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It was supposed to be just a quick stop || Privado

Mensaje por Lilian Evans el Mar Jul 08, 2014 8:22 pm

Las clases iban viento en popa, sin duda alguno los alumnos de sexto curso se distinguían del resto de los alumnos. Si bien se sabía que no eran los más grandes, porque ellos estaban encerrados estudiando para sus EXTASIS, tampoco podían ser los más pequeños, quienes los más próximos estaban ocupados para sus TIMOS, por lo que realmente los dueños de Hogwarts eran aquellos de sexto curso, bastante adultos para poder ser respetados por los más chicos pero no lo suficiente para tener sobre sus hombros la carga de una profesión al 100%.

Lily lo estaba disfrutando bastante, las novedades que traía consigo el nuevo ciclo le sentaban de maravilla en muchos aspectos. Aún así tenía una carga de trabajo mayor que el resto, su puesto de prefecta requería horas de atención así como el número de asignaturas superiores al promedio también absorbían bastante de su tiempo, sin embargo, aún entre tantas actividades lograba hacerse sus espacios de estudio como Merlín mandaba.

La última clase de pociones había resultado toda una experiencia al compartirla con Skeeter, sentía que habían pasado más tiempo hablando de innocuidades en lugar de ponerse a repasar como lo hubiera hecho con cualquiera de sus compañeros leones. Al finalizar la clase se había acercado al profesor Slughorn para disipar algunas dudas, el de muy buen grado había contestado sus preguntas y también le había pedido un pequeño favor. Los materiales de aquel día no se habían terminado por completo y debido a que algunos de ellos eran muy extraños para tenerlos durante las clases de los alumnos más jóvenes era necesario devolverlos al almacén, la pelirroja no se molesto por su petición y la aceptó de buena gana.

La pelirroja se hizo un espacio entre sus múltiples clases para poder ir antes de la cena, después sería todo un lío y no deseaba estar a las carreras la mañana antes de las clases ni mucho menos cargar con ingredientes tan delicados que eran propiedad del colegio. Sabía que el profesor no se molestaría con ella por llegar tarde pero era una prefecta y debía de poner el ejemplo a todos sus compañeros, no por tener algo de poder iba a abusar de él.

Las largas ventanas de los pasillos del colegio aún refulgían con los últimos vestigios del sol crepuscular, no faltaría demasiado para que se pusiera oscuro y todos los estudiantes se congregaran en el Gran Comedor para la hora de la cena, aún así era el tiempo suficiente para colocar cada uno de los frascos en su estante correcto y bajar a la cena justo a tiempo. Lily se sentía optimista, pese a todo lo que sucedía fuera del colegio, las desapariciones y sucesos inesperados e irresolvibles que aparecían en los periódicos, tenía la sensación de que todo iba a marchar bien.

La puerta crujió un poco sus engranes cuando entró al almacén, ya había estado ahí con anterioridad, devolviendo frascos o sacando los necesarios, también ayudando a supervisar los castigos de algunos de los alumnos por lo que moverse en su habitual penumbra le era familia. La leona se acercó a una mesa y sacó la caja con los distintos frascos, uno a uno fue leyendo las etiquetas y comenzó a separarlos de acuerdo a las diferentes características de cada uno.


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Re: It was supposed to be just a quick stop || Privado

