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You have something | Mary E. McDonald

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You have something | Mary E. McDonald

Mensaje por Matthew J. Blackwood el Lun Jul 07, 2014 6:41 pm



Aquel era el único lugar que podía alejarlo del campo de quidditch; porque si no lo veías allí o en la sala común, la biblioteca es donde se debía buscar al moreno. No es que fuera un cerebrito, al menos a él no le gustaba verlo así, como tampoco le gustaba que lo vieran de esa manera; pero Matt tenía una incontrolable obsesión con los libros, con el conocimiento. A diferencia de muchos, él no tenía un genero favorito, tampoco prefería una asignatura por sobre la otra. Todo conocimiento servía, toda información le bastaba. Porque para él, el conocimiento era poder, el poder de encontrar diversos caminos para lograr sus deseos, el poder necesario para hacer cualquier cosa. Amaba pasar horas y horas leyendo, en silencio, sin que nadie pudiese molestarlo; por eso le encantaba la biblioteca, aquel era el único lugar del castillo en donde podía hacerlo. Las clases ya habían acabado hace un par de horas y después de una larga ducha se vistió y se puso en marcha hacia el cuarto piso; observó su reloj por un momento, era bastante tarde como para que estuviesen alumnos estudiando aún. Dobló en la última esquina y se adentró por las grandes puertas de madera que daban con la biblioteca. Todo seguía tal cual lo recordaba; las altas murallas que desencadenaban en circulares cúpulas que conformaban el techo, los cuadros de magos famosos que no despegaban su vista de las páginas de los libros en ningún minutos, la mesa de la bibliotecaria abarrotada a más no poder de papeles y libros apilados en filas, el camino de estanterías y las mesas que se organizaban entre ellas. El moreno avanzó un par de pasos y cogió una pequeña lámpara, buscando no tropezar por la tenue luz que iluminaba la habitación por aquellas horas y comenzó a caminar entre las estanterías, buscando el pasillo de encantamientos.

Se detuvo al poco rato de caminar, no porque la estantería que buscara estuviera cerca de la entrada, ni tampoco porque había encontrado algún libro que llamase su atención, sino porque a la distancia, a un par de estanterías más allá se veía una luz iluminando en la oscuridad. Matt arqueó una ceja y volvió a consultar su reloj de bolsillo, jamás se encontraba con nadie por aquellas horas. Guiado quizás por la curiosidad o porque simplemente tenía que pasar por allí para llegar hasta donde quería, volvió a reanudar el paso, ahora un poco más rápido que hace un par de minutos. Finalmente dobló al final del pasillo y se encontró de frente con una cara conocido. Por un momento quedó helado, no esperaba que fuera ella; aquella hija de muggles que de cierta forma lograba volverlo loco, en silencio. No podía evitarlo, las mujeres eran su debilidad y ella, por sobre todas, tenía unas facciones impresionantes, unos ojos hermosos, labios gruesos de color carmesí que muchas veces lo hacían perderse de lo que decían; además de aquello, bajo aquel uniforme se hacían notar cuidadas y perfectas curvas. Quizás por esa razón, él era mucho más cruel que de costumbre con ella, al menos en público; no le gustaba sentirse débil, pero ella lo lograba. Claro está, la cosa cambiaba un poco cuando se encontraban a solas, sus instintos, muchas veces, lo hacían actuar de una manera que ni él mismo aceptaba.

Sin poder resistirse caminó hacia ella, aunque su mente le pedía a gritos que no lo hiciera. Dejó la lámpara sobre la misma mesa y se sentó frente a ella - No sabía que las sangre sucia supieran leer - Ahí, mordaz como de costumbre, aunque esta vez lo utilizaba solo de fachada - Aunque en el fondo no me sorprende que tengas que hacer horas extras, la magia suele ser complicada para aquellos que no tienen el derecho de utilizarla - Dejó caer su espalda contra el respaldo, con la grácil sutileza a la que estaba acostumbrado e intentó mirar de reojo el pequeño título que se exhibía sobre cada página del tomo que ella leía. La verdad no estaba interesado en saber qué leía, simplemente lo hacía para evitar el contacto visual, que de seguro lo obligaría a caer rendido frente a ella y no poder actuar de la manera cruel e irónica con la que debía tratar a una chica de sus orígenes. Porque sí, por mucho que se sintiera atraído hacia ella, nada quitaba el hecho de que fuera hija de muggles. Por mucho que le costara asimilarlo, debía hacerlo.



Matthew J. Blackwood
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