matthew Blackwood - Quizás no hacía falta presentarse, de seguro ella lo conocería, sí... era tan egocéntrico que estaba seguro que todo el castillo sabía de su nombre, algunos con admiración, otros con miedo, daba igual, pero lo hacían... al menos dentro de la mente del moreno - ¿Con quién tengo el placer? - Arqueó una ceja y le inspeccionó con la mirada, discretamente.



Última edición por Matthew J. Blackwood el Lun Jul 07, 2014 9:44 am, editado 1 vez


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Re: Haciendo ¿amistades? | Privado | { Matthew }

Mensaje por Elisabeth N. Adams el Lun Jul 07, 2014 9:07 am

Frunzo el ceño, al ver el primer mago que mencionan. Merlín, siempre el primero, ya que era el más 'antiguo' y el más famoso... Pero a mí me interesaban más los fundadores del castillo, por lo que paso página por página, hasta que encuentro a Godric Gryffindor.

Godric Gryffindor fue un mago de sangre pura, nacido un día de junio, en el Valle de Godric, hace más o menos mil años. Él y su familia vivieron en África algún tiempo, lejos de la cacería de brujas en Inglaterra. Esto hizo que Godric descubriera la vida salvaje de África; la cual le comenzaba a gustar. Él disfrutaba especialmente observando a los leones. Godric era aventurero, por eso no era difícil saber que se metió en líos...

Esbozo una sonrisa ladeada; no me imaginaba a ese hombre barbudo de joven, en sus años mozos como se diría. Me sumerjo por completo en la lectura, con tranquilidad, hasta que la luz comienza a desaparecer, despacio pero sin pausa. Ah, lástima. Sin embargo, sigo, pues aún podía leer un rato más.

Cuando Godric tenía 18 años volvió a Inglaterra él solo. Fue a vivir a Hogsmeade, pues había oído que estaba cerca de un gran bosque. Conoció allí a un joven mago, Salazar Slytherin, que se convirtió en su amigo. Godric encontró en Salazar el mismo espíritu aventurero que él tenía. Godric tenía el sueño de crear una gran escuela de magia con Salazar, como su padre, quien aceptó. Para entonces ambos tenían al menos 30 años, mantenían su amistad y comenzaban a ser magos famosos, con grandes poderes.

Que gracia que ambos fundadores se llevasen tan bien pero que ahora los alumnos de ambas casas no se soportasen... Sabía de la disputa que ambos fundadores habían mantenido, por supuesto, pero me sigue pareciendo curioso, gracioso.

Sin ver nada más allá que mi mente recreando lo que leía, me sobresalto al escuchar una voz masculina, justo enfrente de mí. Entonces, es cuando alzo la mirada del libro, y me encuentro con un joven moreno, que se estaba subiendo a la raíz en la que yo estaba. Anda que no habían raíces... Lógicamente, tampoco podía echarlo, pero es que tampoco estaba acostumbrada a que un chico guapo, semi-desnudo y mojado se acercase a mí, así, porque sí.

Me pregunta que estoy leyendo. Wow, que manera más original de empezar una conversación. Coloco un marca-páginas por donde me he quedado leyendo y cierro el libro, leyendo la portada de forma textual al darle la vuelta, por toda respuesta.

Magos famosos de todos los tiempos. —Y se presenta. Me obligo a esbozar una sonrisa, cortés, y le tiendo una mano, esperando que la estrechase. En otra ocasión, tal vez le hubiese dado un beso en cada mejilla, pero no solía hacerlo desde hacía años.  No te pongas nerviosa, no te pongas nerviosa..., pienso, observándole, aparentemente amigable. — Yo soy Elisabeth, Elisabeth Adams. Un placer conocerte, Matthew. —Respondo, apenas unos segundos después de que él me preguntase.


Ay, Jotapé:


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Re: Haciendo ¿amistades? | Privado | { Matthew }

