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Campo de Quidditch

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Campo de Quidditch

Mensaje por Lord Voldemort el Jue Jun 12, 2014 7:56 am

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Re: Campo de Quidditch

Mensaje por Dorcas L. Meadowes el Lun Jun 30, 2014 7:04 am


Peter Pettigrew — Soleado, 14C° — Sábado — 15: 23 — Septiembre.
    Pete,
    Es sábado y me aburro. ¿Quieres tener un picnic en el Campo de Quidditch? Di que sí, di que sí. Conseguí que los elfos me regalaran panecillos de queso, tarta de maleza, y galletas. ¡Un montón de galletas! Veeeeeenga. Te espero 15:20.
     Besos,
    Doe M
El sol brillaba con todas sus fuerzas. La madera de las gradas cálida por el sol. El verano que todavía intentaba resistir, pero que perdía por completo la partida. Doe cerró lo ojos de cara al sol, dejando que éste le impregnara con su calor. La tarde era perfecta. No corría más que una suave brisa del sur, y, extraño en Inglaterra, no había una sola nube en el cielo. No podía haber elegido un día mejor. Tenía que salir a la perfección, así lo había organizado. Frente a ella había una manta con todas las promesas de la carta, pero debajo de las gradas, dos escobas se escondían. La propia, y una que había logrado sacar de los armarios del colegio. Eran lentas, pero servirían para lo que tenía pensado. Estaba sentada en el mismo sitio de siempre, en las gradas de Hufflepuff. Más de una vez había invitado a Peter allí, le gustaba el campo vacío, había cierta calma e intimidad que no se vivía en los jardines, mucho menos esos días, que todos aprovechaban para pasar afuera antes que llegaran las heladas. Además, el sol alumbraba allí arriba hasta el último minuto.

Miró el reloj, impaciente. Su rodilla rebotaba arriba y abajo, demostrando que estaba nerviosa. No le gustaba esperar, menos, cuando se traía algo entre manos. Volvió a mirar, deseando que no le dejara plantada. Tenía que tener un rato libre, ¿no? No podía pasarse la vida con los Merodeadores. A veces, aunque jamás lo dijese en voz alta por lo egoísta que sonaba, le molestaba un poco que Pete estuviera tanto con ellos, pocas veces tenía tiempo para ella. Era un pensamiento ínfimo, que no duraba más de un segundo. Se sentía estúpida cada vez que lo pensaba, su amigo era la persona más feliz del mundo cuando estaba con Lupin, Sirius y James. Sonrió, cogiendo uno de los panecillos de queso. Prefería llevarse algo a la boca para calmarse, masticar siempre era buena ayuda. ¡Cómo le gustaban esas cosas! Dio la hora. Tres minutos después ya se había zapado tres panecillos, y estaba un poco más tranquila.

Distinguió a lo lejos la figura pequeña de su amigo. No podía verlo con claridad, pero sí podía gritar—. ¡Pete! —le llamó, con todas su fuerzas, moviendo la mano cual naufrago en balsa al divisar un barco. Espero que él subiese para plantarle un sonoro beso en la mejilla—. ¿Cómo estás? ¿Listo para una sesión con Doe? —preguntó, con diversión. Volvió a sentarse en su lugar, procurando ocultar con sus pies lo que había debajo de la grada, incluso, cuando era imposible que lo viese—.Tengo un montón de galletas, y zumo de calabaza —sonrió, intentando no parecer demasiado excitada, tampoco quería que lo notase a la primera. Antes tenía que procurar que no saliese corriendo.
     
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Re: Campo de Quidditch

Mensaje por Peter Pettigrew el Lun Jun 30, 2014 8:14 am

Dorcas L. Meadowes — Soleado, 14C° — Sábado — 15: 23 — Septiembre.

Aquella mañana una repelente lechuza se posó junto a Peter en su mesa del comedor, y le dejó una pequeña nota perfectamente doblada, en la que estaba escrito su nombre con una perfecta caligrafía. ¿Su madre? No, esta le habría mandado un pergamino entero en vez de una nota tan simple. Pettigrew movió sus dedos nerviosos hacia el trozo de papel, tratando de sacárselo a la lechuza del pico inútilmente, primero debía de pagarla y así lo hizo Pettigrew, consiguiendo por fin atrapar el ansiado trozo de papel. Era de Dorcas ¿Por qué se habrá tomado tantas molestias? Quizás quiera decirme algo importante... ¡quizás quiera decirme que ya no quiere ser mi amiga! Porque... es mi amiga ¿no? Peter comenzó a comerse la cabeza, sobre cual podría ser el motivo de la citación. ¿Acaso querría la Hufflepuff acabar con la relación que existía entre ambos? ¿Acaso había hecho él algo mal? Sabía que no hablaba demasiado, y que no era fácil tratar con él pero, pensaba que todo aquello a Dorcas no le molestaba, que aquello le resultaba gracioso. Peter se pasó la mañana algo nervioso, pensando en cómo debía reaccionar ante lo que Dorcas le fuera a decir; ante las risas constantes de Sirius y James, Peter practicaba caras de asombro, y en secreto, se decía a si mismo un pequeño discurso sobre por qué deberían mantener su amistad y todo eso...

A pesar del miedo que recorría su cuerpo desde que leyó la carta, Peter decidió que acudiría aunque fuese solo para probar las prometidas galletas, después de todo ¡Las galletas no suelen traer malas noticias! ... ¿no? Pettigrew incluso limpió su túnica, cogiendo prestados los botes de colores que Remus siempre usaba para mantener su ropa con buen aspecto. Si lo usaba Remus, es que era bueno. Y de listos probablemente.

