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Glory and gore ▬ Travers, A.

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Glory and gore ▬ Travers, A.

Mensaje por Bellatrix W. Lestrange el Lun Jul 07, 2014 3:34 pm

* * *

Travers ▬  08:13 h del 7 de septiembre ▬ Atrio del Ministerio


El sonido de sus zapatos delataba su presencia. Sus pasos rebotaban por el eco del inusualmente solitario atrio del Ministerio. La figura encapuchada caminaba con soltura, como si no debiera estar en un sitio en el mundo distinto a ese, como si se conociera las ramificaciones de los pasillos como a la palma de su mano. El contoneo de sus caderas dejaba claro que era una mujer la que se escondía bajo aquella capa de terciopelo, de la misma tonalidad de gris que el cielo de afuera. Pausada, tranquila, pero directa como un flecha. Su rostro estaba oculto, pero entre las sombras podía intuirse una sonrisa torcida, confiada, superior. Miró fugazmente el gran reloj que coronaba la pared donde se alzaban las inmensas chimeneas por dónde ella misma había entrado en el edificio, y sus labios se fruncieron automáticamente. Se atusó lo finos tirabuzones que se escapaban por entre la tela, y suspiró, con impaciencia. La puntualidad era una virtud muy importante, aquella era una gran lección aprendida de su madre; hacerse esperar no es plato de buen gusto, y por eso ella era tan sumamente escrupulosa en ese aspecto. Pero, del mismo modo, odiaba que la hiciesen esperar a ella. Entendía su presencia en cualquier lugar como un importante regalo para el anfitrión, y por eso no le cabía en la cabeza cómo alguien era capaz de hacerle semejante desplante.

Pasaban tres minutos de la hora convenida cuando la anciana enfiló en pasillo, caminando rápidamente hacia ella. Sus manos temblorosas, arrugadas por la edad, se atrevieron a posarse sobre los brazos cruzados de la muchacha, mientras mascullaba unas palabras de disculpa. La reunión había sido cancelada, tendría que volver en otro momento.

La joven se deshizo del agarre con un gesto rápido y seco, mirando a la mujer de arriba a abajo. Las manos jóvenes volaron hasta la capucha, apartando la pesada tela de su rostro. Los negros ojos estaban entrecerrados, escrutando a la secretaria de forma directa, cruel. Bellatrix Lestrange curvó una sonrisa impregnada de maldad, que hizo que la señora retrocediera un par de pasos, deshaciéndose en disculpas. La ex Slytherin se planteó un momento el sacar su varita, y prenderle fuego a todo aquello. De hecho, sus dedos viajaron hasta el bolsillo de la capa, donde la vara de madera descansaba desde hacía un rato. Sería divertido ver el Ministerio envuelto en llamas, demostrar que ella no estaba dispuesta a tolerar aquellas inmensas faltas de consideración. Pero, en contra de todo aquello, asintió levemente. —De acuerdo, supongo que un error es perdonable.— Murmuró, dejando muy claro el concepto de que dos, ya no lo serían.  —Despreocúpese, y dígale a su jefe que sigue teniendo una conversación pendiente con Bellatrix Lestrange. No va a librarse de mi tan fácilmente.— finalizó, con una carcajada leve y perfectamente fingida, cómo si todo aquello no fuese más que un simple gesto de camaradería.

Disculpó a la mujer con un gesto de cabeza, que giró sobre sus talones y volvió por dónde había venido. La mandíbula de Bella se tensó, verdaderamente molesta. Resopló, y volvió a cruzar los brazos sobre su pecho. Su mirada vaciló por el desértico vestíbulo, comenzando a plantearse las posibilidades de hacerle una pequeña visita a su padre. No se le ocurría alternativa alguna, y debía hacer cualquier cosa para que aquella visita al tan desagradable edificio fuese fructífera; no consentía perder el tiempo, su preciado y valiosísimo tiempo.

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