Mensaje por Matthew J. Blackwood el Dom Jul 13, 2014 10:46 am



El contoneo de las ramas de aquel árbol que los sostenía de no caer al agua, provocaba entre sus hojas aquel roce desgastador que se producía entre ellas, llenándolos de cierta manera de sonidos y melodía ambiente en aquella, por no decir extraña, "especial" situación. No es que él fuese recurrente a entablar conversaciones con personas que no conocía, menos aún si no eran de su casa, pero la verdad aquel día, después de la jornada de entrenamiento, se sentía más relajado de lo común, por ende, menos frío y desagradable. Sus ojos divagaron por un momento sobre el cuerpo de la rubia, al menos lo que su recatado uniforme dejaba a la vista, ya que no se podía decir que vestía como lo hacían hoy el día la mayoría de las chicas; blusas traslúcidas y con una talla de menos para que sus curvas se acentuasen aún más, faldas que terminan varios centímetros por sobre la rodilla, corbatas sueltas que iban acompañados con un par de botones sueltos de la blusa para permitir al curioso imaginar aún más de lo que será capaz de observar, capas de maquillaje y horas de peinado para verse espléndidas a pesar de haber tenido una mala noche. Y le molestaba. ¿Para qué mentiría?, él apreciaba el arte del cuerpo femenino, apreciaba la sensualidad, la tentación y el atrevimiento; no le molestaba en absolutos que las lenguas venenosas criticaran aquello, que él encontraba necesario en una mujer, pero en cierto punto no llegaba a entender el por qué lo hacían. Al parecer la única chica, que realmente lograba levantar sus pasiones, en su simpleza y timidez, era Mcdonald, cosa que jamás se atrevería a confesar, ni a ella ni a nadie.

Observó la portada, leyendo con atención el título de aquel libro tan conocido para él; lo había leído más de alguna ocasión, se podría decir que era uno de sus favoritos. En cierto modo por su mismo egocentrismo, leía todas esas biografías, esas historias que los hicieron famosos, dignos de quedar en la historia, plasmados aunque sea en aquel viejo libro que solo algunos leerán por gusto, otro más por obligación escolar, pero que al fin y el cabo sus nombres, logros e historias serían recordadas y conocidas. Él quería algún día lograr lo mismo, dejar su nombre en la historia, ser recordado, admirado y reconocido. Y lo lograría, claro que lo haría - Mi favorito es Andros, Andros el invencible - Replicó, haciendo referencia a uno de los magos que aparecía en el principio del libro, más antiguo que Merlín, incluso más antiguos que los fundadores del castillo; Andros venía de la antigua Grecia y era reconocido por jamás ser derrotado en un duelo ni perder una guerra; aunque claro, su logro que lo llevó a formar parte de la historia fue invocar el Patronus más gigantesco que la historia de la magia puede llegar a recordar, además de su gran habilidad sin varita. Los muggles, gracias a él, no perdieron la fe en los Dioses, viendo reflejado en Andros un Dios que había tomado la forma humana para ayudarlos. Estupideces típicas de ellos, no le sorprendía en absoluto, aún así él buscaba aquel tipo de admiración, aunque venga de ellos - El placer es todo mío, Elisabeth - Replicó galante ante su presentación, cogiendo la mano que la rubia le había ofrecido para dejar un beso en el torso de esta, movimiento más que aprendido por las enseñanzas de su familia, la alta alcurnia debía tener aquellas actitudes, sobre todo en las fiestas de gala que reunían a toda la élite mágica de la actualidad.

Reuniones en que jamás había visto a la chica, por lo que existían dos claras posibilidades. O era de un origen humilde, como lo era Snape, o quizás por sus venas no corría la misma pureza de la que se jactaba el moreno - Debo reconocer que me causa cierta curiosidad el verte por aquí, a solas, es raro ver a alguien visitando en este lugar sin estar acompañado o sin querer realizar alguna estupidez - O comportarse como tal, dejando escapar del interior aquel espíritu primitivo que solo se mostraba al estar rodeado de amigos cercanos, tal como lo estaban demostrando el grupo de tejones que se encontraba a un par de metros de distancia, que aún gritaban, reían y hablaban como si no existiera un mañana. Matt simplemente se dedicó a ignorarlos, ya que si se dedicaba a prestarles atención terminaría por abrumarse de tanta infantilidad, haciéndole perder la cabeza y de seguro provocar actitudes más violentas en él, haciéndolos callar por un momento - Además creo que no había tenido el gusto de ver tu rostro por estos lugares, a pesar de que los frecuento constantemente después de entrenar - Y también le parecía extraño el no conocerla desde antes, después de todo, juzgando por la edad que aparentaba la muchacha, deberían ir por el mismo curso, lo que indudablemente provocaría que se hubiesen visto en una que otra clase - ¿Eres nueva en el castillo? - Aunque su apellido fuese directamente inglés, quizás hasta irlandés, aunque su acento fuese el típico de una persona que vive en la isla británica, nada quitaba que pudiese haber pasado sus años inferiores de estudio en otra institución, él ya conocía un par.



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