Mensaje por James C. Potter el Dom Jul 13, 2014 1:29 pm



Una vez más, ya era la tercera aquella semana y aún no acababa. Lo cierto es que el león ya llegaba a pensar que cierta manía tenían con él. El castillo y su mentalidad medieval. No había otra explicación al asunto; aunque vamos, tampoco hay que pecar de hipócrita, James, también de cierta forma se buscaba todos aquellos castigos, ¿quién podría culparlo de aquello?, romper las reglas era tan divertido como excitante; y con tantas reglas que romper no hay quién se resista a hacerlo. Pensándolo bien, la culpa, al final... era de ellos por su excesiva compulsión de imponer el orden y buen comportamiento, si, él no era más que una victima de todo aquello, él jamás podría ser el culpable de nada, ¿cómo podría serlo si era el hombre perfecto?. Injusticias y más injusticias, en el fondo, aquel mundo era cruel para los exitosos. Además de que era constantemente castigado porque le tenían envidia, pero aquello no era necesario mencionarlo, era de conocimiento general, si, debe serlo, ¿quién no se podría dar cuenta de eso?. Y con ese pensamiento, con aquella conclusión, abandonó el gran comedor, despidiéndose de sus amigos y dirigiendo una mirada asesina a Bones, que en aquel momento se estaba recién acomodando en la mesa de Huffepluff. No lo odiada... vale sí, si lo hacía; odiaba verle de la mano con Lily, charlar con ella, reír con ella, estudiar con ella, odiaba el tener que imaginarse todas las noches aquellos momentos privados, que él no tenía la oportunidad de interrumpir, odiaba carcomerse la cabeza, odiaba que la pelirroja estuviese con alguien más que no fuera él. Si, últimamente odiaba muchas cosas.

Atravesó los pasillos a solas, utilizando uno que otro atajo para llegar más rápido hasta su destino; aquella tarde sería tortuosa de seguro, por esta vez, como pocas veces, Canuto no había sido castigado junto a él, única y exclusivamente porque se había quedado dormido y no había alcanzado a llegar a transformaciones, sino de seguro también le habría aventado las ratas que tenían que transformar a Quejicus, incluso lo habría apoyado en metérselas directamente en los pantalones, aunque claro, aquello habría herido el orgullo de Peter. Dobló en la última esquina y empujó con pesadez la chirriante puerta del almacén en donde tendría que ordenar y organizar las jaulas, calderos, pergaminos viejos y pequeños frascos. Suspiró algo agobiado y se soltó el nudo de la corbata, subiéndose luego las mangas para descubrir su antebrazo. Cerró la puerta detrás de él y se apoyó en ella, observando frente a él la inmensidad de estanterías y pasillos interminables, que, a pesar de tener que encerrarse ahí constantemente, jamás ha podido recorrerlos por completos ni encontrar un final a aquella sala, si es que ese final existía realmente. Comenzó a tararear una pegajosa canción que había escuchado hace un par de días y de un pequeño impulso se separó de la puerta para comenzar a caminar entre las estanterías, cogiendo uno que otro frasco, curioseando lo que había en su interior sin llegar a prestarle mayor importancia a ninguno de ellos, solo buscaba perder el tiempo para trabajar lo menos posible.

Entre tanta basura, encontró una quaffle, polvorienta, antigua, algo rota y más pesada de lo normal. La alzó al vuelo para luego volver a cogerla y sonrió; ya pronto tendría que comenzar con los entrenamientos, aquel año no podía decepcionar, su deber era ganar la copa de las casas y lo haría; era el mejor cazador del colegio, tenía un equipo maravilloso que sabía jugar a la perfección en equipo, de seguro aquel año era de los leones. Debía ser de ellos, lo que más quería James era alzar la copa frente a los ojos de Lily. Volvió a lanzar la pelota hacia arriba, para cogerla. Lily... con sus ojos tan bellos. Y la Quaffle volvía a volar por los aires. Su cabello rojo y perfecto, largo y bien cuidado. Otra vez la quaffle hacia arriba. Aquel aroma frutal que se cuela por sus narices cada vez que pasa a su lado. Quaffle por los aires. Y esa piel blanquecina, suave, delicada... ¡Crack! - ¡Mierda! - El sonido del cristal romperse lo obligó a dar un brinco, sintiendo como su corazón se aceleraba y devolviéndolo a la realidad. La quaffle caía al suelo, dando un par de botes sobre el cristal roto, pulverizándolo y James abrió la boca; la había cagado, bajo sus pies el suelo se encontraba lleno de frascos rotos, pociones derramadas, pequeños bichos mágicos sueltos. Tragó saliva y observó a su alrededor, porque de algo estaba seguro, si lo pillaban... no podría salir de allí en un buen tiempo, castigado.

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