Cuando puso un pie en el campo de Quidditch, ya era un poco tarde -tres minutos, para ser exactos- pero pudo ver a Dorcas poniéndose de pie a lo lejos, y la pudo ver aún mejor cuando Meadowes casi se abalanzó sobre él para plantarle un beso en cuanto este hubo subido a la grada. Trató de torcer una sonrisa, tratando de parecer cómodo en una situación en la que no lo estaba en absoluto. Aunque siendo sinceros, Pettigrew no estaba casi nunca cómodo; excepto cuando estaba con Los Merodeadores, claro. Ahí estaba muy cómodo.
Asintió ante la pregunta de si estaba preparado para estar con ella -después de todo, a Peter siempre le había agradado estar en compañía de Dorcas- y se sentó junto a ella con cuidado de no caerse, cogiendo rápidamente una gran cantidad de galletas y metiéndoselas en la boca—. Doe, no quiero que dejes de ser mi amiga... —comenzó a decir Peter con la boca llena de galletas, mirando a Meadowes como si no hubiese roto un plato en toda su vida—. Se que no hablo mucho y q-que parece que no me importa la gente. Pero me gusta ser tu amigo —Tragó rápidamente la enorme masa de galletas que se había formado en su boca, y miró la gran jarra de zumo de calabaza, sirviéndose un poco—. Mmm, es mi favorito —Pettigrew negó rápidamente, volviendo de nuevo al tema que le concernía—. E-El caso es q-que no quiero que me dejes... —Bajó la vista, llevándose una uña a la boca y mordiéndola nerviosamente.


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Re: Campo de Quidditch

Mensaje por Dorcas L. Meadowes el Mar Jul 01, 2014 3:53 pm

Peter Pettigrew — Soleado, 14C° — Sábado — 15: 23 — Septiembre.
Ay, Pete. Le habría encantado suspirar, lanzar uno de esos suspiros largos y sentidos que solía dedicarle su abuela. Qué tocado que estaba ese chico. ¿Cuánto lo habían golpeado para que esa fuera su reacción a una nota tan corriente? Se reprochó no haber ido a buscarlo ella misma, al menos, para ahorrarle el mal rato. La parte más egoísta de sí se enterneció al pensar lo que debía importarle si se preocupaba así, pero una más humana, reconocía lo mal que estaba toda esa actitud. Le habría encantado abrazarlo de nuevo, pero sabía que no se sentía cómodo con esas cosas, bastante presión le causaría ese día con sus planes. O sacudirlo. Sacudirlo hasta que se diera cuenta que valía la pena, que no tenía ninguna razón para sentirse así. Tomó la mano que el chico se había levado a la boca con delicadeza, alejándola de su rostro. No quería que se comiera las uñas, ni se viera abatido. Negó con suavidad, la misma que se le da a un objeto sumamente frágil, incluso cuando creía con todo su corazón que ese chico no era frágil. Era mucho más fuerte de lo que los demás querían ver, sólo necesitaba un empujón, ese por el cual agradecía todos los días a los Merodeadores.

Deja de decir tonterías —pidió, con un tono amable, pero que dejaba en claro que lo decía en serio. Le dolía que le creyera capaz de algo así. ¿Jamás confiarás en mí totalmente, verdad, Pete? Merlín, sí que quería preguntarlo. Quería preguntárselo con todas sus fuerzas. Porque era la pregunta que le carcomía por dentro, la que taladraba su cabeza cada vez que estaban juntos. Ella lo hacía, confiaba en él de forma plena, algo que no podía decir cualquiera. Dorcas era desconfiada por naturaleza, sólo con unos pocos se abría por completo, y por alguna razón, sentía que podía hacerlo con él, incluso cuando no era recíproco—. A mí también me gusta ser tu amiga —sonrió, hablando con total sinceridad—, no tengo pensado dejar de serlo. Todavía tendrás que soportarme muchísimo, así que no te me alivies —bromeó.  Entonces su sonrisa se transformó en una mueca apenada—. No pienses esas cosas, Pete —soltó su mano, notando que todavía la tenía entre las suyas.

Entonces cogió un montón de panecillos, y se los llevó todos a la boca, apenas siendo capaz de masticar. Sonrió haciendo el tonto, sus dientes no era más que un montón de pan amarillento. Tragó con dificultad, y se llevó una mano al vientre, como hacían en los dibujos animados cuando estaban satisfechos—. Veeeenga, come un poco más —alentó, divertida, sirviéndose zumo de calabaza. No le gustaba demasiado, pero acababa de comer seis panecillos salados de un tirón—. Tengo una sorpresa para ti —anunció, con simpleza, como si se tratara de una cosa sencillísima, cuando sospechaba que sería bastante más difícil de lo que había imaginado. Pero lo lograría, Dorcas Meadowes siempre conseguía lo que quería—. No te asustes, ¿vale? Juro que será una buena sorpresa —o esos esperaba. Sabía que en el fondo él deseaba hacer algo así, ¿cuántas veces lo había visto mirar con ojos soñadores las escobas? Demasiadas—. Pero antes come, ¿qué clase de amiga sería si no te dejara disfrutar de esto? —tomó una de las galletas que tanto le gustaban. Aunque ahora que lo pensaba, no estaba segura que un estómago lleno fuera lo mejor para la primera vez en escoba, ¿y si vomitaba? Un chico de Ravenclaw lo había hecho en primer año.
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